FICHA TÉCNICA



Notas Entrevista con el dramaturgo y director Gabriel Brito

Referencia Noé Morales, “Ola Nueva IV: entrevista con Gabriel Brito”, en La Jornada Semanal, 27 diciembre 2009.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

La Jornada Semanal   |   27 de diciembre de 2009

Columna El mono de alambre

Ola Nueva IV: entrevista con Gabriel Brito

Noé Morales

A escasos días de que concluya el año, Acapulco vuelve a ser sede de la serie de lecturas dramatizadas, talleres y conferencias agrupadas en torno a Ola Nueva, el ciclo ideado por Gabriel Brito que cumple ya su cuarta edi ción. En medio de los preparativos finales previos al inicio del evento, que este año cuenta entre sus participantes destacados a David Olguín y Fernando Martínez Monroy, Brito accede a reflexionar sobre este cuatrienio, sobre las repercusiones de la exposición de la nueva dramaturgia ante los teatreros locales y sobre la perspectiva del teatro guerrerense en la actualidad.

–Al cabo de cuatro años de Ola Nueva, ¿qué desafíos has tenido que sortear en una localidad que es conocida más como destino turístico que como punto de referencia cultural? ¿A qué has tenido que enfrentarte para sacar adelante este proyecto?

–A la indiferencia, sobre todo, incluso la de quienes ocu pan cargos en instituciones culturales. Nadie considera al teatro una opción de entretenimiento, ni de enriquecimiento cultural, ni de intercambio de ideas, ni de fortalecimiento social. Las autoridades de gobierno responden a las necesidades materiales tangibles: reparan una calle, donan láminas y colchones en las colonias de la periferia, reparan los señalamientos de tránsito en el área turística. Pero casi nadie suele estar dispuesto para la experiencia artística. Ni siquiera los artistas, muchos de los cuales prefieren los eventos del pseudo jet set local, plagados de reporteros de sociales. Claro, también hay gente motivada y ocupada en producir y promover el teatro. Son pocos pero existen, y es gracias a ellos que sobrevive esta actividad. Entre ellos hay maestros, promotores de cultura, creadores de arte y algunos funcionarios conscientes.

–¿Cómo valoras la repercusión que ha tenido entre la gente de tu localidad? ¿Cuáles son los retos más significativos de cara a las siguientes ediciones?

–Ola Nueva es un encuentro que aproxima el trabajo de los teatristas guerrerenses y el de los dramaturgos jóvenes mexicanos a un público poco habituado a la escena. Los aproxima y los pone a dialogar, a cuestionar, a escucharse, a estrecharse la mano. Durante unos días al año (en un principio era una semana, ahora hemos tenido que limitarnos a cuatro días), es posible darle ese sentido de comunidad al gremio teatral, incluido el público, convidado al debate y a la reflexión. Definitivamente, ahora debemos lograr que perdure, que este evento sea considerado dentro de los presupuestos de arte y cultura municipales, estatales y nacionales. El equipo organizador debe generar redes que afiancen la labor de gestión y apoyo. Actualmente, hay una gran credibilidad en Ola Nueva. La primera vez que planteamos el proyecto muy pocos creyeron que fuera a realizarse. Considero que debemos fortalecer la parte artística, programar talleres para los actores y directores teatrales de Guerrero que participan. También creo que debe diseñarse una mejor estrategia de intercambio y convivencia que permita generar un enlace más directo y fuerte entre el movimiento teatral guerrerense y el nacional.

–¿Es posible hablar de un teatro regional guerrerense?

–Sí, aunque generalmente por la vía no oficial, sin ser parte del reporte de investigación social y estadística. No creo que exista formalmente un ideal, estilo o política de producción o promoción que genere una taxonomía teatral por regiones en México, en términos oficiales. La gente hace teatro muchas veces sin saberlo, las personas se reúnen por motivos cívicos o religiosos y producen montajes donde participa media comunidad, con la finalidad de festejar a un santo o de conmemorar una lucha. Esa parateatralidad también existe y es significativa para esa región, para ese pueblo y bajo esas circunstancias. Ese teatro alimenta la necesidad del ritual escénico. En Guerrero, en la región de Tierra Caliente, se montan pastorelas en honor a la virgen cada doce de enero; los libretos de esas obras son una herencia antiquísima que guardan los ancianos en la memoria y que ha pasado de generación en generación. Mi abuela fue parte de esos elencos, y ella sabe que lo que hacían eran obras de teatro, aunque ni de broma le suene el nombre de Antonin Artaud.