FICHA TÉCNICA



Título obra Muro-Muro

Elenco Steeve Munger

Grupos y compañías Dynamo Théâtre

Espacios teatrales Teatro Julio Castillo

Referencia Rodolfo Obregón, “Escarceos acrobáticos”, en Proceso, 17 octubre 1999, p. 63.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Escarceos acrobáticos

Rodolfo Obregón

Como bocado de entrada a los espectáculos internacionales que suelen presentarse en México durante el otoño, el pasado fin de semana se presentó en el Teatro Julio Castillo de la ciudad de México, el espectáculo Muro-Muro del grupo canadiense Dynamo Théâtre. Al aparecer estas notas, Dynamo se habrá presentado también en Monterrey y estará por llegar a Ciudad Victoria, para terminar su gira por México inaugurando, el 22 de octubre, el II Festival Internacional de Teatro para Niños y Jóvenes “Telón Abierto” en Aguascalientes.

La amplitud del recorrido no es nada nuevo para este espectáculo que, a doce años de su estreno, ha realizado más de 1,200 representaciones y ha visitado diversos países de América, Asia y Europa

Fundada en 1981, la compañía se ha especializado en el teatro para públicos jóvenes y, para acceder a ellos, ha elegido un lenguaje eminentemente físico que combina las artes circenses, la gimnasia y lo que han dado en llamar “la acrobacia invisible”. Pero, por lo que pudo apreciarse en el taller impartido en México hace un mes y en el espectáculo Muro-Muro, el principio unificador y rector de Dynamo es el concepto del juego

En Muro-Muro, las rutinas acrobáticas y las secuencias de relaciones entre los personajes, esbozados esquemáticamente desde el inicio, se construyen a partir de la espiral lúdica de la improvisación. La articulación de estas secuencias y rutinas trae por resultado una anécdota demasiado simple sobre los escarceos amorosos de dos parejas de adolescentes interrumpidos de forma sistemática por un impertinente y travieso hermano menor.

La pretendida evocación de una “época privilegiada”, aquella de “los amores nacientes”, no logra calar en el ánimo del espectador pues, en su afán de transparencia para acceder “a todo público”, sus creadores desdeñan la complejidad y la seriedad que los pininos amorosos implican para sus protagonistas.

El público mayoritario, que justifica la permanencia del espectáculo, aplaude desde luego la vistosidad de los números acrobáticos (aunque al especialista le parezcan en muchos casos no integrados a la acción), el ritmo breve y desenfadado, la amabilidad de todo el concepto escénico y, sobre todo, la brillante energía de un grupo de muy jóvenes gimnastas, acróbatas y bailarines entre los que brilla la precisión y encanto de Steeve Munger, actor que garantiza la cómica eficacia de las mejores secuencias, como aquella en que se desquita de su hermano y amigos a través del juego fantasioso con unos muñecos de madera cuyos posiciones y movimientos están obligados a imitar.

Digno de aplauso resulta también el hecho de que los actores canadienses se hayan aprendido el breve texto en español para eliminar barreras de comprensión en los niños y para regocijo de los maliciosos adultos.

El brillante trabajo de especialización de Dynamo encuentra sin embargo un “pero” en su concepto de juego. En Muro-Muro, el único objetivo del juego parece ser el juego mismo. Los mayores especialistas en la materia, los propios niños, nos demuestran a cada instante que éste nunca es inconsecuente.