FICHA TÉCNICA



Título obra Mariana Pineda

Autoría Federico García Lorca

Grupos y compañías Grupo La Linterna Mágica

Espacios teatrales Teatro del Sindicato Mexicano de Electricistas

Notas Con motivo de la presentación en México de la primera obra teatral de Federico García Lorca, el autor cita pasajes de José Moreno Villa, sobre los días de García Lorca como músico

Referencia Armando de Maria y Campos, “Cómo era Federico García Lorca antes de escribir para el teatro ”, en Novedades, 28 septiembre 1946.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Cómo era Federico García Lorca antes de escribir para el teatro

Armando de Maria y Campos

Anoche estrenó el grupo teatral La Linterna Mágica en el teatro de los Electricistas la primera comedia de Federico García Lorca que obtuvo éxito en el teatro Mariana Pineda, estampa romántica, drama de la libertad decimonónica, que no se había representado en México. Lo estrenó en Madrid, en el teatro Fontalba, en octubre de 1927, la ilustre actriz catalana Margarita Xirgu, descubridora e incitadora teatral de García Lorca.

Varias resmas de papel han sido cubiertas con juicios sobre García Lorca, poeta y dramaturgo, después del estreno de Mariana Pineda o de la publicación de sus primeros volúmenes de poesía: Libro de versos, Canciones, Cancionero gitano, pero muy poco, tal vez por falta de datos, se ha escrito sobre el García Lorca, estudiante de la vida, la poesía y el teatro. Nada más oportuno ahora que se representa en México por primera vez su obra primeriza de teatro, que evocar al poeta estudiante en los días en que debe haberla escrito.

El catedrático de la Residencia de Estudiantes de Madrid, don José Moreno Villa, ha escrito magistralmente sobre aquellos días: "Nos reuníamos –dice– en el salón de conferencias o en alguno de nuestros cuartos", García Lorca cantaba y tocaba el piano y la guitarra. El piano lo tocaba muy bien y tenía un repertorio que iba desde lo clásico a lo moderno, pasando por "lo recién pasado". Dice Moreno Villa que "no todos los estudiantes le querían. Algunos olfateaban su defecto, y se alejaban de él. No obstante, cuando abría el piano y se ponía a cantar, todos perdían su fortaleza".

¿Cómo cantaba García Lorca? Así, según Moreno Villa: "Su voz mala, carrasposa y sembrada de afonías, pero emotiva, me hizo pensar algunas veces si para mover el sentimiento ajeno importaría muy relativamente la perfección del instrumento".

¿Cómo tocaba el piano Federico? Escuchad: "Se sentaba al piano, como un maestro, con pleno dominio. No importaba que entre pieza y pieza hiciera chistes y diabluras como un chico; recobraba el dominio en cuanto depositaba la yema de los dedos sobre la tecla. Tal vez la fascinación que producía era debida a la conjunción feliz de lo culto y lo popular, lo primario, infantil y fresco, entrelazado con lo reflexivo y riguroso. Tal cosa es muy andaluza, y pueden comprobarse en el torero, en el cantaor y en la bailaora. Alternan el frenesí dinámico y el hieratismo, la desbordante alegría y el sollozo. Pasan de la gracia al ay. Del juego a la muerte".

"Tocaba a Chopin, Schubert, Mozart, Debussy, Ravel o Falla. Pero le pedían que cantase alguna de las tonadillas del siglo XVIII o del XIX que estaba coleccionando, y el espectáculo adquiría perfiles de extraordinario". "La transfiguración que se operaba en él –dice Moreno Villa–, repercutía en nosotros. Ya no miraba las teclas. Levantaba la cabeza, cambiaba la mirada, de perdida en picante, de divagada en precisa, quebraba hacia atrás la cintura, alargaba los brazos, sonreía con su gran boca iluminada, y cantaba aquello de:

Corre que te pillo,
corre que te agarro,
corre que te lleno
la falda de barro...

"A la tercera o cuarta vez que le oí aquellas cosas, le dije delante de algunos amigos: Lo que usted debe hacer es tocar y cantar eso en público. La gente quedaría extasiada, como lo hemos quedado nosotros. Al principio le pareció un disparate, pero la sugestión mía buscó forma en su pensamiento y cuajó en aquella colaboración con la Argentina".

Para tocar la guitarra se exhibía menos. Le avisaba a muy escasos amigos. Y es que no cualquiera puede saborear el cante jondo. Además de que, según cuentan, Federico no tenía garganta para meterse en seguidillas, soleares y todo lo serio de este difícil cante. Antes de abandonar a Moreno Villa y su sabrosa, íntima charla sobre cómo era en la intimidad credora y efímera García Lorca, oigámosle una definición del gran poeta: "Federico era un alma musical de nacimiento, de raíz, de herencia milenaria. La llevaba en la sangre, como Juan Breves, Chacón o la Argentinita. Daba la impresión de que manaba música, de que todo era música en su persona. Aquí radicaba su poder, su secreto fascinador. Despedía música y, donde él caía o entraba, caía o entraba al arrebato levitante de su música. Y como este don tiene un valor universal, lo mismo se le abrían las puertas de Cuba, de Nueva York o la Argentina. Si su muerte alevosa me parece más inexplicable que la de cualquier otro literato español, es por eso. Nadie puede concebir que un pueblo elimine a un elemento humano que fue su deleite, su verdadero encanto".

Pero, García Lorca no morirá tan fácilmente. Vivirá en leyendas, en romances, en comedias y dramas. Un autor argentino, Eugenio Navas, ha escrito un drama en tres actos, escenificando –imaginativamente– su martirio en Granada: La muerte de García Lorca, y en Rusia el dramaturgo georgiano Gueorgui Mdivani, en su obra El alcázar, representada largamente en escenarios georgianos y rusos, creó la figura de un poeta popular sobre el modelo de García Lorca.