FICHA TÉCNICA



Título obra Bodas inéditas

Notas de autoría Federico García Lorca / autor de Bodas de sangre; Aurora Cano / adaptación

Dirección Dora Cordero

Espacios teatrales Foro La Gruta

Referencia Rodolfo Obregón, “Lorca inédito”, en Proceso, 8 agosto 1999, p. 69.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

Lorca inédito

Rodolfo Obregón

“Nunca entendemos un espectáculo como cuando escribimos sobre él”, solía decir a sus alumnos el célebre crítico francés Bernard Dort. Pero la crítica se encuentra frente a una encrucijada cuando los propios creadores del espectáculo difícilmente entienden lo que hacen.

Tal es el caso de Bodas inéditas, adaptación de Bodas de sangre que se presenta todos los domingos en La Gruta como contraparte de la fastuosa y polémica producción del Teatro Helénico que rinde homenaje tardío a los cien años del poeta de Fuentevaqueros.

En su propuesta de formato menor, esta versión, que reúne en el papel a un distinguido grupo de creadores, pudo haber explorado la dramaturgia lorquiana desde la intimidad, lejos del boato espectacular y los folclóricos convencionalismos con que suele ser escenificado. Sin embargo, su intento se limita a una reducción del original y a la inclusión de un epílogo tomado del cuadro tercero de El Público, una obra muy cercana en el tiempo de su redacción a Bodas de sangre pero radicalmente opuesta en sus intenciones. Según su propio autor: “En estas comedias imposibles está mi verdadero propósito. Pero para demostrar una personalidad y tener derecho al respeto he dado otras cosas”.

En el programa de mano de la obra, su adaptadora –Aurora Cano– explica el objetivo de esta extraña combinación: “Bodas inéditas festeja a un Lorca surrealista...” ¿Por qué entonces elegir Bodas de sangre y no una obra que justifique tal homenaje y que son las menos escenificadas en nuestro país? ¿Acaso tiene sentido leer el Romancero gitano entremezclando un par de versos de Poeta en Nueva York?

Pero Federico García Lorca se defiende solo. El efecto que provoca el collage, más próximo a la carcajada que al extrañamiento crítico, no impide los momentos de límpido dramatismo, de sugerente y sonora oralidad presentes en su diálogo y su estructura dramática. El problema mayor radica evidentemente en la puesta en escena.

La pretendida liberación que el juego poético lograría –según se nos informa en el programa– de la clásica interpretación (Borel) sobre el motivo “amar en la imposibilidad”, se viene abajo ante la ausencia total de un punto de vista en la dirección, a cargo de la actriz Dora Cordero. Abrumada por la responsabilidad de poner de pie un texto de semejante prestigio, de convertirlo en un acontecimiento escénico, Dora Cordero navega sin rumbo y echa mano indiscriminadamente de recursos que de pronto remiten a un realismo sicológico, al simbolismo, al espectáculo musical o a la estilización coreográfica.

La nula interpretación del texto se refleja evidentemente en el juego actoral, en las formas de enunciación del diálogo y el verso lorquianos, donde hay tantos estilos como actores sobre el escenario. Cada uno de ellos busca desesperadamente sobrevivir con sus propias herramientas en detrimento del valor unitario del trabajo. Situación que se ve agravada pues casi todo el elenco constituye un auténtico miscast.

Resulta en verdad difícil particularizar en el desempeño actoral cuando la dirección es sorda a los valores rítmicos y sonoros de la palabra poética y a las inflexiones de los actores; cuando su accionar sucede atropelladamente en un espacio carente de sentido, volumen, que no cumple ninguna función dramática, ni siquiera decorativa; cuando los intérpretes deben cumplir maquinalmente con una coreografía falta de imaginación y llevar un vestuario lleno de lugares comunes y ciego a la anatomía de quien lo porta.

Frente a tal cadena de errores conviene preguntarse si no ha llegado la hora de re dignificar la especialización y el oficio teatrales. Sólo con el dominio de éste podría ponerse en relieve la dimensión de un dramaturgo como García Lorca. Esta clase de entusiastas homenajes, fallidos o logrados, no hacen sino perpetuar el “mito Lorca”, ya denunciado por Francisco Ruiz Ramón, e ignorar las claves que nos da el propio poeta: “La imaginación es pobre, y la imaginación poética mucho más. La realidad visible, los hechos del mundo y del cuerpo humano están mucho más llenos de matices, son más poéticos que lo que ella descubre. Eso se nota muchas veces en la lucha entablada entre la realidad científica y el mito imaginativo, en el cual vence, gracias a Dios, la ciencia, mucho más lírica mil veces que las teogonías”.