FICHA TÉCNICA



Notas Entrevista con Hugo Hiriart

Referencia Noé Morales, “Entrevista a Hugo Hiriart (II y última)”, en La Jornada Semanal, 9 octubre 2005.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

La Jornada Semanal   |   9 de octubre de 2005

Columna El mono de alambre

Entrevista a Hugo Hiriart (II y última)

Noé Morales

Asumido plenamente el ejercicio integral de la escena (escribir, diseñar escenografías, dirigir, incluso actuar –"Me hubiera gustado ser actor, de haber tenido facultades"–) como una prolongación de los juegos de la niñez, la de Hiriart es una escritura dramática distinta no sólo en su lejanía con el realismo, abrumadoramente mayoritario en nuestro teatro, sino en su balance entre este ludismo infantil y su tendencia a la reflexión filosófica, a la manera de los clásicos, por temas más bien cotidianos, indagando muchas veces en objetivos al amparo aparente de la nimiedad; como su ensayística, su teatro es el vehículo mediante el que se desentraña todo cuanto se oculta, y propicia en primera instancia, detrás de lo que compone lo que categorizamos como "la normalidad".

–¿A qué atribuye usted el menosprecio o desinterés con el que algunos literatos (narradores, poetas, ensayistas) miran al teatro…?

–No, menosprecio no...

–Mucha gente del gremio teatral así lo siente…

–No creo que haya menosprecio. Ahora, si hay quien menosprecia al teatro, estamos hablando de alguien que no sabe nada, de un ignorante. Dile a cualquiera que piense así que te monte una obra tuya, a ver qué cara pone. De seguro se vuelve loco.

–Pues más bien parece que a muchos no les interesa en lo más mínimo enfrentarse a un texto dramático en su vida, ni siquiera leen teatro.

–Pues es que el teatro hoy en día no le interesa a nadie. Nadie nos hace caso. Aquí lo único que importa es el cine. Los jóvenes sólo quieren hacer cine o animaciones para la televisión. A estos jóvenes no les molesta mediar a través de la pantalla. Yo pude haberme dedicado al cine, pero me gusta mucho más el teatro.

–Aunque haya hecho guión cinematográfico más de una vez.

–Bueno, pero el guión no es nada. Es el trabajo más intelectual de una película, pero a la vez no tiene la menor importancia. La película la termina haciendo el director.

–Sucede lo mismo a veces en el teatro, aunque también se suele dar más importancia al trabajo del autor… Al menos en la marquesina…

–A veces, es cierto. Y sucede más en la marquesina que en el libro. Yo, por ejemplo, no leo teatro.

–¿Por qué?

–Quizás porque mi acercamiento al teatro fue muy brusco. Yo empecé a hacer teatro en la preparatoria, pues tenía una novia actriz. Pero no me gustaba leer teatro, en realidad no me gusta ahora. Me desespera, me aburre, no sé, me choca. En todo caso, prefiero ir a ver teatro... Si tuviera que jerarquizar mi gusto, el orden sería: primero montar, segundo escribir, luego ir al teatro y por último, muy al último, leer teatro. ¿Por qué habría de gustarme?.

–Entonces no hay ninguna influencia dramatúrgica clara en usted...

–Prefiero leer libros de historia, o grandes biografías. De Proust y de Dalí hay un par de biografías maravillosas, por ejemplo... Aunque si lees a Proust, a Tolstoi, quizás a Joyce, te darás cuenta de que fueron (sobre todo Proust) genios en la observación del comportamiento humano. Y eso hace que sean absolutamente teatrales. Toma cualquier pasaje de En busca del tiempo perdido, así como está escrita, y tendrás una escena maravillosa de teatro.

¿Tendrá razón Hugo Hiriart en las analogías que encuentra entre aquellas novelas y la dramaturgia? Me gustaría indagar en ello pero no hay caso; su mirada se ha desviado, inquieta, y se ha posado sobre otro tema. Esta vocación lúdica es la que lo lleva a hablar de la diferencia entre desear un coctel de ostiones o un arroz con huevo, y a ver en el dilema una lección de provecho para quien se inicia en el teatro. Hiriart, como siempre, sigue una ruta propia, atípica, alejada totalmente no sólo de los convencionalismos del medio (con resultados artísticos admirables), sino de discusiones específicas. El teatro le importa pero no; quisiera haber sido conocido en el teatro pero a la vez se aburre mortalmente dentro de él. Y también con la conversación, que nos ha ocupado durante ya casi un par de horas.

–Concediendo que su teatro se ha visto efectivamente alimentado por otras vertientes de su literatura, ¿el flujo se da también en el sentido inverso? ¿Considera que su trabajo en teatro ha enriquecido sus otras facetas como escritor?

–Si los viajes en camión que he hecho a lo largo de mi vida me han enriquecido, supongo que mi trabajo en teatro también. Todo te enriquece... hasta las entrevistas.