FICHA TÉCNICA



Notas Recuento de los espectáculos de la década de los noventa, aquellos de mayor significación en la opinión del crítico

Referencia Rodolfo Obregón, “Espectaculos de la memoria II”, en Proceso, 2 enero 2000, p. 61-62.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Espectáculos de la memoria II

Rodolfo Obregón

En contraste con la indigestión causada por el mejor teatro del planeta durante los Cervantinos de la abundancia lopezportillista, la oferta de espectáculos internacionales fue decreciendo a lo largo de los ochenta para llegar a cuenta gotas hasta nuestros días. Al terminar el siglo XX, el teatro mexicano careció definitivamente de confrontación con el gran teatro del mundo.

Confinados a un encuentro de gran calidez pero sin repercusión alguna, como lo es el Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz, los pocos espectáculos mexicanos que cruzan fronteras lo hacen gracias a los contactos e impulso de sus creadores y no como resultado de la promoción institucional o de criterios cualitativos. La ausencia de grupos y repertorio condicionan una elección meramente circunstancial.

Por su parte, la disminución permanente de recursos obliga a los festivales mexicanos a aceptar las generosas ofertas de cualquier organismo internacional, perdiendo control sobre la calidad de los espectáculos y renunciando a la posibilidad de un perfil distintivo.

Con todo, durante el cerrojazo del siglo XX desfilaron por los teatros mexicanos algunas importantes compañías y creadores de talla internacional.

En 1990, fuimos testigos de un hermoso anacronismo teatral. Con un retraso de casi cuarenta años, el mítico Berliner Ensemble visitó la tierra que estuvo a punto de ser parte del exilio de Brecht. La ópera de tres centavos, puesta en escena por Mamfred Wekwerth, era para entonces un espectáculo tan bien realizado como desligado del ritmo vital y la estética teatral del momento.

Cual Ave Fénix surgida de las cenizas del Muro, el mismo Berliner volvería hacia el final de la década (1997) con la puesta en escena de La resistible ascensión de Arturo Ui, firmada por Heiner Müller y protagonizada por el alucinante Martin Wuttke.

Reflejos también del riquísimo (en más de un sentido) teatro alemán, las presencias del Theater an der Ruhr (1992) de Roberto Ciulli y del Wuppertal Tanztheater (1994) de Pina Bausch mostraron dos caras radicalmente opuestas pero igualmente brillantes de la creación escénica.

Los espectáculos de Ciulli, entre los que sobresalía una impecable escenificación de La muerte de Danton, de Georg Büchner, deslumbraban por su lucidez interpretativa y la renuncia a toda ornamentación espectacular.

Por lo que toca a Bausch, su creación Nelken (Claveles) mostraba la extraordinaria fuerza expresiva de “La Emperatriz de Wuppertal” y el amplísimo rango de significación gestual que su danza-drama otorga al cuerpo.

Tratándose de grandes compañías, quizá la más prestigiada del mundo (no necesariamente la mejor) sea la Royal Shakespeare Company que, en 1996, presentó en México una muy inteligente pero poco vibrante escenificación de La comedia de las equivocaciones, a cargo de Tim Supple. El juego de identidades presente en la obra shakespeareana se acentuaba con la multiplicidad de orígenes y acentos de un elenco tan joven como eficaz.

La segunda visita (1998) del director consentido del Festival de Otoño de Paris, Robert Lepage, dejó, a pesar de su calidad, un sabor a poco con Las agujas y el opio; sobre todo porque su monólogo llegó antecedido por la conmoción que causara años antes su Trilogía del dragón.

Finalmente, la edición número 27 del Festival Cervantino (1999) trajo un espectáculo (comentado en esta columna) del importantísimo creador norteamericano Robert “Bob” Wilson, Persephone. De entre los grandes protagonistas de la escena de la segunda mitad del siglo, el gran ausente en nuestro país siguió siendo Il Piccolo Teatro di Milano, asociado necesariamente a la deslumbrante estética de su fundador, Giorgio Strehler, quien cerraría con su muerte (el 25 de diciembre de 1997) una de las aventuras teatrales más significativas del siglo XX.


Notas

Nota aclaratoria:
La memoria suele ser traicionera. En la primera de estas reseñas de la década, di como autores de El lugar del corazón a Juan Tovar y Fernando Delgadillo. En realidad, la adaptación del cuento de Tovar fue hecha por Regina Shöndube y el responsable de la puesta en escena: Ricardo Delgadillo.