FICHA TÉCNICA



Notas El crítico comenta el inicio de actividades de la Compañía Nacional de Teatro, con la dirección artística de Luis de Tavira. Considera aspectos, presupuestales, de repertorio, de concepción y de funcionamiento

Referencia Noé Morales, “Compañía Nacional de Teatro (I de II)”, en La Jornada Semanal, 3 mayo 2009.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

La Jornada Semanal   |   3 de mayo de 2009

Columna El mono de alambre

Compañía Nacional de Teatro (I de II)

Noé Morales

Renació de sus cenizas marcada por la polémica y por el escepticismo de buena parte del gremio. Tras varios años de letargo, la Compañía Nacional de Teatro ha dejado las tinieblas y, guiada por la mano de Luis de Tavira, ha inaugurado su nueva etapa con la apertura de una sede en Coyoacán y con la presentación de sus dos primeros montajes: la escenificación a cargo de Héctor Mendoza de Pascua, de Strindberg, y la puesta resultante de una residencia fugaz de los directores suizo-colombianos Rolf y Heidi Abderhalden: Ni el sol ni la muerte pueden mirarse de frente, basada en un texto del dramaturgo libanés avecindado en Canadá Wadji Mouawad. Imposible desmarcarse de los ejes rectores de dicha polémica. De entrada, su presupuesto amplísimo en relación con los estándares de precariedad que aquejan al teatro mexicano hoy en día. Los datos y cifras que han logrado filtrarse y circular entre la comunidad teatral en medios principalmente electrónicos, señalan que mientras la Coordinación Nacional de Teatro del INBA ha sufrido un recorte del treinta por ciento en su presupuesto de este año (dejándolo en 22 millones de pesos, con los que ha de financiarse buena parte del teatro capitalino, el Programa Nacional de Teatro Escolar, La Muestra Nacional de Teatro y alguna escasa porción del teatro que se genera en los estados), la CNT cuenta con un presupuesto de 18 millones de pesos para su funcionamiento en el mismo período. La comparación estadística resulta a todas luces desproporcionada y señala, en primera instancia, un rasgo sintomático que podía hacer prever la falta de correspondencia entre la CNT y la realidad teatral dentro de la que, se supone, ha de desenvolverse y a la que ha de servir, también se supone, como referente.

El aspecto presupuestal ya señalado repercute sin duda en algunos de los postulados de la dirección artística comandada por De Tavira, quien ha retrotraído a este presente incierto un concepto de compañía que pareciera más acorde a tiempos idos o, en todo caso, a realidades nacionales sumamente distintas a las que dictan el curso del país en todos sentidos. “¿Qué sería de los hombres sin el teatro? ¿Quién va a revelarles el secreto de su zozobra interior?” refiere Luz Emilia Aguilar (Excélsior, 26/02/09) que formuló De Tavira en la inauguración de la sede de la CNT. Se deduce que la respuesta a la segunda pregunta la dará específicamente el ente que para De Tavira dictará o definirá los cánones del teatro nacional, y que no es otro que la CNT bajo su mando. Mediante ese axioma, De Tavira parece asumir enteramente la responsabilidad de reposicionar al hecho escénico en el centro de las actividades artístico-culturales de un país atomizado y convulso socialmente. La postura es claramente excesiva y cuestionable. ¿En verdad puede una sola agrupación cargar con una misión –si fuera viable– de tal envergadura? En todo caso, ¿es mediante los mecanismos de funcionamiento que hasta el momento han regido a la CNT que dicha meta podría cumplirse medianamente? ¿Desde qué arista han de insertarse otras voces, si las hubiera, que compartan esa vocación redentora para el teatro que De Tavira parece enarbolar, pero que difieran en los modos estéticos y éticos para plasmarla en la escena? ¿Es a través de una CNT estructurada verticalmente y afincada en el centro simbólico del centro fáctico del país que se puede impactar a la comunidad teatral de toda una federación, hecho cuando menos deseable dado el carácter nacional de la compañía?

Se entiende imposible y precipitado evaluar un proyecto pensado para el mediano plazo sólo a partir de sus dos primeros frutos escénicos. Sin embargo, lo visto hasta el momento lega más dudas que certezas, tanto para calibrar los montajes en sí mismos como su inserción dentro de un conjunto más amplio y con una misión definida, teóricamente, con alguna claridad. Ni siquiera uno de los aspectos ponderados como encomiables dentro de la conformación de la CNT, que es el de dotar a cuarenta y tres de los actores más valiosos del país de una paga digna que les permite salir de años de zozobra económica y dedicar enteramente sus esfuerzos al oficio teatral, se ha visto reflejado en una actoralidad distinta ni mucho menos paradigmática, cualidad que De Tavira parece querer como rasgo particular de la CNT. No ha sido, pues, con los dos montajes presentados hasta ahora que se ha disipado la polémica y el escepticismo.