FICHA TÉCNICA



Notas Breve descripción del autor de los cafés cantantes españoles y definición del duende en el cante jondo citando un pasaje de Vida en claro de José Moreno Villa

Referencia Armando de Maria y Campos, “Boceto sobre los cuadros flamencos y definición del duende”, en Novedades, 21 septiembre 1946.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Boceto sobre los cuadros flamencos y definición del duende

Armando de Maria y Campos

El último número del tercer programa que presentan Antonio y Rosario y su grupo en el Bellas Artes, pretende representar un cuadro flamenco de café cantante andaluz. Intentará describir lo que fueron los cafés cantantes españoles.

Ya saben los enterados que el cante jondo estuvo reconcentrado en Jerez, y de Jerez, en los Colmados –tabernas donde también sirven comidas–. De Jerez –y de Cádiz– salieron para el resto de Andalucía primero, para Madrid y Barcelona después, cantaores y bailaores, y nacieron los cafés cantantes del Burrero en Sevilla, de Chinitas en Málaga. El que surgió en Barcelona estuvo capitaneado por el gitano y gran guitarrista valenciano Miguel Borrull.

En los cafés cantantes actuaban las bailaoras por "alegrías". Estaban en el tablado las bailadoras con sus trajes de percal con media cola y mantones de Manila. El tocaor y el cantaor –o la cantaora– en medio de ellos. Peinadas de diferente forma, coincidían en las patillas y en las flores en el pelo. En el pecho nunca se las ponen. Empiezan las palmas fuertes con rasgueo de guitarra. Se levanta la bailaora, ligera y nerviosa va al proscenio y hace un desplante. Las demás bailaoras con sus clásicos gritos y frases la animan y jalean. El cantaor le canta en este primer tercio:

Si fueras gitana pura
y la sangre te jirviera
cogieras tu mantoncito
y conmigo te vinieras...

La bailaora bracea y repiquetea los pies. Es la ofrenda ante el altar. El cantaor prosigue su canto:

Cuando vas andando
rosas y lirios
vas derramando.
Te quiero yo
más que a la mare
que me parió...

Para las palmas fuertes, el cantaor y la guitarra. La bailaora pasa sus manos abiertas desde la cintura a las caderas, como estímulo a los dedos para los pitos. El tocaor empieza las falsetas. Las palmas son ahora sordas. Es el segundo tiempo de la liturgia. La bailaora se pasea despacio con la cola arrastrando. Bracea y toca los pitos. Al volverse con movimiento de diosa, separa airosamente la cola. La guitarra acompaña el baile. De pronto, hace un repiqueteo con los pies. Empiezan las palmas fuertes. La guitarra rasguea, la cantaora –o el cantaor– vuelve a cantar. La bailaora se recoge con una mano la cola. Es el tercer tiempo. Repiquetea fuerte con los pies. Inicia con cintura y vientre un movimiento ondulante, y termina con un desplante... En los cafés cantantes no había más espectáculo que cante y baile flamenco. Pasando el tiempo el espectáculo cambió. Hubo cuadro flamenco, canto y baile. Un cantaor, un bailaor, una Murga Gaditana, en la que alternaron los célebres Perico el de las Viejas Ricas, Minguerance, Peralta y Reguera; un cuadro de bailarinas, entre las que figuró Amalia Molina, que vino a México en 1907 y en 1922; otro con las Macarronas y la Malena, que estuvo en París, Berlín, Viena, Londres, Roma y hasta en San Petersburgo...

Lo esencial de estos cuadros flamencos era el "duende" de todos sus componentes. Sin "duende" no hay cante jondo. No me atrevo a aventurar una definición propia. Debe hacerla un andaluz de raza. Tengo una a la mano, escrita en México. La escribió José Moreno Villa, y la tomo de su libro autobiográfico Vida en claro. (Ed. de El Colegio de México, 1944). Es ésta:

“Quien vive en Andalucía está bañado desde niño de cantares, porque cantan las criadas y cantan los campesinos. Pero los aficionados saben que el cante jondo tiene su momento, su hora justa; que sobre el cantaor no desciende el espíritu santo sino al sonar ese instante y además, que no todo cantaor tiene "duende". En Andalucía se habla mucho del "duende". Yo le hice un poema, y, años después, el pobre de Federico García Lorca le dedicó un estudio muy sabroso, lleno de citas. Según él, Manuel Torres le dijo a uno que cantaba: "Tú tienes voz, tú sabes los estilos, pero no triunfarás nunca porque no tienes duende". Y el mismo Torres dijo escuchando al propio Falla su Nocturno al Generalife, esta espléndida frase: "Todo lo que tiene sonidos negros, tiene duende..." Federico García Lorca cuenta que le oyó decir a un viejo guitarrista: "El `duende’ no está en la garganta, el `duende’ sube por dentro, desde la planta de los pies... En resumen –termina la cita de Moreno Villa– el `duende’ es un poder misterioso, un poder de la sangre que no se compra ni se aprende”. Hoy los cuadros flamencos actúan en los cabarets, lo mismo en Sevilla que en Madrid, en Barcelona que en Buenos Aires, en París que en Nueva York. Y para su conveniencia, todos y todas, cantaores y cantaoras, tocaores, bailaoras o bailaores, no importa que tengan el pelo más pajizo que un irlandés, son gitanos. Y muchos de estos artisas, excelentes. Pero, ¡cuántos tienen "duende"?... ¡A qué pocos les sube desde las plantas de los pies ese calosfrío misterioso que hace del cante y baile flamenco un espectáculo único en el mundo para los sentidos y para el alma!...