FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios del crítico sobre el libro Versus Aristóteles, compilado por Luis Mario Moncada y editado por Anónimo Drama

Referencia Noé Morales, “Versus Aristóteles”, en La Jornada Semanal, 11 julio 2004.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

La Jornada Semanal   |   11 de julio de 2004

Columna El mono de alambre

Versus Aristóteles

Noé Morales

De seguro que al retirarse a Calcis para evadir las acusaciones que lo tachaban de tirano e impío, el ilustre ciudadano de Estagira jamás imaginó que la controversia lo seguiría no sólo hasta la tumba, sino que rebasaría todo límite cronológico y se instalaría en pleno siglo XXI, levantando ámpula y enardeciendo ánimos aún más enconados que los de los nacionalistas griegos que forzaron aquel exilio en la tierra materna. Muchos siglos después de la embestida antimacedónica que defenestró al viejo maestro de Alejandro Magno, un grupo de dramaturgos, investigadores, críticos y ensayistas, teatreros todos, han encontrado en el ejercicio de la crítica y la controversia la mejor manera de homenajearlo, y producen Versus Aristóteles, recopilación de ensayos que ve la luz bajo el sello de Anónimo Drama Ediciones, erigiéndose desde ahora en uno de los volúmenes más sustanciosos que esta pequeña y cada vez más importante casa editorial ha publicado hasta la fecha.

Como consigna en el prefacio Luis Mario Moncada, compilador del libro, se pensó originalmente que la reflexión orbitara en torno a algunos de los principales postulados de la Poética; sin embargo, la empresa rebasa felizmente los límites preconcebidos y llega mucho más allá que la mera revisión o replanteamiento de algunos de los puntos clave del citado escrito, tan malinterpretado por muchos, obedecido miopemente por otros tantos, pero aceptado universalmente como piedra angular del estudio del arte occidental.

Como quizás cabía esperarse, hay un predominio de voces tendientes hacia la dramaturgia, proclives a ubicar al texto dramático en el centro de un análisis que de allí ha de ramificarse hasta abarcar el fenómeno teatral en su totalidad. Por ello refresca el contrapunto teórico que aportan Rodolfo Obregón, Jorge Dubatti y José Luis García Barrientos. El primero emprende la reflexión, tal como le ha caracterizado, desde la perspectiva de la escena, considerando demolida la hegemonía del texto dramático en el teatro de la postmodernidad, y proponiendo en cambio la valoración de la puesta en escena como punto de arranque para la construcción y reconstrucción de códigos y significados. El suyo es un exhorto a acercarnos y valorar la polisemia del hecho dramático en su totalidad; radical y controvertido como siempre, a Obregón no se le puede menoscabar, sin importar si se concuerda o no con sus ideas, su erudición y su solidez argumentativa. En tanto, Dubatti, figura señera de la crítica y la investigación teatral bonaerense que no se queda atrás en cuanto a bagaje teórico, ofrece un estudio de algunas de las propuestas dramatúrgicas más representativas del nuevo teatro de la capital argentina, que ha visto nacer experimentos teatrales de sumo interés. Como ha sucedido con los libros que el propio autor ha ofrecido en pequeña escala durante sus visitas más recientes a México, su escrito despierta el interés por corroborar o desmentir directamente la vitalidad de la escena teatral en aquel país sudamericano. Y García Barrientos presenta el que quizá sea el análisis más ambicioso y completo del libro, al abarcar prácticamente todos los componentes del teatro, incluido también el rol del espectador.

En las antípodas se ubican los escritos de dos dramaturgos que han incursionado también en la pedagogía en sus respectivos países. Jaime Chabaud, el mexicano, y Mauricio Kartun, el argentino, en cuyos talleres se ha formado buena parte de los autores que eventualmente habrán de sucederlos, asumen la difícil misión de intentar una apología del dramaturgo en épocas marcadas por un constante denuesto hacia dichos especimenes del gremio teatral. Chabaud, en la que quizás sea la exposición más subjetiva del libro, se sumerge en una disección del rol de la palabra dramática en el teatro contemporáneo, mientras que Kartun apela, retomando el concepto de fábula legado por Aristóteles, a una defensa y revaloración de lo que llama el cuentito, que no es otra cosa que la narración en su sentido más tradicional.

Y en medio quedan las visiones académicas de Laurietz Seda y Armando Partida, y las divagaciones de Luis Enrique Gutiérrez, que no por ortodoxas no merecen dedicarles la mayor atención posible. Así, variado y polifónico, Versus Aristóteles cierra sus páginas dejando tras de sí más de una invitación para la controversia y la discusión, como sucede con todo libro que aspira a trascender la coyuntura y la inmediatez.