FICHA TÉCNICA



Título obra Chofer... al Tívoli

Autoría Alfredo Robledo, Rodolfo Sandoval y José Vázquez Méndez

Elenco Rosita Fornés, Elisa Berúmen, Mary Christy, Velia Martínez, Manuel Medel, Óscar Pulido, Jasso, Manuel Pineda, Ferrusquilla, los mariachis de Marmolejo

Eventos Inauguración del teatro provisional, Tívoli

Notas Comentarios del autor sobre los espacios provisionales de espectáculos

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno del teatro Tívoli e inauguración de la temporada de revistas frívolas”, en Novedades, 15 septiembre 1946.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno del teatro Tívoli e inauguración de la temporada de revistas frívolas

Armando de Maria y Campos

Durante años, mejor dicho, siglos, la ciudad de México tuvo por único centro de espectáculos la Casa de Comedias o Coliseo, que después fue teatro Principal. Hasta que México fue independiente, políticamente, la capital pudo contar con otro coliseo, que fue el Teatro de los Gallos, inaugurado en octubre de 1822, habiéndose anunciado: "Teatro en el Palenque que fue de los Gallos", porque ese teatro fue formado en el local que había servido como plaza de gallos durante la Colonia, en las calles de las Moras o Celaya, ahora de República de Colombia. Este primer teatro provisional, precursor de los "jacalones" o "carpas", fue construido de madera y logró que el público de la metrópoli le diera un relativo esplendor por la calidad de las compañías que actuaron en su escenario por falta de otro local en que hacerlo. Lo destruyó un incendio...

El segundo teatro, más o menos provisional, que tuvo México, fue el teatro de Nuevo México –o teatro Nuevo–, inaugurado en mayo de 1841, por cierto con el estreno de la primera comedia de nuestro Fernando Calderón, El torneo, por una compañía española que dirigían los actores españoles Francisco Pineda y Fernando Martínez. La vida del teatro de Nuevo México –que estuvo en la que es ahora 1a. calle de Artículo 123– fue larga y accidentada, y su éxito se debió a que entabló verdaderas competencias con el Principal primero, con el Iturbide y el Nacional, después.

Luego, más metido en los espectáculos –circo, maroma y teatro– el público de la metrópoli, que crecía a ojos vistas, se levantaron teatros provisionales en casi todos los barrios de la ciudad, siendo de los más famosos el llamado del Reloj, por estar en una de las calles de ese nombre –ahora de República Argentina–; éste, como tantos del siglo pasado, se improvisó en el vasto patio de una casa de vecindad. Servían éste, y todos los demás que no cito para no hacer la lista interminable –los más importantes fueron el de Oriente, el de los Autores, el de la Esmeralda, después de la Fama y finalmente Hidalgo– para toda clase de espectáculos, de preferencia el circo, por lo que su piso era de tierra floja; muchas veces el público tenía que llevar sus asientos. Después de la caída del Imperio se hizo famoso, por sus escándalos, el teatro Novedades, en las calles del Seminario, en cuyo escenario se bailó, por primera vez, la más sicalíptica de las danzas de la época, el cancán, que ahora –figuró entre los números de inauguración del Teatro Tívoli, que da ocasión a estos recuerdos– se ve como una de las danzas más honestas e incoloras.

No obstante que años después la capital contó con varios locales construidos para teatros, abundaron los provisionales o "jacalones" por todos los rumbos de la ciudad; el Riva Palacio, frente al mercado de San Juan; el famosísimo María Guerrero o Lelo de Larrea, mejor conocido por "María Tepache"; el Apolo, en que se hacía sicalipsis, después bautizado "Rosa Fuertes"; el Guerrero, el Briseño, el Guillermo Prieto; el Cervantes y el Casino, que cuando llegó el cine, dejaron a Thalía, y se pasaron a la pantalla. En todos ellos se hicieron grandes artistas mexicanos, desde Soledad Aycardo y Beristáin, hasta Cantinflas y la Wilhelmy. Estos, en los más recientes tiempos de las carpas Ofelia, Procopio, etcétera.

El viernes se inauguró un nuevo teatro provisional, el Tívoli, en la primera calle de La Libertad. Lo han construido dos hombres de empresa, dedicados a negocios teatrales, los señores Iracheta y Manccini, y cuando quede concluido, probablemente será cómodo. Por ahora todo en él está a punto de concluirse y todo tiene la apariencia de provisional. Hasta la compañía que lo inauguró, formada con elementos de diversas categorías, que han actuado con éxito en nuestros teatros, en distintos espectáculos, y en las radiodifusoras, a las que no pudieron llevar el teatro y en cambio están trasladando a la escena los "programas" de radio en que han destacado. Figuran en la compañía Rosita Fornés, Elisa Berúmen, Mary Christy, Velia Martínez; Medel, Pulido, Jasso, Manuel Pineda, Ferrusquilla, los mariachis de Marmolejo, parejas de baile, muchachas de conjunto. La compañía se presentó durante una sucesión de cuadros titulada: ¡Chofer... al Tívoli!, cuyo libro, original de Alfredo Robledo, Rodolfo Sandoval y José Vázquez Méndez, no llegó a estrenarse, tal vez a causa de las naturales prisas de la inauguración. En su lugar se representaron, sketchs conocidos y abundaron los bailes; se representaron algunas escenas de Madame Butterfly, de Puccini.

Se anunció que asistirían –madrinas y padrinos del acto– nuestras luminarias del cine, pero sólo acudieron segundas figuras, todas extranjeras, excepción de Fernando Soler, que desertó del teatro, y fue objeto de una entusiasta ovación por parte del público de las alturas, el que seguramente jamás lo vio actuar en la escena. Espontáneamente se presentó el viejo ídolo del "María Tepache", el "Cuatezón" Leopoldo Beristáin, ya retirado del teatro, y habló con conmovida sinceridad, recordando sus mejores tiempos. Fue largamente celebrado.

Durante el intermedio se desarrolló el acto oficial de la inauguración, que consistió en que la estrellita Emilia Guiú, bella y graciosa, rompiera una botella de sidra en un banquillo de piano, colocado previamente en el centro de la escena. La rodeaban Fernando Soler, Carlos López Moctezuma, el astro norteamericano Buster Keaton, y las actrices del cine Consuelo Guerrero de Luna, Pepita Serrador, Miroslava Sternova...

Afuera, el pueblo pugnaba por adivinar lo que pasaba en el interior del Tívoli. No había podido entrar. Los precios de entrada fueron diez pesos en luneta y uno cincuenta en galería.