FICHA TÉCNICA



Título obra strindberg.com/gurrola

Notas de autoría August Strindberg / autor de La más fuerte

Dirección Juan José Gurrola

Elenco Alejandro Reza, Rocío Bolíver, Surya MacGregor

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Rodolfo Obregón, “Anti-homenajes”, en Proceso, 28 enero 2001, pp. 62-63.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Anti-homenajes

Rodolfo Obregón

Cuando mi colega y amiga, Olga Harmony, escribió que “afortunadamente” ni la misoginia de August Strindberg ni la de Juan José Gurrola aparecían en el espectáculo strindberg.com/gurrola, las voces de alarma se encendieron en mi interior.

El caso del dramaturgo sueco está más que documentado; pero entonces, ¿el maestro de la irreverencia, el provocador de tiempo completo, había engrosado la ya larga fila de teatristas políticamente correctos?

No pude creerlo, y presa de pánico asistí al remozado Teatro El Granero para verlo con mis propios ojos. Tras leer el texto introductorio de Raúl Falcó, me adentré en la pequeña sala para confrontar estas “variaciones en torno a La más fuerte”; el pequeño falso monólogo escrito por Strindberg para el Teatro de Ensayo Escandinavo, bajo la tensa dirección de su primera mujer, y retomado durante tres únicas funciones en su heroica gestión al frente del Teatro Intimo.

La idea de variaciones contemporáneas en torno a aquella confrontación femenina me pareció perfectamente adecuada a los propósitos del gran renovador, quien rompía las estructuras románticas del teatro al oponerles “una transferencia al drama del concepto música de cámara”.

Sobre una plataforma de Table de tercera, Alejandro Reza, un actor de aspecto idóneo para el distorsionado universo post-inferno, encarna, con palabras de ambos, a un personaje que sintetiza al dramaturgo sueco y a su pretendido alter-ego, el director mexicano.

La proverbial falta de gradación en la visión de Strindberg, su expresionista tendencia a la abstracción, sumadas a un impostado afán transgresor, tienden a oscurecer las motivaciones del personaje y convertir su intensa carga de dolor en mera declaración retórica.

A los ojos de unos inquietantes hombres verdes, voyeristas de paja, el motivo de sus tormentos hace su aparición en la forma de mujeres que devoran su carne, “cuando lo que él había pretendido darle(s) era su alma”. Fláccidos fantasmas, el poder seductor de estos vampiros no es sino una nostalgia, sus acrobacias sexuales una gracejada, el erotismo una mera consolación.

Una última variación introduce el tema de la devastadora lucha entre damas. Las actrices, en el camerino, se preparan para representar La más fuerte ante la anunciada comparecencia del marido-amante, autor-director.

Al escuchar la primera llamada respiré aliviado. No, afortunadamente este primer acto, el más suyo, no presentaba a un Gurrola dócil; sólo confirmaba lo que todo mundo sabe hace ya algunos años: las provocaciones del maestro se institucionalizaron; carecen de eficacia.

La segunda parte, sin embargo, completa la operación y deja ver –ciertamente con poca vitalidad– algunas de las cualidades que lo hicieron un importante renovador de la escena mexicana. Los hombres verdes se transforman en arbolitos navideños, el table en un café danés de centro comercial. Un divertido Christmas Kitsch que propina la atmósfera de patético contraste al duelo mental de La más fuerte.

Alternando los papeles, Rocío Bolíver y Surya MacGregor se someten a este clásico ejercicio actoral. En el papel silente, la segunda se siente un tanto rígida, como impelida a hablar.

La destrucción de la rival, a través del arma más temida por el autor: la lectura del pensamiento ajeno, nunca sucede. Rocío Bolíver ilustra permanentemente. Incluso, en los espacios de pensamiento de este locuaz personaje –que quizás no debería permitírselos–, la actriz muestra al público que piensa; mas su truco queda descubierto de inmediato, pues nunca muestra lo que piensa.

Así, más bien desangelado termina el espectáculo.