FICHA TÉCNICA



Título obra Volpone

Autoría Ben Jonson

Dirección Mauricio Jiménez

Elenco Jacqueline Serafín

Espacios teatrales Foro Antonio López Mancera

Referencia Rodolfo Obregón, “Volpone o la escuela del engaño”, en Proceso, 12 septiembre 1999, p. 70.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

"Volpone" o la escuela del engaño

Rodolfo Obregón

En Orlando, haciendo escarnio de la incomprensión de la crítica hacia la literatura de su propia época, Virginia Woolf pone en boca del poeta Nicholas Green una feroz sátira sobre la literatura isabelina: “Shakespeare, concedió, había escrito algunas escenas tolerables; pero las había tomado de Marlowe. Marlowe era un mozo que prometía pero, ¿qué decir de un muchacho que había muerto antes de los treinta años? En cuanto a Browne, le daba por escribir poesía en prosa, y la gente se cansaba pronto de esos caprichos. Donne era un saltimbanqui que disfrazaba su vacuidad con palabras difíciles. Los desprevenidos se dejaban engañar; pero dentro de un año estaría fuera de moda. En cuanto a Ben Jonson –Ben Jonson era amigo suyo y él nunca hablaba mal de sus amigos”.

El episodio descrito por Woolf captura plenamente la atmósfera de tosca desconfianza que envuelve a esta edad de oro de la creación dramática y a su más distinguido comediógrafo. Al evitar a Jonson, probablemente Green se cuidaba también del ingenio más agudo de su tiempo y, por qué no, de la fama de asesino que él mismo gustaba pregonar.

En sus comedias, y muy característicamente en la más célebre de ellas: Volpone, Jonson juega con el clásico humor que provoca el enfrentamiento entre el incauto y el pícaro. En este género, la posesión es el objetivo último de los personajes y, por lo tanto, el desposeimiento viene a ser el acto dramático por excelencia. Pero, como sugiere Eric Bentley, en las comedias de Jonson la tensión se construye por la oposición de sus ideas “siempre convenientemente justas” y su profundo sentimiento del caos. El espíritu anárquico del cómico, plantea en Volpone una situación original: los incautos desposeídos son a su vez ambiciosos depredadores.

De esta forma, Jonson realiza la más aguda burla de las costumbres de su tiempo a la vez que representa, en la sensualidad de sus protagonistas, el más pleno goce de la vida.

Volpone es un gran desafío para una nueva generación de actores, egresados con esta puesta en escena de la Escuela de Arte Teatral, que descubre el complejo placer de la vida sobre un escenario. Siguiendo el punzante ejemplo del autor, el grupo de actores firma la “versión libre” que no se tienta el corazón con las instituciones, los personajes y las costumbres de nuestro tiempo. Este es sin duda un gran logro en términos pedagógicos, pues la apropiación actoral del texto es evidente.

El gozoso resultado del espectáculo corre parejo a la simplificación que el director-maestro, Mauricio Jiménez, hace de la obra llevándola decididamente a la exacerbación de lo fársico, subrayando la tosquedad como estilo e imprimiendo una energía desaforada y una rica construcción corporal, característica de sus trabajos anteriores, que ya le costó una fractura de narices a alguna de las actrices.

Evidentemente, una puesta en escena no puede superar los problemas heredados en la formación y, por momentos, la obra se estanca en la impostación corporal y vocal donde la mayoría del grupo es incapaz de encontrar su libertad interpretativa. Sin embargo, este Volpone es la presentación de tres o cuatro actores de posibles y de una sorpresa extraordinaria: Jacqueline Serafín, quien no sólo logra una muy completa realización del personaje protagónico, sino que se planta sobre el escenario como si tuviera veinte años de actriz, cuando apenas los cumple de edad.

El éxito de esta temporada, que está por terminar en el Foro López Mancera del CNA, debe dejar muy satisfechos a los egresados de la EAT quienes demuestran, como lo decía un célebre colega de Jonson, que “a buen fin, no hay mal principio”.