FICHA TÉCNICA



Elenco Los Chavalillos Sevillanos, Antonio y Rosario

Espacios teatrales Palacio de Bellas Artes

Eventos Tercer programa de baile de los Chavalillos Sevillanos

Notas Comentarios del autor a los bailes de los Chavalillos Sevillanos con los fragmentos de una entrevista realizada por el autor a Antonia Mercé Argentina

Referencia Armando de Maria y Campos, “La lección de la “Argentina” debe aprovechar a Rosario y Antonio, el tercer programa de los chavalillos sevillanos”, en Novedades, 19 septiembre 1946.




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Novedades

Columna El Teatro

La lección de la "Argentina" debe aprovechar a Rosario y a Antonio, el tercer programa de los chavalillos sevillanos

Armando de Maria y Campos

Reanudé la transmisión de los sabios consejos de Antonia Marcé al regresar de Bellas Artes de presenciar el tercer programa de la breve temporada que en nuestro gran coliseo vienen haciendo Antonio, Rosario y su grupo, compuesto por dos bailarinas, un danzarín, un guitarrista y un pianista acompañantes. Y sigo considerando las palabras de "Argentina" de una urgente eficacia.

El nuevo grupo de danzas que acaba de presentar el grupo de Antonio y Rosario, muy bien vestido, aunque todos los figurines parezcan construidos para dar la impresión de una España como la sueñan los norteamericanos, no es inferior a los anteriores, pero tampoco superior. Y sí más discutible en su pureza coreográfica. Algunos bailes –la Granada, de Albéniz, La revoltosa, de Chapí, la Rapsodia valenciana–, son minúsculas pantomimas; las Danzas fantásticas, sobre música de Turina, forman un ballet de estilo ruso, menos español que como lo hubiera entendido Massine, por ejemplo, cuya interpretación de El sombrero de tres picos tanto parece haber influenciado a Antonio para la suya y tan eslavo como lo hubiera puesto un ruso que desconociera España; igual podríamos opinar de los tres trozos de Goyescas, de Granados, interpretados al través de una coreografía vagamente española, pese a la magnífica intervención de las castañuelas, que los ex Chavalillos van en camino de dominar.

Al final de cada acto se presentaron sendos cuadritos hablados, cantados y bailados. El regreso de Nueva York –hecho sobre una idea que seguramente no pudo realizar "Argentina"–, gracioso, pero con esa falta de madurez, como si le faltara un "punto" a su solera, de que adolece el espectáculo de estos sevillanos adolescentes que se han hecho lejos de España. Al Cuadro flamenco final le falta... "duende". Estos pequeños reparos hechos en atención a la importancia que se le pretende dar al espectáculo de Antonio y Rosario, no restan mérito al aventajado mérito que ya tienen los jóvenes bailarines sevillanos.

Para ellos, casi, traigo a esta crónica las olvidadas, oportunas y sabias lecciones de "Argentina", que sin ser caló tenía tanto ¡"duende"!...

"¡Hay tanto misterio en la danza! –nos dijo entornando sus ojillos tan bailarines como toda ella–. Y... parece que la estoy oyendo continuar, lentamente para que pudiera trasladar al papel sus palabras: "En España lo expresa todo. Hay una danza para festejar una buena cosecha, y esto lo comprenden todos. Pero hay otras, por el contrario, que se bailan cuando la cosecha ha sido mala.

"Observé con tristeza –¡atención, que viene lo más jugoso de su cátedra!– en mis últimos viajes a España, que la danza está en retroceso. No sé exactamente qué explicación dar a este fenómeno lamentable. Los jóvenes la cultivan cada día menos. Algunas danzas se pierden. Yo he resucitado varias, pero hay muchas que no resurgirán y esto me entristece.

"Un día, en Salamanca, me hablaron de una danza que ya sólo era conocida por un solo hombre en toda la región. Fui a verlo; tenía sesenta años y aquella danza era para él un recuerdo de su juventud. Le rogué y le supliqué tanto que al fin consintió en enseñármela. Confieso que muy pocos jóvenes hubieren podido rivalizar victoriosamente con ese bailarín extraordinario. Me enseñó esa danza y ahora forma parte de mi repertorio y es una maravilla. Pero, al telado de ésta, que salvé felizmente, hay otras muchas que están a punto de desaparecer, y por las que nadie se preocupa".

Otros muchos temas desarrolló la Mercé en aquella charla para mí inolvidable. Ajena a su próximo fin, hizo su propio elogio al hacerle justicia a la Pavlowa. Las palabras que dedicó a la gran Anna, son las que merece Antonia mejor que nadie.

Me dijo que el único país del mundo en donde se hace algo por el arte popular de la danza es Rusia. Y, además, sobre el plano de la danza española, España y Rusia tienen muchos puntos de contacto, y por lo que se refiere a mí no olvidaré nunca que fueron los rusos los que recibieron triunfalmente a una "Argentina" principiante y desconocida. Hay un cierto parentesco de danza, entre los dos paíes, y se encuentran en Rusia y en España ritmos semejantes. Pero tal vez el español se divierte más que el ruso, aunque los dos conocen la danza lenta, dramática y dolorosa, llena de emoción y de una aguda tristeza.

"Quiero señalarle de paso el don maravilloso que es muy raro encontrar y que, cuando aparece en los bailes clásicos, pertenece a los rusos; ese don absolutamente indefinible, una cualidad casi sobrehumana, que ha producido a una Pavlowa, el genio más puro de la danza. Ninguna bailarina, por refinada que haya sido su técnica, ha llegado siquiera al tobillo de la Pavlowa. Porque la Pavlowa, maestra de la técnica, tenía un alma que expresaba todo más allá de lo que podía expresar cualquier otra".

Mañana traeré a esta misma página, las palabras de otra gran artista española de la danza, Tórtola Valencia, y que también encierran una gran lección para todos los cultivadores, jóvenes o viejos, del más puro de los artes, de ese arte del que no se puede hablar tranquilamente, de la danza.