FICHA TÉCNICA



Título obra Los pilares de la cárcel

Notas de Título Programa formado por las obras El rey mago y Los pilares de Doña Blanca

Autoría Elena Garro

Dirección Carlos Corona

Grupos y compañías Compañía de Repertorio del Colegio de Literatura Dramática y Teatro de la UNAM

Referencia Rodolfo Obregón, “Dos de Elena Garro, dos”, en Proceso, 15 octubre 2000, pp. 81-82.




Título obra Un hogar sólido

Autoría Elena Garro

Dirección Ludwik Margules

Elenco Miriam Cházaro

Grupos y compañías Compañía Titular de Teatro de la Universidad Veracruzana

Espacios teatrales Teatro La Caja

Referencia Rodolfo Obregón, “Dos de Elena Garro, dos”, en Proceso, 15 octubre 2000, pp. 81-82.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Dos de Elena Garro, dos

Rodolfo Obregón

Caso extraño en nuestro medio, donde los autores muertos desaparecen del repertorio al otro día de su sepelio –y su homenaje póstumo, por supuesto–, las obras de Elena Garro siguen despertando el interés de los más variados grupos y realizadores teatrales.

Hace un año, el Encuentro Internacional de Escuelas Superiores de Teatro (que acaba de celebrar su tercera reunión) promovió la excelente idea de confrontar el entrenamiento de los jóvenes actores a través de variadas puestas en escena de una sola obra: El rey mago.

Fruto de esa experiencia, el Colegio de Literatura Dramática y Teatro de la UNAM presenta ahora a su Compañía de Repertorio con dos obras de la Garro (la citada y Los pilares de Doña Blanca) bajo el título Los pilares de la cárcel.

Ambas obras giran en torno al encierro y el aplastamiento de la pasión, o de la ilusión amorosa, con la característica metaforización y la infantil convivencia –como bien señala Luis Mario Moncada en el programa de mano– de lo real y lo invisible.

De claro gusto por el sentir popular, el verbo de la Garro ha sido casi siempre pie para la redundancia folclórica. Carlos Corona, responsable de la escenificación, no escapa a la tendencia que se triplica en un país donde cada acto (de la vida privada a las más distinguidas ceremonias sociales) está cargado de folclor.

Apoyado en los personajes de la lotería, la música vernácula y hasta los alebrijes, el “expresion-itsmo” del ocurrente actor y director tiende a ocultar el verdadero drama de los personajes y la juventud e inexperiencia de una (¿?) generación no muy brillante pero a la que habría que exigir al menos, como estudiantes de la FFyL que son, un cierto sentido literario: un aliento y un ritmo que correspondan al diálogo poético de Elena Garro.

Diametralmente opuesta es la escenificación que Ludwik Margules ha realizado en Xalapa, con otra compañía universitaria: aquella de la Universidad Veracruzana.

El viejo lobo del teatro ha interpretado Un hogar sólido (“una obra tan divertida”, me comentaba Emilio Carballido hace un par de semanas) a la luz de A puerta cerrada, pero sin los “alaridos metafísicos” que, según Gabriel Said, caracterizan la obra de Sartre.

Atrapados literalmente en una inmensa cripta de ladrillos blancos (otra “transformación radical del espacio” practicada, en este caso, al Teatro La Caja) y reducidos a la inmovilidad, los personajes se enfrentan al más terrible de los mundos posibles: el infierno de convivir eternamente junto a sus semejantes.

Sujetos a la devastadora síntesis de elementos escénicos en que está empeñado el director, no todos los actores logran convertir el material dramático en su propio e infinito tormento. Entre ellos sobresale, sin embargo, la excelente actriz que es y ha sido Miriam Cházaro.

Criticado durante años por su supuesta indiferencia frente a la dramaturgia nacional, Margules se ha echado a cuestas, con su fuerza proverbial, la tarea de derribar la nopalera tras la que se ocultan los rostros verdaderos.

A él, y al inolvidable Augusto Benedico, debemos la resurrección del Ibargüengoitia dramático; a su radicalidad, el rencuentro con un Liera despojado de ornamentos paisajísticos y la transformación del “realismo mágico” en un laberinto mental. Y ahora, desde la periferia del deslucido circuito teatral, excava en la morada eterna de Elena Garro. Habría que agradecerle ya tales profanaciones.