FICHA TÉCNICA



Título obra Opción múltiple

Autoría Luis Mario Moncada

Dirección Ionna Weissberg

Elenco Carmen Mastache, Viviana Aguirre, Hernán Mendoza

Escenografía Saúl Villa

Vestuario Edyta Rzewuska

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Rodolfo Obregón, “Diván múltiple”, en Proceso, 23 enero 2000, p. 64.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Diván múltiple

Rodolfo Obregón

Conocido por sus múltiples ocupaciones, el dramaturgo que aspiró a dar cuenta del estado de la aldea global, el funcionario que da riesgosos saltos y asombra al respetable al caer siempre en blandito, el actor de inocente apariencia, el adaptador literario de cabecera, el investigador que relata mañosamente la historia del teatro universitario, sorprende ahora al público asiduo al teatro con una más de sus facetas: el despreocupado y eficiente comediógrafo con el que Argos, si no estuviera loquito, habría soñado.

A la manera de múltiples autores de comedias de lengua inglesa, cuyos nombres se resiste a revelar mi unilateral memoria literaria, Luis Mario Moncada construye en Opción múltiple una divertida comedia donde la protagonista, Diana, lucha con sus varias y bien definidas personalidades que hacen la delicia del público al no ser percibidas sino por ella y su paciente psicoanalista.

Como en todas aquellas comedias deliberadamente olvidadas, la causa de semejante anormalidad estriba en un traumático y vodevilesco acontecimiento infantil, que una vez reconocido pone mágico fin al problema. La comedia, parodia de un pensamiento sicoanalítico digno de El Show de Cristina, reserva sin embargo, un último coup de thèâtre: los tres personajes masculinos, aparentemente bien diferenciados, revelan a su vez la posibilidad de no ser sino múltiples facetas de uno.

Por el contrario del autor, que debe ahora encerrar bajo llave a su exitoso comediógrafo para dejar trabajar al actor y al adaptador de Heinrich Böll, la responsable de la puesta en escena, Ionna Weissberg, ha desencapuchado a su fantasma sobre las frágiles tablas de El Granero.

Liberada, cual Diana gozosa, de las obligaciones de un teatro “serio”, la directora se siente a sus anchas sobre el espacio re-decorado por el pintor Saúl Villa que conserva, cual huella indeleble de su tormentoso pasado, la estructura exacta y parte de los materiales de las dos obras que le anteceden en la programación del inmueble. Apoyada en el conocimiento plástico de Saúl Villa y el atractivo vestuario de Edyta Rzewuska, Iona Weissberg elabora un claro homenaje al pop-art, esa corriente que elevó a la categoría estética los productos del supermercado y detrás de la cual, como expresaba su principal representante, “no hay nada”.

Como extraídas de la tira cómica, las cinco actrices que representan los múltiples seres de Diana se manejan con soltura y gusto en la estilización corporal y el esquemático comportamiento exigido por el texto, creando una gratificante sensación de conjunto donde sobresalen la consistencia actoral de Carmen Mastache y la falta de decisión de Viviana Aguirre para asumir permanentemente su compromiso con la ficción.

En forma inversa al desdoblamiento de Diana, los tres personajes masculinos, igualmente definidos por la exigencia de la convención teatral, son interpretados por un solo actor que debe saltar con agilidad y ligereza de uno a otro. Hernán Mendoza consigue esto con particular encanto y claridad.

Puesto a su vez en el diván múltiple, Hernán Mendoza se siente libre de la férula racionalista, divertido y dueño de un cuerpo nuevamente joven. Su trabajo redondea una agradable opción para comenzar, aunque sea en lunes, las visitas al teatro.