FICHA TÉCNICA



Notas Entrevista con el actor, director y dramaturgo argentino Daniel Veronese

Referencia Noé Morales, “Entrevista a Daniel Veronese (I de II)”, en La Jornada Semanal, 6 septiembre 2009.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

La Jornada Semanal   |   6 de septiembre de 2009

Columna El mono de alambre

Entrevista a Daniel Veronese (I de II)

Noé Morales

Referente indiscutible de la escena iberoamericana actual, Daniel Veronese (Buenos Aires, 1955) ha extendido sus intereses por territorios diversos de la teatralidad. Actor, director, dramaturgo, fundador junto con Emilio García Wehbi de la compañía El Periférico de Objetos, Veronese ha pergeñado textos y espectáculos que lo han situado como uno de los hombres de teatro más influyentes de la región. Recientemente, y a semejanza de lo realizado anteriormente con elencos de Buenos Aires y Madrid, Veronese emprendió el montaje de su texto Mujeres soñaron caballos con un equipo mexicano, lo que se tradujo en un éxito casi unánime de público y de crítica. En el marco del pasado Festival de México en el Centro Histórico, y a unos minutos del estreno de la pieza en el Teatro El Galeón, el teatrista argentino despejó un área de la escenografía y, en pleno espacio de la ficción, concedió la siguiente entrevista.

Con el antecedente de la puesta en escena de esta obra con equipos creativos de otros países, ¿cómo fue la experiencia de escenificar Mujeres soñaron caballos en México? ¿Hubo algo que del texto se resignificó a partir de esta experiencia mexicana?

Empezaría por decir que quizás este montaje haya sido el más fluido de los tres que se han hecho hasta la fecha. Quizás se deba a que tengo el texto muy asimilado e interiorizado desde hace tiempo, pero de ninguna manera quisiera soslayar el trabajo de los actores, que demostraron ser entusiastas, rigurosos, entregados. Y si un grupo de actores que me eran casi desconocidos fluyeron tan naturalmente al interior de la obra, llegué a la conclusión de que aquellos personajes que había dibujado tiempo atrás seguían teniendo sentido y pertinencia. Creo que lo que este equipo me regaló fue justamente esa conexión personal que cada uno de ellos tuvo con la obra.

¿Esa conexión personal tiene que ver de alguna manera con la violencia y con su gestación, uno de los temas que parecen centrales en la obra? Después de todo es un asunto cotidiano en este país…

No lo creo. Para el caso, Argentina es un país igualmente atravesado por la violencia, como sucede en realidad con todo el mundo, aun cuando haya sitios como España, por ejemplo, en los que la sangre parece estar más seca y en donde muchas veces se prefiere mirar hacia otros lados. La familia de Mujeres…, me ha quedado claro, podría radicar en cualquier lado, en tanto que es un microcosmos que nos recuerda que el mundo se está cayendo a pedazos.

Hay un rasgo formal evidente en algunas de tus últimas puestas (Espía a una mujer que se mata y Mujeres..., por ejemplo) que se relaciona con tu manejo de escenas en simultáneo. ¿Qué radica debajo de ello?

Como forma, evidentemente, no me serviría; se trata más bien de conseguir una coloratura que cree la ilusión de que lo que se presencia puede parecerse a la realidad. Y ello sucede en Mujeres… pese a que la escenografía es casi televisiva en cierto modo; atribuyo esta sensación de realidad, en primera instancia, a la proximidad física del público con los actores. Y en segunda, y más importante quizás, a que la simultaneidad que conformamos trata de reproducir fielmente nuestra manera de relacionarnos y de convivir: a empellones, sin conciencia del otro y sin voluntad real de escucharnos. No se trata de ensuciar la comunicación o de comunicar mal, si no de comunicar lo mal que nos comunicamos.

Otro signo, acaso, de que el mundo se cae a pedazos...

El mundo se cae a pedazos y el teatro no puede hacer nada contra ello. Pero lo que sí puede hacer –y esto lo convierte en un lugar de privilegio– es mostrar los detalles aparentemente insignificantes que en su acumulación contribuyen a este estado de cosas. Y estas cosas insignificantes para muchos son las que más me interesan y las que creo fundamentales: las imágenes, las emociones que articulan una dramaticidad que aspira a ser revolucionaria para el espectador. Y creo también que si estas revoluciones son viables lo serán si el teatro se concentra en esos gestos mínimos, en esos temas en apariencia pequeños. Considero que los posibles efectos del teatro sobre el espectador pasan por revelar la existencia de aquellas realidades que residen en lo que llamamos normalidad. Una normalidad que cada vez me parece más absurda e insensata, al grado que el teatro se vuelve incapaz de reflejarla fidedignamente. Y entonces, supongo, hay que reflejar otras cosas…

(Continuará)