FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios sobre el origen de la censura en teatro

Referencia Armando de Maria y Campos, “En México no existe la censura teatral. Origen y aventura de la censura”, en Novedades, 20 julio 1946.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

En México no existe la censura teatral. Origen y aventura de la censura

Armando de Maria y Campos

Durante una reciente comida de gente de teatro a la que asistieron los autores Carlos Ortega y Francisco Benítez, empresarios a la vez del teatro de revistas para el que escriben semanariamente sus sátiras de actualidad y de política, alguien preguntó a Benítez si el gobernador del Distrito, autoridad que vigila la libertad en el teatro, no les molestaba por lo que a propósito de recientes sucesos políticos se ha dicho desde el escenario del Lírico, Benítez respondió que jamás habían sido molestados ni por ésta ni por otra autoridad, y que en su teatro los actores habían gozado siempre de absoluta libertad de expresión. El teatro en México goza, pues, de libertad completa.

El tema de la libertad del teatro es atractivo y rico, y merece ser recordado a propósito de la ausencia de censura que el nuestro goza ahora. Porque en México, como en todas partes, y en particular entre los llamados pueblos libres, se ha sufrido la censura, la estricta censura. Circulan por el mundo ciertas ideas falsas que se han impuesto a las conciencias y de las cuales sólo es posible emanciparse a fuerza de reflexión y estudio. Una de las más generalmente admitidas, es aquélla que proclama que nuestros padres vivieron casi siempre en una especie de esclavitud social y política. Y no es verdad. En lo concerniente a libertades políticas se empieza a descubrir ahora que ellas eran más positivas para los franceses, por ejemplo, bajo el antiguo régimen que después de la revolución del 93. Hasta se ha acuñado la frase de que "el advenimiento de la libertad le costó a Francia perder muchas de las suyas"...

Quiero tratar en esta croniquilla y en otras que irán apareciendo cuando la falta de temas de actualidad o de otros sobre el teatro en México me lo permita sobre la libertad del teatro y su evolución desde, bueno, ¡desde hace muchos siglos! La aún fresca inauguración de la escuela de Arte Teatral justifica la vuelta al pasado.

Inexistente entre los antiguos, la censura apareció poco a poco. Los primeros edictos restrictivos contra los actores, fueron promulgados por ciertos parlamentos, a pedido de partidos religiosos en lucha contra una poderosa oposición que se burlaba de ellos. Más concretamente, en dos periodos netamente delimitados se divide la historia de la censura; el primero que va desde sus orígenes hasta el siglo XVIII, y el segundo, que partiendo de esa fecha llega hasta nuestros días. Ya veremos cómo en México la censura apareció recién nacido el teatro que adaptaron, escribieron y representaron en unión de los indios los evangelizadores franciscanos.

Precisa dar un fabuloso salto atrás. En Grecia, los espectáculos eran verdaderas sátiras políticas y religiosas: basta recordar, para comprobarlo, las imprecaciones de Prometeo contra Zeus. Eurípides se servía del teatro como de una tribuna desde la cual enseñaba al pueblo su amargo pesimismo y su escepticismo con respecto a los dioses.

Más directa todavía era la crítica política. Aristóteles llevaba a la escena para ridiculizarlos, a los más altos personajes de la república ateniense, y sus sátiras no iban dirigidas solamente contra las instituciones sino también contra los hombres. Nadie se irritaba por ello, ni aun siquiera los ridiculizados, quienes con frecuencia se encontraban presentes en el teatro, ocupando sitios de honor.

La primera censura teatral de que tengo noticia, es de Alcibíades, quien hizo publicar en Atenas hacia el año del mundo 3647 –unos 400 antes de Jesucristo– una ordenanza por la cual les prohibía a todos los poetas nombrar personas en sus obras cómicas.

En la época de Aristófanes, cuando el teatro griego había alcanzado brillante florecimiento, el gran satírico hacía sentir su influjo discutiendo por intermedio de los coros los asuntos públicos. Una influencia tal sobre el pensamiento colectivo, no vuelve a encontrarse más en el curso de la historia. El teatro de la Italia primitiva se dirigía al instinto; las atelanas llevaron la audacia del lenguaje y del ademán hasta el último límite. Conviene no olvidar que el teatro, en el viejo y en el nuevo mundo, es una institución de origen religioso. Lo mismo en Grecia que en Anáhuac, los dioses tenían en la escena altares ante los cuales se les hacían sacrificios. Con bailes y pantomimas se busaba apaciguar su enojo.