FICHA TÉCNICA



Título obra Cuando la vida eterna se acabe

Dirección Paco de La Zaranda

Elenco Gaspar Campuzano, Francisco Sánchez, Enrique Bustos, Fernando Hernández

Grupos y compañías La zaranda

Espacios teatrales Teatro Julio Prieto

Referencia Rodolfo Obregón, “La zaranda”, en Proceso, 7 noviembre 1999, p. 70.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

La zaranda

Rodolfo Obregón

Durante unos pocos días y con escasa difusión, se presentó en el Teatro Julio Prieto de la ciudad de México el grupo andaluz La zaranda. Conocido en México gracias a la hospitalidad de Escenología A.C., que al igual que en esta ocasión acogió hace algunos años el espectáculo Perdonen la tristeza, este “Teatro Inestable de Andalucía La Baja” cuenta en su repertorio con un par de trabajos memorables: Mariameneo y Vinagre de Jerez. Antecedida por Obra póstuma (que este cronista pudo presenciar como plato fuerte del Noveno Festival de Tres Continentes, en Agüimes, Canarias, en 1996), La Zaranda presentó en nuestro país su más reciente creación: Cuando la vida eterna se acabe.

Como en todas aquellas obras, La Zaranda es un utensilio que permite decantar las imágenes de un territorio (Andalucía La Baja) estancado en el tiempo. La tosquedad y aspereza de los objetos sobrevivientes (bases de cama, bancos de iglesia, cofres, plumas de ave de corral) funciona como detonador de un teatro de la memoria, a la manera de Tadeusz Kantor, por el que deambulan seres desesperados, jirones de humanidad, “destinos desahuciados”.

Como en el caso del director polaco, que marchó definitivamente a la dimensión de sus criaturas, los elementos escenográficos convocan a un mundo rural, arrojado al olvido con todo y sus rudos moradores. El teatro es el infierno donde noche a noche los personajes se ven obligados a repetir sus rutinas miserables.

En Cuando la vida eterna se acabe, el universo beckettiano de Obra póstuma se ha transformado en un inútil afán de trascendencia de personajes que han de ver astilladas todas sus ilusiones y confirmar la pérdida de sus sueños. Los balbuceos de la tonta, homenaje por lúgubre coincidencia al adefesio de Alberti, pretenden ser descifrados por los demás personajes como un mensaje divino; pero esta divinidad se expresa en un lenguaje incomprensible.

La fuerza expresiva de ese universo se apoya abiertamente en la construcción de bellos cuadros plásticos acompañados por una litúrgica escenografía sonora a base de marchas populares provenientes de la Semana Santa andaluza y los sacros acordes de Mendelssohn y Bach.

Al interior del discurso fundamentalmente plástico, una especie de telúrico expresionismo andaluz, aparece, a manera de responsos, un diálogo corrosivo, reflejo idiosincrático elevado tan pronto al poder evocador de la plegaria como aterrizado en involuntaria tautología:

–“Y caminé, y caminé y caminé”.
–“Hombre, si dices que vienes de tan lejos, algo habrás andao”.

A la riqueza de las formas expresivas andaluzas y la particular manera de pronunciar “nuestra lengua”, se añade el interés aportado por la pastosa gravedad de las voces, equivalentes sonoros a la rispidez de los objetos que una y otra vez se reacomodan sobre el escenario.

Bajo la dirección de Paco de La Zaranda, los actores: Gaspar Campuzano, Francisco Sánchez, Enrique Bustos y Fernando Hernández, aportan, como en el caso de los intérpretes kantorianos, una fisonomía tan singular que hace innecesario el anecdotario del personaje y una entrega apasionada, fruto de su profunda raigambre y su decidida voluntad de trascendencia sobre el inclemente universo de las tablas.