FICHA TÉCNICA



Título obra Homo politicus

Dirección Fernando Renjifo

Elenco Alfredo Balanescu, Gloria Godínez, Nadia Lartigue, Rodrigo Martínez, Adrián Pascoe, Paola Picazo

Espacios teatrales Foro La Gruta

Referencia Noé Morales, “Homo politicus”, en La Jornada Semanal, 17 julio 2005.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

La Jornada Semanal   |   17 de julio de 2005

Columna El mono de alambre

Homo politicus

Noé Morales

Como resultado de un laboratorio que a lo largo de tres meses trabajó en el armado de un espectáculo "más performativo que teatral", el español Fernando Renjifo presenta en el Foro La Gruta Homo politicus, desde el cual se intenta una reflexión de los mecanismos del poder y una revisión de algunas nociones políticas y sociales desde una perspectiva generacional y contemporánea.

Sorprende, y agrada en primera instancia, que el elenco esté compuesto no por actores profesionales, sino por histriones que, más allá de la experiencia escénica que algunos pudieran tener (pues cuatro de ellos tienen antecedentes dancísticos), se presentan ante nuestros ojos con la frescura del novato y sin los vicios de quienes han pisado los tablados durante un tiempo considerable. Presenciamos entonces las dudas e intermitencias de quienes no tienen aún pleno dominio de sus impulsos y de sus cuerpos, las vacilaciones de quienes no pueden evitar verse rebasados por el ímpetu. Pero, a la par de tales discontinuidades, nos es dada la oportunidad de contemplar la construcción de identidades escénicas en más de un sentido: la de los intérpretes inexpertos en constante batalla interna y la de personalidades (que no personajes) en definición, esbozados en lo general durante la etapa de trabajo previo pero con la responsabilidad de precisar sus contornos en escena, dentro de los parámetros impuestos por el diseño del director. Sin duda, es en este sentido donde Renjifo ha abrazado para bien ciertas características de lo performático, y ha conducido a su equipo a hallazgos fijos sin perder la espontaneidad, en una puesta cuya función de hoy será, por fuerza y por naturaleza, siempre diferente a la de ayer.

Mucho más social que político, Homo politicus se extiende durante más de noventa minutos, tras los cuales queda una sensación de acumulación y de subrayado que perfila la idea de que la duración del evento pudo ser menor, en tanto se diluye la contundencia y varios otros de sus efectos perseguidos. Sobre la premisa de una narración fragmentada, hilada a través de bloques temáticos, la puesta en escena se detiene en la disección de una mirada que no puede ser sino generacional: anclando por momentos en la indagación de los actores-personas en su propio pasado (la narración de la vida de sus abuelos, muchos de ellos inmigrantes, como idea de exilio y desarraigo, y luego de inserción), en sus orígenes y en su idea de futuro, se presenta un entrecruzamiento entre autobiografía y ficción que se traduce, más que en una toma de postura, en la fijación de sus puntos de vista respecto a las calamidades del mundo actual. Y tal fijación se desprende de un proceso que va de lo particular a lo general; es justo cuando se analiza un comportamiento humano específico (por ejemplo, el cuadro en el que uno de los intérpretes intenta romper la barrera que otros tres forman a punta de cabezazos, cual borrego cimarrón) que desprendemos su perspectiva ante el egoísmo y la estulticia de sus contemporáneos. Como la anterior descripción puede hacer notar, las metáforas de Renjifo no son en modo alguno complejas sino hasta obvias, pero, al menos algunas de ellas –el baile repetitivo de una cumbia, el juego de delimitación de espacios con gises–, alcanzan cierta fuerza dada la ejecución de los actores, aunque esta contundencia se evapore, como ya se ha dicho, por la repetición excesiva de acciones y el armado endeble del espectáculo en general.

En contraparte está el humor, con ciertos toques cáusticos, que se aprovecha de la lozanía de Alfredo Balanescu, Gloria Godínez, Nadia Lartigue, Rodrigo Martínez, Adrián Pascoe y Paola Picazo para volverse efectivo y para adelgazar lo que una serie de contradicciones nos podría provocar: por ejemplo, la exposición gozosa de cuerpos imperfectos, desnudos, asumidos sin temores por sus dueños, lacerada por un recalcado constante del hecho de que Renjifo nos quiere "provocar"; tal como nos "provoca" cuando los actores se preguntan, burlona y constantemente, si nos aburrimos, en cuyo caso se nos permite abandonar la sala… Mucho más una celebración de la diferencia y de la imperfección (voluntaria e involuntaria, artística y personal) que una provocación, mucho más un desmenuzamiento sentimental de cierta porción de la juventud urbana mexicana que un análisis político, Homo politicus sigue allí, para quien quiera verlo y quiera dejarse tocar.