FICHA TÉCNICA



Título obra Cumbres borrascosas

Notas de autoría Emily Bronte / autora de la novela homónima; Randolph Carter / adaptación teatral; Carlos Barrera / traducción

Dirección Luz Alba

Grupos y compañías Grupo Teatro Mexicano de Arte

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Referencia Armando de Maria y Campos, “A propósito de la representación de Cumbres borrascosas en Bellas Artes”, en Novedades, 30 septiembre 1946.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

A propósito de la representación de Cumbres borrascosas en Bellas Artes

Armando de Maria y Campos

El grupo heterogéneo de aficionados a representar comedias que se ha agrupado en torno de Luz Alba y se deja dirigir por ella –y es el mismo que ambiciosamente se autodenomina Teatro Mexicano de Arte–, viene representando en la sala principal del Palacio de Bellas Artes, y hay que decirlo, todo, ante escasísimo auditorio, una versión de la novela Cumbres borrascosas, de Emily Bronte, que el mundo entero conoce a través de una magnífica interpretación del cine norteamericano. Esta versión que ahora se presenta en México es una traducción, del poeta mexicano Carlos Barrera, de la adaptación teatral que de la misma novela hizo el escritor judío Randolph Carter, y que se representó en Nueva York hace doce o quince años.

Luz Alba es según el cronista valenciano de Mañana, don Juan Manuel Tort, "apóstol del teatro en México". Veremos por qué: "Luz Alba, dice, tiene una larga experiencia teatral. En Estados Unidos estudió arte dramático; figuró en lugar destacado, en varios elencos, y llegó a ser una magnífica actriz dramática de carácter. Junto con Catalina Bárcena y Gregorio Martínez Sierra actuó en varias temporadas en distintas ciudades de los Estados Unidos". Con lo reproducido basta para que el lector se dé cuenta de cómo no es raro el caso del periodista que publica lo que le dictan. Llegó a México Luz Alba y –según Tort– "se lanzó a la ímproba tarea de organizar una institución que con el nombre de Teatro Mexicano de Arte, montase las obras más salientes del teatro universal". Ha presentado la Salomé, de Wilde, y Casa de muñecas, de Ibsen, con Mary Douglas y Pita Amor. Dice Tort, y elijo a este cronista por lo que su opinión puede influir dada la tribuna que ocupa: "En sus dos temporadas Luz Alba ha demostrado que conoce a fondo el teatro y sus problemas, y que es una magnífica directora de escena. Sin ninguna ayuda oficial ha podido llevar al éxito, tras grandes sacrificios", etc. etc.

Después del estreno en Bellas Artes de Casa de muñecas yo escribí algunos comentarios que discordaron un poco en el coro de alabanzas que los cronistas cinematográficos metidos a críticos de teatro, cantaron a Luz Alba, "apóstol del teatro en México". En la revista Nosotros apareció una estupenda información gráfica y una nota informativa anónima, que decía dirigiéndose al supuesto lector: "Usted ya habrá leído las informaciones biliosas que acerca del conjunto de LA [Luz Alba] han perpetrado algunos cuartilleros de la crítica teatral mexicana. Están enojadísimos porque su compañía está obsequiando al público del país (sic) con el conocimiento necesarísimo, de las obras del segundo dramaturgo del mundo: Ibsen" (el otro, según el gacetillero, es Shakespeare), y –continúa– "se mesan los cabellos porque los actores que ocupan el Bellas Artes sean unos bohemios enamorados del arte, que, por otra parte no cuentan con un solo centavo para comprar determinada cantidad de letras impresas cargadas de elogios... Luz Alba no tiene la más mínima intención de gastar el poco dinero que guarda para sacar avante su temporada en comprar los juicios favorables de los cuartilleros enojados". La señora Luz Alba no rectificó al mendaz gacetillero anónimo. Se dedicó a buscar dinero para su próxima temporada, ésta que ahora se realiza. Ignoro quién o quiénes se lo proporcionaron, pero conozco alguna de sus gestiones.

En diciembre de 1945 se dirigió al Comité Nacional Alemanista en demanda de ayuda para montar Juan Gabriel Borkmann, de Ibsen, las Cumbres borrascosas que ahora presenta, Dios de venganza, de Sholom Asch y Deuda infinita, de Margarita Urueta. En el texto de su petición –que yo recibí en mi cargo de jefe de Prensa del Comité– se exponía que "actualmente resultaría un buen efecto en el ánimo popular si la Campaña Pro Alemán se interesara por las cuestiones artístico-culturales, financiando en este caso una temporada teatral de verdadera calidad y en el mejor de nuestros teatros en que el pueblo pudiera conocer las obras anteriormente citadas a precios accesibles y populares. Las que se desea presentar requieren gastos de montaje considerables; la cantidad solicitada es de $35,000.00, incluyendo en esta cantidad, sueldos de tramoyistas, electricistas (del Palacio de Bellas Artes), pintores. Los actores, así como yo, Luz Alba, no cobraríamos ningún sueldo, siendo nuestra recompensa el haber logrado un verdadero resultado artístico [párrafo incompleto en la recopilación original] cultural-artística la campaña Pro Alemán".

El licenciado don Miguel Alemán, entonces candidato a la presidencia, conoció la solicitud de ayuda de la señora Alba, y me pidió toda clase de datos, interesado, como siempre, en el curso de las actividades teatrales de México, anticipándome su pensamiento sobre esta materia, para cuando fuera al poder: "Impulsaré todo movimiento teatral que tenga una profunda raíz mexicana. Si se ha de hacer teatro con el apoyo oficial –lo mismo dentro que fuera de México– ha de ser empezando por nosotros y con elementos nuestros. Llamaremos a actores, autores y directores que estén identificados con nuestro pasado teatral, que sepan convertirlo en presente, y que le preparen a nuestra escena un porvenir digno de su rica tradición".

Todo un programa, que llevaremos a hechos, seguramente.

Unas breves líneas sobre Cumbres borrascosas. Se acentuó el clima sombrío de la obra, fané; el conjunto de intérpretes, inseguro, practicando una dicción que carece de fluidez, que brota de la garganta a borbotones, y corta el sentido de las frases. Se mueven, todos, con notoria artificialidad, como aficionados que son. Para un futuro más o menos mediato, sólo hay que contar con Mary Douglas, cuyos mejores momentos fueron detalles esporádicos.