FICHA TÉCNICA



Notas Texto leído en la presentación del libro Telón de fondo , de Fernando de Ita

Referencia Rodolfo Obregón, “Telón de fondo”, en Proceso, 19 marzo 2000, pp. 67-68.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Telón de fondo*

Rodolfo Obregón

“Si el teatro no viene al crítico, el crítico saca boleto y se dirige al teatro”. Una de las funciones fundamentales de la crítica es poner a su teatro en contacto con el teatro de su tiempo.

Amén de otras virtudes, es por ello que comparto con Fernando de Ita la admiración por críticos como Eric Bentley (uno de cuyos libros se llama In search of theatre), Bernard Dort (a quien trajimos a México pocos meses antes de su muerte y quien se consideraba “un espectador europeo”), Franco Quadri y, en el ámbito de nuestra lengua, por Ricard Salvat (que durante los años del franquismo fue una de las ventanas de España hacia el mundo) y Moisés Pérez Coterillo (buen amigo del hidalgo De Ita).

Todos estos pensadores del hecho escénico, en su momento, traspasaron las fronteras para poner a su teatro en diálogo con el gran teatro del mundo. Ellos abrieron las puertas en sus respectivos países para la presentación de los espectáculos de los grandes directores, para la traducción de los más destacados dramaturgos, para la circulación de sus ideas y sus aportaciones a la estética teatral.

En su primer libro, El arte en persona, a través del periodismo teatral y ahora a través de algo que asemeja al teatro periodístico, Fernando nos pone en contacto con el gran teatro de nuestro tiempo, poniéndose él en contacto directo con sus creadores.

Telón de fondo reúne quince entrevistas realizadas por De Ita y publicadas en el diario Reforma, con algunos de los protagonistas de la escena de fin de siglo y algunos luminosos hombres de letras que aportan una visión más amplia del fenómeno de la creación artística.

Jerzy Grotowski, Eugenio Barba, Dario Fo, Heiner Müller, Roberto Ciulli, Pina Bausch, entre otros, comparten el foro con Vargas Llosa, Norman Mailler, Cabrera Infante, Tom Wolfe y Saul Bellow.

En la introducción al libro, Fernando de Ita compara el trabajo de la entrevista con una puesta en escena: un par de protagonistas, un espacio dado y, en el mejor –o peor– de los casos, un conflicto.

Indudablemente, para Fernando, lo más atractivo de estas breves puestas en escena son los espacios en que se desarrollan y que resultan inaccesibles al envidioso lector: la cantina del Berliner Ensemble, la casa piamontesa de Dario Fo, la oficina de Barba en Holsterbo. No sólo eso, sino que en la atmósfera que circunda al diálogo están presentes también los incidentes de la peregrinación que condujo hasta él.

Por lo demás, tal parece que al comparar el hecho vivo de la entrevista con una puesta en escena, De Ita se menosprecia como dramaturgo y se sobreestima como actor. Digo que se menosprecia como dramaturgo porque en su comparación olvida el valor fundamental de la edición de ese fragmento de vida que, quizá, pudo no haber sido tan interesante. A diferencia de su primer libro, encontramos aquí un estilo literario mucho más fluido que confiere al territorio de la entrevista el valor de universo mental del entrevistado, que subraya el atractivo de los grandes conversadores y se lo otorga a aquellos que no lo son en absoluto.

A diferencia de su primer libro, donde él mismo reconoce una falta de distancia crítica con sus interlocutores, digo que Fernando se sobreestima en términos actorales porque sobre este telón de fondo la figura del entrevistador tiende a desaparecer, se reduce a la posición de mero comparsa, o se presta definitivamente como voluntario patiño que hace la pregunta tonta –a sabiendas de que es tonta– para desencadenar la cadenciosa verborrea de un Cabrera Infante, o se sacrifica como sparring para apechugar la furia apabullante de un Norman Mailler, o funge como cómplice silencioso de una Pina Bausch que exhausta de expresión sobre la escena no tiene nada que decir fuera de ella.

Pero si hemos de creer con Ingmar Bergman que el arte del actor es el arte del tú y no del yo, en realidad Fernando de Ita reconcilia la paradoja y, sin figurar siquiera, logra perseguir a través de los demás sus propias obsesiones.

Telón de fondo nos permite disfrutar del placentero arte de la entrevista, arte que cultiva desde hace años este conversador cosmopolita de los llanos de Apan.


Notas

* Texto leído en la presentación del libro, el martes 14 de marzo.