FICHA TÉCNICA



Título obra El fantasma del miedo

Notas de autoría Sephan Zweig / autor del cuento Miedo; Julio Coterillo / adaptación teatral

Elenco María Teresa Montoya

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas

Notas Obra ya representada en Guadalajara en el Teatro Degollado el 25 de junio en honor de Maria Teresa Montoya y en beneficio del mismo teatro

Referencia Armando de Maria y Campos, “Miedo, un cuento de Stephan Zweig llevado al teatro por la Montoya”, en Novedades, 29 septiembre 1946.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Miedo, un cuento de Stephan Zweig llevado al teatro por la Montoya

Armando de Maria y Campos

El 25 de junio del presente año la primera actriz dramática María Tereza Montoya, celebró su función de honor y beneficio en el teatro Degollado, de Guadalajara con la que daba fin a una brillante temporada que había disfrutado el público tapatío, llevando a escena "un asunto" de Stephan Zweig, teatralizado por un autor poco conocido. en los medios teatrales mexicanos, Julio Coterillo. La pieza teatral de Zweig-Coterillo, El fantasma del miedo, se representó en Guadalajara únicamente la noche de honor de la Montoya, y con éxito.

Entre las obras nuevas que se anunciaron como novedades a los metropolitanos para representarse durante la temporada Fábregas-Montoya, que está en desarrollo en el teatro que fue de doña Virginia, figuraba en primer término la de Zweig-Coterillo, que, con la natural expectación por lo muy conocido de un nombre y lo ignorado del otro de sus autores, acaba de ser representada por primera vez en México, con éxito, como en Guadalajara.

Si la obra literaria de Julio Coterillo todavía no es conocida en México, su voz es familiar a todos los radioescuchas de la república que gustan de sintonizar el teatro que delante del micrófono hace la compañía de Pura Córdova. Julio Coterillo es el primer actor de este cuadro que cuenta con magníficos lectores de obras escritas para ser representadas. Julio Coterillo es de Sestao, pueblo de la provincia de Vizcaya, a orillas del río Nervión. Debe andar más cerca de los cincuenta años que de los cuarenta, pero de éstos, treinta ha consagrado al teatro, como actor "amateur" o aficionado. Un día he de traer a esta crónica la interesante historia de este actor por afición, a quien la guerra española empujó a México y que, apenas llegado al valle mexicano, solicitó ingresar en el cuadro Eugenia Torres, que dirige Pura Córdova y actúa ante los micrófonos de XEQ, y tuvo la fortuna de acomodarse como su primer actor. Como "una voz en el aire", Julio Coterillo está ya muy bien colocado y, en poco tiempo, su popularidad ha logrado hombrearse con la de doña Pura Córdova.

Ahora me interesa como autor. Una de estas noches me fue presentado por Ricardo Mondragón, en el Fábregas, cuando ambos ultimaban detalles del estreno de El fantasma del miedo, le pregunté cómo y por qué había escenificado un cuento de un autor X, en vez de escribir una obra original. Obtuve esta respuesta:

–Hace mucho tiempo leí un cuento de Zweig, titulado: Miedo. Desde aquel instante sentí el deseo de escenificarlo. Me resistí ante el respeto y la admiración que profeso al glorioso autor de teatro, narrador insuperable, el mejor biógrafo de su tiempo. Venció al fin mi deseo, y escribí esa comedia en tres actos que ahora se está ensayando en el teatro Fábregas y que se estrenará ante el público más inteligente en teatro que hay en América, el de México, dentro de unas cuantas horas.

Ha sido curioso el estreno de esta comedia, continuó Coterillo. Sabido es que los autores noveles, y yo lo soy, puesto que ésta es mi primera comedia formal, han de recorrer un penoso viacrucis para estrenar una obra. Este obligado "camino del Calvario", ha sido para mí un verdadero "camino de rosas", merced a la gentileza de doña María Tereza Montoya. No deja de ser curioso el estreno de mi comedia El fantasma del miedo.

Una vez que di los últimos toques a mi comedia, o que creí haberla concluido en todos sus detalles, dirigí una carta a la señora Montoya, diciéndole que, inspirado en un cuento de Zweig, había escrito una comedia en tres actos. Le preguntaba sí podía interesarle su lectura. Inmediatamente recibí contestación de la señora Montoya, diciéndome: "Me interesa conocer su obra". Como la señora Montoya se encontraba con su compañía actuando en Guadalajara, se la remití por correo. Días después recibí una nueva carta de doña María Tereza, lacónica, pero que a mí me dijo tantas cosas que equivalía a un puñado de pliegos escritos por ambas carillas, en la que me anunciaba que mi obra, y un poco de Zweig, sería estrenada en la noche de su beneficio, en Guadalajara. La señora Montoya no me conocía. Yo tampoco había tenido el gusto de saludarla nunca. Y la obra se estrenó en la fecha fijada y, creo yo, fue un éxito. Naturalmente que la mayor parte corresponde a la magnífica interpretación de la señora Montoya y de toda su compañía. Ahora el público de México dirá la palabra definitiva".

Sea cual sea el resultado, me dijo aún Coterillo, que sirva mi caso de ejemplo de aliento a los jóvenes autores mexicanos, que no deben olvidar que la señora Montoya y el señor Mondragón no tienen cerradas las puertas de su arte y de su protección a los que empiezan, aunque sea en el otoño, como yo, "nuevo" mexicano.