FICHA TÉCNICA



Título obra Únicamente la verdad: la verdadera historia de Camelia la Texana

Autoría Rubén Ortiz Torres / libreto; Gabriela Ortiz /música

Dirección Mario Espinosa

Elenco Nieves Navarro, Arturo López, Gerardo Reynoso, Guillermo Ruiz

Coreografía Alicia Sánchez

Eventos XXVI Festival de México

Referencia Noé Morales, “Únicamente la verdad”, en La Jornada Semanal, 4 abril 2010.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

La Jornada Semanal   |   4 de abril de 2010

Columna El mono de alambre

Únicamente la verdad

Noé Morales

Para Darshan: pura piel

I

La invitación a la ópera supone, para casi cualquier crítico de teatro, una oportunidad para desafiar los propios prejuicios o, en todo caso, para reforzarlos y continuar apuntalando sus pruritos en torno a una manifestación escénica que, más allá de generalizaciones, acopia una serie de convencionalismos que se antojan anacrónicos dada la evolución del arte escénico durante el último medio siglo. Es natural traer a colación un texto im prescindible en este sentido, no sólo porque testimonia la experiencia del crítico de teatro ante un montaje operístico, sino porque da fe de una escritura excepcional y gozosa: hablamos de Ibargüengoitia a l'òpera, original del escritor que posicionó a Cuévano en el imaginario de la literatura nacional y que pasó por la crítica escénica como un rayo hiriente y fulgurante. Efectivamente: uno recibe la invitación a la ópera y no quiere deslindarse del referente ibargüengoitiano, por prejuicioso y porque prefiere acudir con la espada de la ironía desenvainada y lista para documentar un estado de cosas que supone anclado a la decrepitud. Y ha de llevarse, como una suerte de castigo poético pero tam bién como una sorpresa sonriente, un desmentido contundente.

II

Al crítico prejuicioso y arrogante le sale el tiro por la culata: Únicamente la verdad: la verdadera historia de Camelia la Texana, más allá de objetivar una mirada alrededor de la mitificación popular de las figuras históricas del narcotráfico en nuestro país, es también un ejercicio autorreferencial que examina, sardónica y festivamente, el cúmulo de convenciones, mecanismos poéticos, características expresivas y referencias superpuestas que, en conjunto, constituyen el marco referencial con el que el fenómeno operístico es contemplado generalmente, para desde allí urdir una crítica que se despliega en un plano bifronte. El primer frente sería, desde luego, el propio género, que tan poca contemporaneidad se ha allegado a lo largo de los siglos. Y el segundo tiene que ver con el derribo, o al menos el asedio y la amenaza, de la sucesión de juicios sumarios y arbitrarios con los que el especialista y el diletante tendiente a signar las aspiraciones cosmopolitas de cierto sector de nuestra pequeña burguesía se enfrentan a cada montaje operístico no dirigido por Giorgio Strehler, Peter Stein o, al menos, Ludwik Margules.

III

Escrita en 1995, cuando la infiltración del narco en los diversos estratos de la sociedad y de las instituciones no alcanzaba la profundidad ni la barbarie de hoy en día, Únicamente la verdad podría acusar algo de desactualización y candidez. Pero en esencia se trata de un estudio disectivo acerca de la mitificación a la que, ya sea desde el oficialismo o desde el underground, se somete a ciertos arquetipos de un imaginario delictivo que, como el mexicano, equivale y casi siempre rebasa empáticamente al de su contraparte, supuestamente aliada con la justicia y el orden. Con base en esta postura, la obra de cámara (presentada en el marco del Festival de México) revisa, sin un apego documentalista, los ángulos múltiples del mito que ha originado mil y un historias en el marco de la tradición oral, con el corrido de Los Tigres del Norte como buque insignia. El examen se desdobla para desacralizar a los actores de la leyenda, para abordar, aunque sea tímidamente, el impacto de la narcocultura en la sociedad, y para criticar el papel de los medios en la banalización amarillista y desinformativa de los hechos . Y dicha desacralización implica también una tentativa que alcanza al propio género operístico: en ella cabe que los personajes se refieran con sarcasmo a los propios creadores (Rubén Ortiz Torres en el libreto, Gabriela Ortiz en la composición, incluso José Areán como concertador), y que en los parlamentos cantados quepan, por ejemplo, un “no mames”, una “pinche vieja” y un “está de la chingada”. Si a lo anterior au namos una presencia desacartonada de los intérpretes (Nieves Navarro, Arturo López, Gerardo Reynoso, Guillermo Ruiz) y una construcción rítmica que deviene fluida, merced al trabajo de Mario Espinosa en la dirección y de Alicia Sánchez en la coreografía, podemos desprender que Únicamente la verdad refresca la oferta operística de un país que precisa de renovación en todos los ámbitos, principalmente en algunos que el montaje señala como corruptores y contaminantes del sistema que los cobija.