FICHA TÉCNICA



Título obra De la naturaleza de los espíritus

Autoría Héctor Mendoza

Dirección Héctor Mendoza

Elenco Ana Ofelia Murguía

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Rodolfo Obregón, “De la naturaleza fantasmal de los espíritus”, en Proceso, 26 septiembre 1999, 75.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

De la naturaleza fantasmal de los espíritus

Rodolfo Obregón

En su más reciente producción, De la naturaleza de los espíritus, que puede ser vista los fines de semana en El Granero, Héctor Mendoza continúa la práctica de lo que ha dado en llamar un “Teatro temático”. El escenario es el nuevo ágora por donde los personajes deambulan articulando sus ideas sobre un tema determinado. El drama es sustituido por una discusión simulada, ya que las tesis del autor han sido resueltas con antelación.

Autor y director del espectáculo, como ya es su costumbre, Mendoza sorprende en esta ocasión por la naturaleza del tema abordado: la existencia de los espíritus; sin embargo, las constantes dramatúrgicas y el método de escenificación característicos de este fundador del teatro mexicano contemporáneo permanecen insensibles a las perturbadoras corrientes de aire que produce la presencia de esta otra forma de ser invocada por él mismo.

El cuerpo de la obra, articulada como una comedia en la cual un joven escéptico se enamora del fantasma de una cantante de ópera, está dado por las discusiones que el aprendiz de espectro sostiene con una inusual y desenfadada terapeuta. La constante mendocina respecto a las relaciones entre el teatro y la vida hace su aparición como el juego autoreferente de un actor que ensaya una obra llamada De la naturaleza de los espíritus y que parece predecir el destino de los personajes.

En boca de éstos, como en el texto introductorio, el autor cuestiona la noción de una realidad única y cognoscible a través de los instrumentos hasta hoy habituales. En algún momento de la obra, se afirma que la estructura de las moléculas que constituyen una materia determinada (una pared) pueden dejar huecos por donde otra (un cuerpo) la traspase. Y, sin embargo, la convencional estructura dramática y espectacular no permite que sobre las tablas se cuele la percepción amplificada de la o las múltiples realidades citadas.

El discurso temático no encarna en las formas de representación como lo hace en algunos referentes obligados: Il teatro comico de Carlo Goldoni, una deliciosa obra “cómica” que constituye el antecedente más obvio de Creator principium, y L’homme qui..., mosaico de casos de disfuncionamiento cerebral escenificado por Peter Brook, a quien Mendoza desdeña tanto en su introducción a la edición mexicana de La puerta abierta.

Sobre una escenografía en la que permanece demasiado evidente la huella anémica de La lección de anatomía, acompañada por un vestuario con tintes de carnaval y una música propia de un espíritu chocarrero, la puesta en escena no deja dudas de que los espíritus siguen siendo cosa de risa.

Como bien teoriza Mendoza, el colapso de nuestro concepto de realidad exige nuevas formas de acercamiento y descripción de los fenómenos que no pasan, necesariamente, por los usos tradicionales de la lógica racional

Pero la ausencia del elemento inquietante o francamente perturbador, que comprobara la argumentación de Héctor Mendoza, se debe fundamentalmente a la presencia de otra constante estilística en quien es considerado el gran maestro de los actores mexicanos: la suplantación de la actoralidad por un habla sumamente cuidada (trompe-l’oreille), que sería verosímil si no estuviera acompañada por la supresión de toda vitalidad y, sobre todo, por la nulificación del cuerpo como herramienta de expresión y vía de conocimiento.

Desde luego, la sabiduría escénica de Ana Ofelia Murguía le permite transitar con notable encanto por un universo poblado por actores que, desprovistos de sus cuerpos, se han convertido en fantasmas de sí mismos.