FICHA TÉCNICA



Título obra Electra

Autoría Sófocles

Notas de autoría Clare Venables / adaptación

Dirección Cathie Boyd

Elenco Kate Dickie, Steven Beard, Eurudike de Beul

Grupos y compañías Theatre Cryptic

Espacios teatrales Teatro Jiménez Rueda

Eventos XVI Festival del Centro Histórico

Referencia Rodolfo Obregón, “Electra UK”, en Proceso, 23 abril 2000, p. 67.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Electra UK

Rodolfo Obregón

Plato fuerte del XVI Festival del Centro Histórico, en lo que a teatro se refiere, el escocés Theatre Cryptic llenó por unos días el Teatro Jiménez Rueda con su versión trans-genérica de la Electra de Sófocles.

Poco importa clasificar esta atractiva puesta en escena como teatral, operística o multimedia; su coherencia e impecable factura le permiten trascender cualquiera de estas etiquetas y equiparar su resultado con el espectáculo pleno de la tragedia.

Cierto, la puesta en escena de Cathie Boyd echa mano de la tecnología contemporánea, pero lejos de sacrificarse en su altar (como tantos productos contemporáneos), la utiliza para potencializar un discurso dramático urdido veinticinco siglos atrás en torno a la libertad, la conciencia y el destino.

Así, cuando Electra abraza la urna que contiene los supuestos restos de su hermano y exclama: “¡Pero si tengo el cuerpo de Orestes!”, y éste replica desde la imagen digitalizada: “¡De Orestes no: de la ilusión de Orestes!”, la litúrgica palabra de Sófocles reverbera en el oído del hombre contemporáneo.

Del mismo modo, la muerte de Clitemnestra, atestiguada en la frialdad de la pantalla y a espaldas de la expectante Electra, reafirma el indispensable diálogo genetiano citado por Jan Kott: “Tragedia griega y púdica, querida mía: el gesto definitivo termina entre bastidores”.

Cierto también, la adaptación de Clare Venables reduce substancialmente el texto a una especie de libreto operístico (siendo ella una importante directora de ópera y teatro musical), pero lo hace sin menoscabo de su sonoridad y, sin proponerse una restauración, lo acerca como pocas veces a la musicalidad verbal que posee –nos recuerda Ángel Ma. Garibay– el griego clásico tal y como lo practicaron sus grandes poetas trágicos.

No en balde los dilettanti crearon un género nuevo tratando de resucitar el espíritu de la tragedia. La parte más interesante de la Electra de Theatre Cryptic reside en la exploración del tránsito entre la emoción y la expresión musical, y, para sonrojo del actor “naturalito”, en la importancia de la construcción verbal en la existencia verosímil del personaje.

Reduciendo el reparto planteado por Sófocles a la realidad de tres actores, la versión de Venables y Boyd utiliza la tecnología para crear un Coro de voces sobrepuestas en una banda sonora que conserva la textura múltiple y el acento individual del gran ausente del teatro moderno.

Conciencia invisible y omnipresente, el manejo virtual del coro contrasta con tres estilos actorales perfectamente diferenciados, creando un rico tejido de tonalidades, referencias y resonancias espectaculares.

En clara emotividad “realista”, la Electra de Kate Dickie es la memoria del agravio; pero lejos de la amarga solterona descrita incluso por Kott, su incapacidad de incidir activamente en la acción estriba en su bella y desprovista fragilidad.

En Orestes, Egisto y el viejo esclavo, Steven Beard hace gala de una frialdad razonada de claros tintes brechtianos, que enfatiza el aspecto social del crimen, y de una calculada ironía con la que promulga la falsa nueva de la muerte del vengador.

Junto a ellos, la extraordinaria voz de Eurudike de Beul (hasta el nombre evoca música) transita de la caracterización de Crisotemis a Clitemnestra o rompe definitivamente en canto en momentos culminantes como la sacrílega plegaria de la madre o en la celebración de la subrepticia llegada del hermano.

Con un mínimo de movimiento, que contribuye a la atmósfera hierática en que se desarrollan los grandes conflictos de la casa de los Atridas, la inteligente versión de Theatre Cryptic logra conjugar conocimiento e intuición, claridad y preservación del misterio, fidelidad al texto y autonomía del espectáculo.

En un momento en que se discute, sobre los escenarios de nuestro país, la pertinencia del teatro griego, esta Electra “translímites” viene a demostrar que la única fidelidad posible estriba en encontrar los ecos de su espíritu en la visión del hombre de nuestro tiempo.