FICHA TÉCNICA



Título obra Interrogaciones, preguntas de los maestros zen

Autoría Yoshi Oida

Elenco Yoshi Oida

Música Dieter Trüestedt

Espacios teatrales Teatro El Galeón

Referencia Rodolfo Obregón, “El espectáculo de los sentidos”, en Proceso, 20 junio 1999, pp. 64-65.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Referencia Electrónica

Proceso

Columna Teatro

El espectáculo de los sentidos

Rodolfo Obregón

Ya que Interrogaciones, preguntas de los maestros zen, el trabajo que presentó en nuestro país el actor y director japonés Yoshi Oida, no es propiamente hablando un espectáculo teatral, sino “una experiencia compartida”, es posible comentar algunos aspectos significativos del mismo a pesar de que el escriba haya compartido el escenario, como traductor, con el actor brookiano y el físico-músico alemán Wolf-Dieter Trüestedt.

Creado en 1979, Interrogaciones... no es, desde luego, un trabajo que se presente como algo nuevo, mucho menos como algo ‘novedoso’; por el contrario, la confrontación escénica parece resumir algunos de los hallazgos de la experimentación teatral de los años setenta y la propia aportación de un actor proveniente de la tradición del teatro clásico japonés, con su estricta codificación gestual y espectacular, pero inserto de golpe como protagonista y testigo de los últimos movimientos de ruptura que, a partir de 1968, terminarían por definir las teatralidades ejemplares del final del siglo XX.

A manera de íntimo testimonio, Yoshi Oida ha conformado una estructura representacional abierta a la improvisación y, por lo tanto, a la respuesta del espectador, que reúne algunos textos budistas de los siglos XI al XIII, la ejecución de ejercicios de exploración gestual, sonora, o de las propias convenciones teatrales, y el uso de muy particulares objetos musicales creados específicamente para ampliar la gama experimental del trabajo.

Todos estos elementos, en ocasiones aparentemente aislados, se unifican en una especie de temática autoreferente o de juego metateatral sobre el proceso de articulación del pensamiento, del conocimiento de sí mismo, del desarrollo del lenguaje y, sobre todo, del ensanchamiento de las vías de percepción del mundo que nos rodea. Así, los textos elegidos se refieren en su mayoría a procesos de duda y revelación entre ‘estudiantes’ e ‘instructores’, ‘discípulos y Maestros’, o bien a preguntas paradójicas que son utilizadas por el intérprete para desafiar la capacidad de reflexión del espectador y perturbar su conciencia a través del gozoso juego de la improvisación. Un único aserto que engloba y potencializa la práctica de todas estas metáforas o irresolubles paradojas, cierra el espectáculo –que reserva sin embargo, una última y cuasi milagrosa experiencia perceptiva para el espectador–:

si encuentras té, bebe
si encuentras comida, come
si enfrentas un problema, ve a dormir.
Cada día cuenta: incluso hoy.

En cuanto a los ejercicios de exploración, estos parten desde luego de la codificación y la riqueza gestual del teatro japonés, mas Oida ha desarrollado –como pudieron comprobar en carne propia los participantes del taller que impartió en México, o a través del video los asistentes al Diálogo que llevó a cabo en el Teatro El Galeón en medio de una intensa semana de trabajo– una amplia investigación del movimiento, la gestualidad corporal y las relaciones ‘invisibles’ que el cuerpo puede revelar, a partir del movimiento ritual o religioso, de las artes marciales y del estudio de posiciones y desplazamientos ligados al conocimiento del universo en múltiples culturas vivas –principalmente africanas y de la India– así como en documentos e imágenes de las culturas ancestrales.

Particularmente significativa, por su absoluta ausencia en nuestro teatro, resulta la exploración del sonido que, si bien se encuentra en menor proporción dentro de Interrogaciones..., resulta una de las grandes aportaciones del actor y una preocupación de múltiples manifestaciones teatrales de vanguardia, que rompieron durante los años sesenta y setenta con la asociación mecánica entre la palabra y su significado para indagar en sus valores puros de musicalidad, ritmo, y en las repercusiones sensibles de la vibración sonora tanto en el cuerpo del ejecutante como en el del espectador.

Esta exploración del sonido emitido por el actor encuentra su espejo y su reflejo amplificador en el diálogo de la gestualidad con los instrumentos musicales creados por el físico alemán Wolf-Dieter Trüestedt. Comentario sonoro a la acción corporal o a la presencia del texto, la música adquiere sin embargo una total autonomía y, al mismo tiempo que facilita la atmósfera reflexiva de esta experiencia, se propone como un elemento vital para estimular la percepción del espectador:

¿Es el sonido el que va al oído, o el oído el que va al sonido?

Juntos, todos estos elementos ofrecen un testimonio vital, a través de la extraordinaria ejecución de Yoshi Oida, de las posibilidades cognitivas del ser humano, de sus múltiples y complejos medios de expresión y, a su vez, resultan una constatación y un desafío para la amplificación y el desarrollo de los lenguajes que el teatro puede utilizar en busca de una mayor densidad de vida, su principal justificación en los tiempos que nos corresponden.

Finalmente, Interrogaciones, preguntas de los maestros zen, pone el énfasis también en la necesaria participación del espectador no reducido a mero observador que aplaude al final de la obra. En esta experiencia compartida, espacio para la percepción y la reflexión, el espectador juega un papel activo fundamental, como pudo comprobarse en las dos funciones celebradas en El Galeón. La última experiencia perceptiva de la obra es una campana que, tras emitir su tañido, gira armoniosamente en el espacio, describiendo una metafórica elipsis. El hipnótico vuelo distingue, sin ambages, a aquellos espectadores incapaces de desafiarse a sí mismos a través del hecho teatral, de aquellos que, aun sin respuestas frente al misterio de la existencia, se permiten al menos plantear las preguntas.