FICHA TÉCNICA



Título obra Galería de moribundos

Dirección Jorge A. Vargas

Elenco Roberto Sosa, Ricardo Leal, Alicia Laguna, Jorge A. Vargas

Grupos y compañías Teatro Línea de Sombra

Eventos XVII Festival del Centro Histórico de la Ciudad de México

Referencia Rodolfo Obregón, “Poética del cuerpo (II y último)”, en Proceso, 29 abril 2001, pp. 68-69.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Poética del cuerpo (II y último)

Rodolfo Obregón

Como hemos señalado en otra ocasión (Proceso 1244), el desarrollo del lenguaje corporal en la puesta en escena mexicana ha estado siempre subordinado a las exigencias de la palabra, ya sea para complementarla, ya para ocultar las deficiencias interpretativas.

Los trabajos experimentales en busca de un lenguaje gestual autónomo, autosuficiente, se reducen a la experiencia pánica de Alexandro Jodorowski y, durante los años setenta y principios de los ochenta, a los esfuerzos de un grupo de creadores provenientes de la pantomima o las escuelas europeas (principalmente aquellas de Jacques Lecoq y Etienne Decroux)

.

El fin de los Festivales Nacionales de Pantomima, el largo silencio del grupo Tres (después de su afortunada reunión con Rafael Pimentel) y, sobre todo, la disolución del regiomontano Mimus Teatro, pusieron fin al desarrollo del género en México.

Formado en este último grupo y asistente, como sus maestros los hermanos Leal, a los cursos de la escuela de Etienne Decroux, Jorge A. Vargas retoma ahora la idea de una construcción espectacular basada en la grafía corporal y el cultivo de la imagen que torna innecesaria a la palabra.

Para ello, ha echado mano del universo ficcional de Samuel Beckett, de personajes, situaciones, principios estilísticos y, sobre todo, de ideas que gravitan tanto en su narrativa como en su fundamental obra dramática. Como el título del espectáculo (Galería de moribundos) lo indica, el motivo central de la realización se ubica en la extrema condición en que el Nobel irlandés colocó siempre a sus criaturas.

A través de una sucesión de cuadros de admirable rigor formal, Vargas da cuenta de la desesperanzada situación de sus personajes frente a la “inevitabilidad de la vida”, y la contrasta con el patetismo de los estilos y principios actorales cercanos al teatro del cuerpo (clowns, cuerpos fragmentados, inmovilidad expresiva, etcétera) frecuentemente citados por el propio Beckett.

En efecto, la grotesca teatralidad del dramaturgo tenía como misión potenciar –desdramatizando– la miserable condición de sus criaturas; pero también, evidenciar la impotencia de una lengua de suyo agónica, del lenguaje convertido (según Malkah Rabell) en una “mecánica absurda vaciada de todo contenido”.

Al eliminar prácticamente la palabra, el espectáculo de Vargas pierde una dimensión vital en la obra de Beckett, para quien (las intraducibles palabras pertenecen ahora a Peter Brook) “the play is the whole thing”. El gran esfuerzo de Roberto Sosa, Ricardo Leal, Alicia Laguna, y del propio Vargas que milita sobre la escena con sus actores, sometidos a una gran exigencia física, no siempre logra rebasar la técnica, trascender el cuerpo en busca de nuevos itinerarios sensibles.

Una afortunada imagen del propio espectáculo ejemplifica esta situación: los tres personajes centrales marchan hacia un micrófono, preparan apasionadamente su discurso y, al llegar, emiten sonidos ininteligibles. Pero los estertores (el principio de la exploración físico-sonora de un Roy Hart) carecen de contundencia, no logran traducirse en una horripilante música corpórea ni, por tanto, en la angustia del espectador.

En 1931, Etienne Decroux establecía un programa encaminado a la emancipación del arte del cuerpo y pedía “durante los veinte primeros años de este periodo de treinta años: prohibir toda sonoridad vocal”. El tiempo ha pasado ya, y la gran aportación de este espacio de silencio es tan evidente como la saturación de espectáculos de índole visual (de Lindsay Kemp a Philippe Genty, del Teatro-danza a Carbone 14) que son, salvadas las barreras del idioma, el pasto habitual de festivales y del mercado internacional.

El más reciente trabajo de Teatro Línea de Sombra viene a llenar el vacío que en esta materia se produjo en México hace más de quince años. Sin embargo, y a pesar de la notable calidad de su realización, llega tarde. Galería de moribundos se entiende, por lo tanto, como una recapitulación en la ya destacada trayectoria de Jorge A. Vargas, una asignatura que el director tenía pendiente, un homenaje a sus maestros, un reencuentro con la propia identidad creadora de cara a un amplio futuro.