FICHA TÉCNICA



Título obra El escribidor de la Colonia Centro

Autoría Luis Ayhllón

Dirección Luis Ahyllón

Elenco Mauricio Moreno, Héctor Illanes

Escenografía Iván Olivares

Iluminación Iván Olivares

Música Carlo Ahyllón

Espacios teatrales Teatro Helénico

Referencia Noé Morales, “El escribidor de la Colonia Centro”, en La Jornada Semanal, 21 marzo 2004.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

La Jornada Semanal   |   21 de marzo de 2004

Columna El mono de alambre

El escribidor de la Colonia Centro

Noé Morales

La de Luis Ayhllón es una de las voces autorales más definidas de su generación. Este aguerrido dramaturgo, que rechaza cualquier vínculo con lo que llama "teatro culto del sistema", se ha ocupado de la vida en las calles de la gran ciudad, recogiendo la estafeta de algunos de sus predecesores mexicanos (González Dávila, Villegas, entre otros) y, con la notoria influencia del realismo norteamericano contemporáneo (con guiños a Mamet, Shepard y al propio Quentin Tarantino), ha dado con un teatro áspero, masculinizado, en el que se retratan contundentemente la violencia y la crudeza urbana. Pero no hay en él un afán de denuncia social o de aleccionamiento moral; desprovisto de cualquier concesión o complacencia, Ayhllón prefiere la disección de las luchas de poder, centrándose en personajes pertenecientes a una casta resentida, marginal pero congruente en sus códigos éticos, irreflexiva sobre su propia agresividad. Su agilidad en el diálogo, su capacidad en el manejo de la tensión dramática y la construcción de la trama se traducen en una pericia narrativa innegable, aun cuando estas mismas virtudes parezcan inhibir, como otros colegas lo han señalado, un desarrollo más profundo de caracteres.

Pero precisamente es en este sentido donde se aprecia un rasgo de evolución en su obra El escribidor de la Colonia Centro, cuya temporada transcurre en el Teatro Helénico. Ahyllón juega con elementos expresivos que evidencian su preocupación por una teatralidad más compleja en términos no sólo estructurales, sino temáticos y de análisis psicológico. Hay aquí una referencia al amor como material discursivo, y un acercamiento directo al tema de la creación artística. Así, puede leerse en la relación entre el Narrador y Rafael Guzmán la disociación de una sola personalidad (conflicto de alter egos cuya persecución mutua los hace complementarse; confusión de identidades entre quienes se suponen relator distanciado y sujeto de estudio), y la premisa autoral que habilita diversas directrices y posibilidades de interpretación, pese a que su tratamiento de la vuelta de tuerca final no sea cien por ciento convincente.

Que la anécdota (un periodista obsesionado con la biografía de un joven escritor incapaz de diferenciar entre la realidad y la ficción) pudiera ser débil y con un desarrollo por momentos inverosímil (extraña que Guzmán, que desde su nacimiento conoce la vida callejera, no pueda despojarse ni en situaciones límite de su candidez natural), no obsta para que el autor y director entremezcle distintos planos de realidad en su narración escénica. La escenografía y la iluminación de Iván Olivares consiguen subrayar y transmitir esa sensación de multiplicidad y anacronismo, presentando un espacio fragmentado y dúctil, que reconstruye la sordidez de la atmósfera con un retoque estilizado que, lejos de traicionar el propósito textual, lo amplifica y le hace cobrar mayor sentido escénico. Algo similar pasa con la música de Carlo Ahyllón, que logra ser sugerente sin saturar ni quedarse en lo decorativo.

En otros aspectos concernientes a la puesta en escena no se percibe, por el contrario, esa amplificación estilizada pero sensata que sí existe en el trabajo de Olivares. Para representar al Rafael Guzmán niño, por ejemplo, Ahyllón se vale de un recurso que desentona frente al resto de sus convenciones: una marioneta manejada no muy hábilmente por Mauricio Moreno, el actor que interpreta al inefable escribidor. Lo mismo sucede cuando, para enfatizar la condición antisocial y enrarecida del protagonista, Guzmán aparece ataviado con una gorguera cervantina, pero también con unos pantalones, zapatos y calcetas totalmente contemporáneos.

Aunque solventes en el código realista que maneja la obra, el elenco entrega una labor desigual, lo que se muestra más claramente en la forma en que Moreno y Héctor Illanes abordan a Rafael Guzmán y al Narrador, respectivamente. Pareciera que ambos se quedan cortos respecto al tono y a la intensidad requerida, lo que los hace desaprovechar la riqueza de carácter que los personajes ofrecen. Pulirse en su trabajo con los actores parece ser la principal asignatura pendiente del Luis Ahyllón director, sobre todo considerando que como dramaturgo ha dado pasos sólidos hacia su madurez, lo que da pie a pensar que su primera gran obra está muy próxima a pedir venia en algún escenario de nuestra república teatral.