FICHA TÉCNICA



Título obra La esposa muda

Dirección Alicia Martínez

Elenco Gema Aparicio, Norma Duarte, Violeta Luna

Notas de vestuario Etienne Champion / máscarás

Grupos y compañías Grupo Grande y pequeño

Espacios teatrales La Capilla, Centro Cultural Helénico

Referencia Rodolfo Obregón, “La esposa muda”, en Proceso, 6 febrero 2000, pp. 67-68.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

La esposa muda

Rodolfo Obregón

A la ya intensa programación del Centro Cultural Helénico se suma ahora la recuperación de su espacio abierto, cuyo magnífico telón de fondo lo constituyen los muros de La Capilla, como sede de espectáculos cobijados por la intensa luz del sol.

Al dar la una de la tarde del domingo, el grupo “Grande y Pequeño”, compuesto por un elenco más cercano a lo segundo, se da a la tarea de reconstruir “el espíritu popular y trashumante” de la commedia dell’arte, a través de la escenificación de un canovaccio sobreviviente de tan rica tradición: La esposa muda.

La comedia del oficio, ese estilo que deslumbró al mundo durante doscientos cincuenta años y constituye la gran excepción en la memoria textual del teatro occidental, sigue ejerciendo su fascinación sobre los teatreros de todas las latitudes como símbolo de un teatro en perfecta armonía con su espectador y fundamentado en la excelencia creativa de sus actores.

Sin embargo, la diseminación de la comedia italiana en múltiples teatralidades y la artificialidad de toda reconstrucción posterior han dado lugar a innumerables malentendidos, mitos y tergiversaciones. Uno de ellos es sin duda el carácter “popular” de un estilo, que, si bien nació espontáneamente en mercados y ferias (y también sobre esto existen amplias discusiones), tuvo tiempo suficiente para penetrar en los teatros más opulentos de la época y en las cortes de reinos tan remotos como Polonia o Rusia.

En realidad, si la también llamada commedia all’improviso fue un género popular, lo fue porque la magnificencia de sus espectáculos ofrecía opciones atractivas para todos los sectores de aquella sociedad.

Otro tanto podría decirse del carácter “trashumante” de aquellos cómicos que crearon estilos bien diferenciados en la Italia del norte y la del sur y llenaban la programación de un teatro estable en Paris.

Por lo demás, bien vale la pena preguntarse si un grupo teatral puede acceder a la categoría “popular y trashumante” como fruto de una determinación consciente. Los años setenta fueron sin duda ejemplares en la proliferación de teatros populares (o rituales) creados desde un cubículo universitario.

Lejos de tan grande aspiración, La esposa muda es más bien un trabajo pequeño al que le hace falta la espectacularidad (música, danza, acrobacia) que acompañaba a aquellas representaciones y –suponemos– hacía la delicia de todo espectador. Desprovisto de su contexto espontáneo y festivo, el canovaccio elegido aparece como un pequeño chascarrillo, eso sí, bien contado por Gema Aparicio, Norma Duarte y Violeta Luna.

Dirigidas por Alicia Martínez, las tres actrices han trabajado fuera de la codificación gestual establecida por la tradición de las máscaras italianas, y han optado por una creación de personajes a partir del juego y la libre improvisación.

Detrás de las hermosas máscaras de Etienne Champion, las tres actrices incorporan al “guión” las alusiones a la realidad contemporánea del espectador, principalmente de orden político, así como algunas referencias a tradiciones y lenguas mexicanas.

Con su eficaz construcción corporal y verbal, la ingenua gracia del texto y la eterna fascinación que provocan las máscaras, La esposa muda permite pasar un buen rato a un complaciente espectador que se deleita con el sonido de la fuente y se deja adormecer por los acariciantes rayos del sol.