FICHA TÉCNICA



Título obra Si Eva se hubiese vestido

Autoría Sixto Pondal Ríos y Carlos Olivari

Elenco Juan Carlos Thorry, Gloria Guzmán, Eduardo Malcolm (Lalo)

Música Paul Misraki

Grupos y compañías Compañía de Gloria Guzmán y Juan Carlos Thorry

Espacios teatrales Teatro Ideal

Notas Comentarios del autor sobre la comedia musical conocida también como operatina por los argentinos

Referencia Armando de Maria y Campos, “Una deliciosa comedia musical en el teatro Ideal”, en Novedades, 6 octubre 1946.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Una deliciosa comedia musical en el teatro Ideal

Armando de Maria y Campos

Los argentinos que lo traducen todo –idiomas, costumbres– y lo traducen bien, porque hacen del producto traducido algo propio e inconfundible, no podían dejar de traducir a su modo de ser un género teatral tan europeo, tan vienés mejor dicho, como es la opereta. De la opereta específicamente vienesa, los argentinos han hecho la comedia musical, la operatina, que es una amable mixtura de comedia ligera, o sainete frívolo, o vaudeville blanco. Con un libreto gracioso y con una hacecillo de melodías ligeras y pegajosas logran una deliciosa comedia musical. Leí no recuerdo dónde, y lo lamento porque cuando se omite la fuente no falta alguien que creyéndolo a uno más cuco de lo que es lo aclare con cómicos aspavientos, que un autor del siglo XV decía: "la comedia se ha hecho tan aburrida y tan despreciable, que si no es acompañada con las maravillas de los intermedios, no hay persona que la pueda sufrir. La razón de ello está en la gente sórdida y mercenaria que la ha reducido a vilísimo estado". Por este tiempo anda la aparición formal de la música en el teatro, más o menos cuando comienza a prosperar un teatro original italiano.

A España llegaron de Italia esas piezas de teatro en las que la música intentaba expresar las alegrías de la vida y la caricatura de las costumbres, que derivó hacia la creación de la tonadilla escénica, que empezó en dueto cantado, hablado y bailado, y terminó en sainetes de Ramón de la Cruz con música que expresaba, musicalmente lo alegre, lo cómico, lo bufo y lo grotesco. "Fue entonces que para dar un cierto reposo a los intelectos fatigados con la atención continua de las palabras de la comedia se agregó al espectáculo, o los mismos actores, hacían intervenir en los momentos en que les parecía. Cuanto más popular era la representación, tanto más gustada era la intervención de la música", dice Barrenechea en la Historia estética de la música.

De la tonadilla escénica los españoles pasaron a la zarzuela, género suyo inconfundible; los franceses crearon la ópera cómica o bufa, los vieneses la opereta con sus valses, y para que se vea que México ha estado siempre atento, vigilante y creador, entre nosotros fue muy popular de los sesenta a los ochenta, del siglo anterior, un espectáculo que entonces pasó por el colmo de lo frívolo, llamado comedias de figurón, que consistía en tomar cualquiera comedia de éxito e injertarle en las escenas en que al autor o a los cómicos les parecía oportuno, acordara o no con la acción, coros de óperas en boga, arias, dúos y concertantes de las mismas, por cantantes que nada tenían que ver con la comedia, y bailes con argumento. El más fecundo productor de este género fue un pintoresco hombre de teatro mexicano, autor de pastorelas, "arreglista" de cuanta obra francesa caía en sus manos, actor, bufo él mismo, al que alguna vez he de dedicarle las crónicas que merece: don Mariano Osorno.

Hace dos años, el popular, dinámico y emprendedor hombre de teatro, "Toledito", organizó para el Lírico una temporada de comedias musicales con Adriana Lamar y Manuel Medel como primeras figuras, otras más entre las que contaron Gloria Marín y Marina Tamayo, que hacían pequeñas partes y después escalaron las cimas mareantes del cine nacional, un cuerpo de baile que dirigía Pedro Rubín, etc., etc. El plan era sencillísimo: coger una obra francesa vaudevillesca, traducirla, reducirla a un acto e injertarle a la acción números de canto y baile. Ocho semanas duró la temporada de comedias musicales con ocho estrenos, surtidos los ocho –¡un estreno cada sábado! –por tres "arregladores": don Teodoro Ramírez, su hijo Pepito y yo mismo. Los números musicales los seleccionaba el maestro Federico Ruiz.

Pero a lo que estamos. La compañía de Gloria Guzmán y de Juan Carlos Thorry ofreció a México la primera comedia musical de la temporada. Se llama, y el título es lo de menos: Si Eva se hubiese vestido..., de los autores argentinos Sixto Pondal Ríos y Carlos Olivari, con música muy frívola, fácil, amable y pegajosa de Paul Misraki, probablemente compositor musical judío residente en la Argentina. El libreto es lo de menos; explota un asunto viejo en el teatro: una visita del diablo a la tierra, con sus naturales diabluras, y da ocasión a que brille la muy ágil inspiración del músico. Cada número es un halago para los sentidos: La mujer de mis ilusiones, que canta Thorry con voz chica, de timbre varonil, grato y con buen gusto; la Canción de amor, por Gloria Guzmán y Thorry; Una mujer, que canta –y dice– con la difícil facilidad de las mejores cancionistas, Gloria Guzmán; el fox-trot El corazón toma vacaciones, que cantan y bailan Gloria y Thorry; en fin, los concertantes Papá, papá... y Dígame don Panchito...

Gloria Guzmán, que fue algún tiempo vedette exclusivamente, es decir, tiple cómica a la francesa, y que pasó a la comedia frívola "buscando más amplio campo para sus hazañas" continúa siendo una gran intérprete de comedia musical, que además de hablar con el matiz múltiple que es característico en ella, baila con la gracia indefinible que requiere este género, y dice muy bien las canciones; tiene ya poca voz pero muy dulce, y la maneja con fina habilidad. Además, viste con exquisito gusto y usa de las joyas con discreción. Verla, oírla y sentirla, tan cerca de los ojos y tan lejos de la vida, como diría de ella el gran poeta y maestro, es un deleite para los espectadores.

Thorry, también excelente chansonier, es pareja ideal para Gloria, y Lalo Malcolm que durante largos años hizo el género operístico al lado de Esperanza Iris, es elemento insustituible al lado de la deliciosa vedette. Su diablo, personaje bufo naturalmente, sitúa a Malcolm como uno de los mejores actores del género.