FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios del crítico sobre los libros Memorias: Olga Harmony. Conversaciones con David Olguín, de David Olguín; Doble vista, de Juan Tovar; y Hacer teatro hoy, de Luis de Tavira. A propósito del quince aniversario de la editorial El Milagro

Referencia Noé Morales, “El milagro: XV años”, en La Jornada Semanal, 20 mayo 2007.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

La Jornada Semanal   |   20 de mayo de 2007

Columna El mono de alambre

El milagro: XV años

Noé Morales

Habría que ahondar, en abono de la justicia más elemental, las condiciones bajo las cuales el proyecto editorial de David Olguín, Gabriel Pascal, Pablo Moya Rossi y Daniel Giménez Cacho ha alcanzado la edad de merecer, la presentación en sociedad y el fin definitivo de su inocencia original. Ediciones El Milagro no sólo ha tenido que lidiar con la negativa vernácula a la lectura, con la poliédrica oposición de lo masmediático respecto a la letra escrita, sino que ha logrado subsistir como una de las pocas (una de las dos junto a Escenología, si nos asiste el recuento duro) empresas editoriales consagradas a publicar libros con un historial mercadológico mucho menos luminoso que otros dedicados a otros géneros, y cuyo nicho de lectores cautivos está conformado esencialmente por profesionales especializados que no suelen leer los libros que demanda su profesión y su especialidad. Si un proyecto editorial independiente nacido en el México de entresiglos supera la década y media de existencia es ya un motivo para el regocijo, que esté enfocado en la divulgación de los más granado de la escritura escénica nacional e internacional y haya superado el umbral de los quince años hace de todo esto un hecho, si esto cabe, aún más extraordinario.

En medio del regocijo, y en medio de la resaca por los festejos que justa y sabiamente se desprendieron de este décimo quinto aniversario de Ediciones El Milagro, se impone una revisión, aun somera y precipitada, de algunos de los títulos que la editorial, tras superar más de una amenaza considerable de desaparición, ha conseguido publicar como rúbrica de una actitud de vida: en el jolgorio y en el peligro, en salud y enfermedad, hay que publicar. Sea pues.

Memorias: Olga Harmony. Conversaciones con David Olguín, de David Olguín. La decana de la crítica teatral en México, colaboradora emblemática de este periódico además, es protagonista y voz de un relato que reconstruye, desde la subjetividad más legítima, la historia teatral mexicana de los últimos cincuenta años. A los ojos de una testigo privilegiada y memoriosa, se desgranan episodios más o menos connotados que terminan configurando, a un tiempo, una historia pública y privada (y personal y colectiva) de nuestro teatro. Más allá de simpatías o desavenencias con la escritura y la metodología crítica de la maestra Harmony, el libro es una lectura inaplazable para todo aquel interesado en el pasado moderno del teatro en México, y en la prosa derivada del cruce entre el testimonio, la entrevista y la investigación historiográfica.

Doble vista, de Juan Tovar. ¿Quién osa dudar de la lúcida excentricidad de quien, según el desaparecido Ludwik Margules, es uno de los pocos dramaturgos mexicanos cuya escritura se salva definitivamente de la quema? El polígrafo poblano avecindado en Tepoztlán, enarbola un documento multifacético y ambicioso en el que se permite, a un tiempo, poner al día algunos de los postulados de Aristóteles, trazar teorías (en el sentido originario del término) respecto al oficio dramático, remarcar los contornos de su poética particular, evocar con humor lapidario algunos pasajes vividos al lado de personajes legendarios de la escena mexicana, ahondar en las especificidades del guionismo cinematográfico… Este recuento habilitará al lector para suscribir las palabras de Flavio González Mello en la presentación del volumen: estamos ante un libro poliédrico que somete a examen más de una noción fundamental del hecho teatral mediante una prosa lúcida y espléndida.

Hacer teatro hoy, de Luis de Tavira. Pensador imprescindible de las muchas paradojas del oficio escénico, De Tavira solventa con este libro una asignatura pendiente: reunir, al menos parcialmente, su obra ensayística. A lo largo de los ocho escritos que conforman el volumen, el director del Centro Dramático de Michoacán enarbola una postura que intenta reivindicar la profesión teatral ante el avasallamiento de otras que, espurias en sí mismas, la arrinconan e intentan acallarla. En medio de ese desierto reflexivo que es el teatro mexicano, De Tavira cumple una función toral: determinar si estos postulados teóricos, éticos y poéticos, tienen un correlato congruente en la actividad escénica reciente del maestro, corresponde, en todo caso, a cada lector.