FICHA TÉCNICA



Título obra El caso más difícil

Autoría Angélica Rogel

Dirección Emmanuel Márquez

Elenco Angélica Rogel, Pilar Cerecedo, Leonardo Ortizgris

Espacios teatrales Foro La Gruta

Referencia Noé Morales, “El caso más difícil”, en La Jornada Semanal, 12 septiembre 2004.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

La Jornada Semanal   |   12 de septiembre de 2004

Columna El mono de alambre

El caso más difícil

Noé Morales

"Ahora parece que la moda es hacer teatro para niños triste" reflexiona en voz alta, mientras arrea espectadores bajo el sol tenaz de la una y media de la tarde, un director de escena especializado precisamente en el teatro infantil. Con todo y su sarcasmo de bolsillo, su falsa candidez y su simplismo, el eufemismo vale para hablar sobre cierta corriente específica que se ha encargado de demoler pruritos tradicionales y ha apostado por una renovación temática y estilística del drama para niños. El caso de la canadiense Suzanne Lebeau, con obras que como El Ogrito y Salvador que han resultado éxitos de taquilla y de crítica en nuestro país, es sin duda paradigmático: consciente de que el caudal de estímulos informativos asequibles en esta era de internet, televisión satelital y superjuegos de video ha modificado como nunca antes las capacidades perceptivas de la niñez, la dramaturgia infantil debe abocarse a recuperar los elementos característicos de la fábula clásica y trenzar historias al mismo tiempo sutiles en su poética y crudas y directas en su temática, buscando el equilibrio entre los contenidos educativos tradicionales y el replanteamiento de las formas de estimular la imaginación y la sensibilidad de su público primario. No hay sitio ya para cualquier ficción mínimamente evasiva o complaciente; qué caso hay en hacer del teatro un subterfugio cuando la realidad, con todas sus incongruencias y miserias, nos abofetea a cada instante y se cuela en el imaginario del niño promedio en éste y en cualquier otro país.

Pero en lo que sí yerra Emmanuel Márquez, el director que declara su estupefacción ante lo que más que moda parece ser un rasgo de evolución, es en considerar que El caso más difícil, la obra que él mismo ha montado y que se presenta los fines de semana en La Gruta del Centro Cultural Helénico, se emparienta directamente con esta vertiente del teatro infantil. Es cierto que el tratamiento dado por la dramaturga debutante Angélica Rogel al asunto del divorcio no esquiva el bulto y no deja margen a concesiones; pero el aliento de su escritura, aún incipiente, dista mucho de la entrañable complejidad poética de Lebeau o, por referir un brillante caso en la dramaturgia mexicana, de la profundidad temática de Maribel Carrasco.

En todo caso, es precisamente esta simpleza y esta falta de pretensiones desmedidas lo que hace de la obra un evento disfrutable, sobre todo en lo que respecta a lo que el investigador argentino Jorge Dubatti llama "el convivio teatral". Niños, padres y equipo artístico establecen durante poco más de setenta minutos una dinámica sólida e interesante, en la que los intérpretes retienen la atención y el interés de los infantes ofreciéndoles un mosaico realista acerca de la desintegración familiar y el abandono paterno. El juego de convenciones (con sus dos planos, el fantástico y el real) se subordina básicamente al punto de vista narrativo, el del hijo único que, jugando al investigador privado, descubre casi involuntariamente que la estabilidad de su hogar está rota, y que más pronto que tarde pasará a engrosar las huestes de quienes el inefable Hugo Argüelles no se hartaba de llamar despadrados. Es en buena parte gracias a este diseño estructural que la obra sostiene su amenidad, incorporando recursos cómicos y fársicos (la madre y su masoquismo-fetichismo por los tacones altos, el más efectivo de los gags) que complementan y matizan el retrato del tambaleante universo matrimonial, la neurosis del adulto contemporáneo y los vaivenes emocionales de los hijos, habituales víctimas de un rompimiento que suele rebasar por mucho a los propios padres.

Angélica Rogel, Pilar Cerecedo (a quien se debe gran parte de las ideas plasmadas en el texto) y Leonardo Ortizgris componen el joven elenco de un montaje a tal grado exitoso que ha conseguido que su temporada se dilate más allá de lo presupuestado. Tal éxito se debe no sólo a la ya referida sencillez de su discurso, sino también a la consistencia de su labor interpretativa y, sobre todo, a su inocultable vocación lúdica sobre el escenario. Los tres actores y el director resuelven eficazmente los planteamientos del texto y asumen con humildad una empresa que no busca sino el entretenimiento y la concientización. Aun con un par de episodios descaradamente moralistas, la puesta en escena funciona al no traicionar ni pretender sobrepasar sus límites preestablecidos, actitud que no vendría mal esparcir entre buena parte del gremio teatral.