FICHA TÉCNICA



Título obra Don Juan Tenorio

Autoría José Zorilla

Elenco Virginia Fábregas

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Notas El autor comenta sobre la primera representación de Don Juan Tenorio, citando crónicas de la época

Referencia Armando de Maria y Campos, “Del primer Tenorio que se representó en México a los de Calvo y la Campoy”, en Novedades, 2 noviembre 1946.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Del primer Tenorio que se representó en México, a los de Calvo y la Campoy

Armando de Maria y Campos

El famosísimo drama Don Juan Tenorio, de José Zorrilla, se representó por primera vez en México, la noche del 7 de diciembre de 1844, y se repitió la representación la noche siguiente, ocho. Dos días antes, la población de la capital había sido testigo del no por frecuente menos interesante espectáculo de un pronunciamiento de polendas, el que derrocó la dictadura del general presidente, don Antonio López de Santa Anna.

Lo estrenó la compañía dramática formada por elementos de España y de México, en que participaban Rosa Peluffo, María Cañete, Francisco de Mata Ibarzábal y Antonio Castro, gran comediante mexicano este último, que actuaba en el Gran Teatro de Vergara, que todavía la víspera se llamaba Gran Teatro de Santa Anna, y que días después había de llamarse Gran Teatro Nacional. La víspera del estreno de Don Juan Tenorio, mientras la Cañete y Mata ensayaban la escena del sofá, el pueblo metropolitano, azuzado por los jefes de la levantisca guarnición, coroneles Herrera y Uraga, se echó a la calle a insultar con hechos y gritos al presidente caído. "El día de ayer –dice El siglo XX en una gacetilla que aparece al lado del anuncio del estreno del dramón de Zorrilla–, no se pudieron librar de la indignación pública, el pie del general Santa Anna, que se encontraba en el panteón de Santa Paula y la estatua de yeso del mismo general, situada en el teatro Vergara. Hoy está ya descendida la de bronce erigida en la plaza del Volador, picado el busto de Santa Anna que se hallaba sobre uno de los balcones de la sociedad de La Bella Unión, y borrado su nombre en el frontispicio del nuevo teatro". Cuando el populacho se alejó del teatro, De Mata reanudó la escena que ensayaba: "No es verdad, ángel de amor...

El éxito que alcanzó Don Juan Tenorio desde la noche misma de su primera representación entre nosotros, fue indescriptible. Se representó únicamente dos veces, por las condiciones de inquietud, sorpresas y escándalos que privaban por la caída de la administración santanista. El revistero de El siglo XX, que dedicó una extensa crónica al suceso, dijo: "Alguna vez Don Juan Tenorio será citado como un modelo, como una obra admirable del entendimiento humano. La doña Inés, compite en pureza, en atractivo, en poesía, con Margarita y con Ofelia, divinas creaciones de Goethe y de Shakespeare".

Quien así juzgó la más popular y no menos discutida obra de Zorrilla, no era un gacetillero cualquiera, un cronista improvisado. Al pie de la crónica apareció la firma de "Fidel", que correspondía al seudónimo del gran poeta mexicano, el romancero nacional, Guillermo Prieto. No era erudito, pero estaba ya a esas fechas enterado de muchas cosas. Meses antes, en abril de ese año, con motivo del estreno en México, durante el siglo XIX, de una obra de Juan Ruiz de Alarcón, Las paredes oyen, había salido en defensa del gran autor mexicano, aunque equivocándose en el juicio. El 7 de abril de 1844, la empresa del Gran Teatro de Santa Anna anunció: "Se ejecutará por primera vez la comedia en tres actos, composición de un mexicano, intitulada Las paredes oyen. El cronista "Fidel" aclaró: "La comedia que se representó, fue la de nuestro famoso poeta mexicano, don Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza, intitulada: Las paredes oyen. Esta composición tiene un fin altamente moral, como es el de corregir a los habladores y maldicientes, y abunda en versos fluidos y sonoros; pero, como desde antes pensamos, no agradó al público, por estar construida en ese molde antiguo de Lope y Calderón, que no es por lo común del gusto de los espectadores, bien que muchos reconocen el mérito literario de esas piezas".

"Fidel" dedicó unas cuantas líneas a encomiar la interpretación y presentación del primer Don Juan Tenorio que vimos los mexicanos: "En la primera parte se distinguió la señora Cañete; su magnífico talento cómico, que tan bien sabe desempeñar la maja andaluza como la niña mimada y recoleta, caracterizó perfectamente a doña Inés, sencilla y crédula, y al mismo tiempo apasionada y ardiente; comprendió, en nuestro juicio, la idea del poeta. Al señor Castro le faltó más despejo, más aires de matón y calavera; las hazañas mismas de don Luis Mejía, indican que no era un miserable encogido y de maneras poco expeditas. El señor Mata, que ha sabido crear otros papeles difíciles, absolutamente se acomodó a éste; podríamos señalar todo lo que le falta para ser don Juan Tenorio, como lo concibió Zorrilla; más lo creemos inútil, proque el mismo recomendable actor, a pesar de su buena fe y docilidad, no podría remediar ciertos defectos. Los demás actores desempeñaron bien sus papeles. Quienes merecen mil y mil elogios, son los señores Alerci y Candil, el primero maquinista y el segundo pintor: la vista del panteón iluminado por la luna, es lo más imponente, lo más magnífico que puede idearse. Las demás mutaciones se hicieron también con destreza, y algunas muy bellas; se nos asegura que ha sido mejor montada en México esta pieza, que en los teatros de Madrid. Por nuestra parte, creemos que será difícil llevar la perfección y el lujo a más alto grado".

Desde hace 102 años, ni uno solo ha dejado de representarse en nuestros teatros el drama de Zorrilla por noviembre cuando fue costumbre en España recordarlo el 1 y 2 de este mes. Todos los actores mexicanos y españoles, sin excepción, que han pisado los escenarios de la República desde el 7 de diciembre de 1844 hasta el presente año, han hecho algún papel en el drama de Zorrilla. Quienes, únicamente el don Juan, quienes, se especializaron en el don Luis y en el comendador, algunos interpretaron nada más el Ciutti o el Butarelli –que dobla con el escultor– y muchos, muchísimos, han empezado haciendo el Avellaneda, y después de ser el capitán Centellas y el don Luis, culminaron su carrera interpretando el don Juan, para acabar muriendo como el comendador don Gonzalo de Ulloa. Lo mismo puede decirse de las actrices, doña Ana una noche, doña Inés varias temporadas; y, después de muchos noviembres, doña Brígida.

Tres tenorios "formales" se representan este año: en el Fábregas, en el Arbeu y en los tres, la historia de las interpretaciones se repite. En el Bellas Artes, doña Virginia Fábregas hace de Madre Abadesa, y dos nuevos soles iberos que empiezan a ascender: Armando Calvo y Ana María Campoy, recitan el eterno dúo de amor, aunque a varias cuadras de distancia el uno de la otra; don Juan escandaliza en el Fábregas y doña Inés se deja raptar en el Arbeu.