FICHA TÉCNICA



Título obra Sinfonía inacabada

Autoría Alejandro Casona

Elenco José Cibrián, Rafael Banquells, Ana María Campoy, Eduardo Arozamena, Arturo Soto Rangel, Consuelo Guerrero de Luna, Carmen Campoy, Concepción Gentil Arcos (Conchita), Roberto Banquells, Jesús Valero, Ricardo Mondragón, Rubén Rojo, Gerken, Avendaño

Escenografía Salvador Bartolozzi

Grupos y compañías Compañía de José Cibrián

Espacios teatrales Teatro Arbeu

Referencia Armando de Maria y Campos, “El prólogo inédito de Sinfonía inacabada de Alejandro Casona. Estreno de esta pieza por la compañía de José Cibrián en el Teatro Arbeu”, en Novedades, 14 noviembre 1946.




Título obra ¿Con quién me casé yo?

Notas de Título Ruleta (título original)

Autoría László Fodor

Elenco José Crespo, Fernando Benza

Grupos y compañías Compañía de Josefina Serrador (Pepita)

Espacios teatrales Teatro Ideal

Referencia Armando de Maria y Campos, “El prólogo inédito de Sinfonía inacabada de Alejandro Casona. Estreno de esta pieza por la compañía de José Cibrián en el Teatro Arbeu”, en Novedades, 14 noviembre 1946.




Título obra Los marqueses de Matute

Autoría Carreño Sevilla

Elenco Alfonso Calvo, Manolo Calvo, Virginia Manzano

Grupos y compañías Compañía de María Teresa Montoya

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas

Referencia Armando de Maria y Campos, “El prólogo inédito de Sinfonía inacabada de Alejandro Casona. Estreno de esta pieza por la compañía de José Cibrián en el Teatro Arbeu”, en Novedades, 14 noviembre 1946.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

El prólogo inédito de Sinfonía inacabada, de Alejandro Casona. Estreno de esta pieza por la compañía de José Cibrián en el teatro Arbeu

Armando de Maria y Campos

El prólogo inédito de la pieza Sinfonía inacabada, de Alejandro Casona, que me envió para que en su nombre lo ofreciera a los lectores de Novedades, con motivo del estreno en México de esta obra suya el viernes último, es el siguiente:

"Es el momento histórico en que "por todos los caminos se iba a Viena". Napoleón ha sido vencido, y el Congreso que ha de juzgarle y repartirse el imperio está presidido por el astuto Metternich, el cual reúne en sus banquetes a todos los reyes, los diplomáticos y los artistócratas de Europa, emborrachándolos de fiestas fastuosas para adormecerlos y sacar la mejor tajada del festín.

"Viena es una ciudad de lujo y de placer; pero detrás de sus fuegos artificiales los artistas jóvenes arrastran su vida de sueños y de fiebre por las cervecerías de estudiantes y las bohardillas sin lumbre. El espíritu revolucionario francés se ha desviado en ellos hacia un idealismo infantil, tan lleno de buena fe como de ingenuos gestos desmesurados. En lugar de las teas, estos nuevos "amigos del pueblo" enarbolan chalinas y melenas. Almas destartaladas y declamatorias, pero sinceramente abiertas a todos los sueños de la justicia y la belleza. Sensibilidad en carne viva.

"Los apacibles burgueses, bien atrincherados de salchichas y choucroutte, leen los primeros periódicos con censura y aplauden furiosamente la ópera italiana mientras la juventud adora a Beethoven y combate bajo las banderas de la sinfonía alemana en una incruenta guerra civil que rompe sus vidrios de escándalo en los teatros y en los cafés.

"Campeón reconocido de esta lucha es el poeta Mayerhoffer, espíritu mordaz, melena de león y orador tonante; primero tránsfuga de seminario y finalmente suicida. A su lado en tertulia de poetas, músicos y pintores, empieza a llamar la atención un muchacho de apariencia tímida pero con el alma en llamas; es uno de los catorce hijos del honorable burgués Florián Schubert, maestro de escuela en el barrio de Lichtenthal. Se llama Franz; tiembla de emoción al sólo nombre de Beethoven, ama al pueblo con una fe de iluminado, escribe sus primeras canciones los poemas de Mayerhoffer, y está llamado a elevar el lied popular a la más alta jerarquía estética.

"Momento sentimental de Europa, la vida empieza al atardecer cuando se enciende el quinqué en el comedor familiar; la madre teje, el padre fuma su larga pipa de madera y los muchachos empuñan atriles y violines. Es "la hora de la melodía".

"El Romanticismo, como norma de vida, como ética social y como escuela de arte, está ya floreciendo en todas las almas de veinte años. Pero los "románticos" (a pesar de Rousseau, a pesar de Goethe), todavía no saben que se llaman así.

"Noviembre de 1814. En Viena, capital de la música. Está nevando".

Poco tiene que agregar, por su cuenta, el cronista, a lo dicho por el autor de Sinfonía inacabada. El lector ya sabe lo que es la preciosa comedia. Lo que no sabe es que gallardamente está construida, que limpiamente está escrita y que teatral es en todas sus escenas. Si intentáramos definir el teatro de Casona, desde La sirena varada hasta esta Sinfonía inacabadatan completa, diríamos que es habilidad escénica, transparencia verbal y alegría de juventud.

Supo Casona dar vida propia a todos los personajes y comparsas de importancia que intervienen en este pasaje de la vida de Viena y del existir de Schubert, de Mayerhoffer, de Carolina de Esterhazy, y lo mismo éstos que tuvieron vida real, que los que obligó a crear la ficción –Madame Sans Souci, Teresa, el Burgués, el Tabernero, la Condesa de Esterhazy, etc., etc.– se mueven en el clima creado por Casona no como plantas de invernadero, sino, y perdón por el lugar común, como peces en su propio líquido, como notas de una de las muchas melodías schubertianas que forman el fondo –decorado– sonoro de esta comedia, alegre y ligera como el Momento musical, romántica como la Serenata, severa y triste como el lied vienés que Franz elevó a la categoría de canción universal.

La interpretación, muy correcta. La viene a la medida de su temperamento a Cibrián el Schubert; Rafael Banquells compuso admirablemente el personaje de Juan Mayerhoffer, y muy discreta en la dulce Carolina, la señorita Ana María Campoy, capullo de excelente actriz. Los lobos de la escena, Arozamena y Soto Rangel secundaron a los citados, y no desentonaron en el conjunto las señoritas Campoy (Carmen) y López, las señoras Guerrero de Luna y Gentil Arcos (Conchita), y los señores Banquells (Roberto), Valero, Mondragón, Rojo (Rubén) y Buenafuente. En cambio la señorita Gerken y el señor Avendaño no lograron hacer llegar el público con claridad muchas importantes frases de sus partes. Acostumbrados algunos actores a hablar en la escena en la media voz que en los sets cinematográficos requiere el micrófono, que amplifica la voz a voluntad de los técnicos de sonido, dijeron los diálogos sentimentales tan a sotto voce que gran parte de sus palabras se perdieron como volutas de humo.

Excelente y muy propia la presentación, con tres magníficos decorados de Bartolozzi, y el vestuario tan rico como ajustado a la época.

La compañía de Pepita Serrador estrenó en el Ideal la segunda obra de su breve temporada el viernes último, presentándose en esa ocasión el actor José Crespo, por largos años retirado de la escena, y el galán Fernando Benza, que no convenció. La obra presentada por la Serrador para mostrarnos una nueva faceta de su personalidad no escasa de interés fue Ruleta, de Ladislao Fodor, nueva en México, rebautizada ¿Con quién me casé yo? Actores y obra consiguen su principal propósito: agradar.

El martes 12 se presentó en el Fábregas, nuevo elemento en la Compañía de María Tereza Montoya, el primer actor español Alfonso Calvo, con la pieza cómica de Carreño Sevilla Los marqueses de Matute, muy conocida. El actor Calvo –padre del galán Armando– no desconoce su oficio. Fue cariñosamente recibido. También se presentó el galán Manolo Calvo. Y Virginia Manzano cargó –al fin–, con una primera actriz. Los debutantes, y la Manzano, fueron muy aplaudidos.