FICHA TÉCNICA



Título obra La escala humana

Autoría Javier Dualte, Rafael Spregelburd y Alejandro Tantanian

Dirección Ricardo García Arteaga

Elenco Norma Gris, Richard Viqueyra, Leonardo Ortizgris, Nubia Alonso, Javier Mondragón

Escenografía Jarmila Dostalova

Iluminación Jarmila Dostalova

Vestuario Jarmila Dostalova

Espacios teatrales Foro La Gruta

Referencia Noé Morales, “La escala humana”, en La Jornada Semanal, 7 marzo 2004.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

La Jornada Semanal   |   7 de marzo de 2004

Columna El mono de alambre

La escala humana

Noé Morales

Javier Dualte, Rafael Spregelburd y Alejandro Tantanian, trío de dramaturgos emblemático del mejor teatro argentino de la actualidad, ofrecen con La escala humana una muestra de cómo la farsa puede alcanzar, a un tiempo, su actualización temática y cierto aire de denuncia social con los recursos que le caracterizan desde su nacimiento. Si en sus inicios este género tuvo como blanco a los poderosos, el relato de los escritores australes contemporáneos presenta un hogar edificantemente disfuncional, típico de cualquier barrio periférico de las grandes ciudades latinoamericanas, determinado por las carencias materiales y la nula perspectiva de progreso. Pero en vez de regodearse en el análisis sociológico de la clase media baja tan golpeada por las crisis continentales, aquí se trenza una historia plena de peripecias en la que se parodia a los arquetipos más representativos de ese estrato de la sociedad: la viuda a la que la manutención de los hijos le ha arrancado la juventud y cualquier indicio de alegría por vivir (Norma Gris); el primogénito que se pasa la vida decidiendo cómo afrontar las expectativas que se han cifrado sobre sus hombros sin haberlas fomentado (Richard Viqueyra); el joven astuto e inseguro que estando aún a tiempo para salvarse termina repitiendo las taras de los demás hombres del clan (Leonardo Ortizgris); y la adolescente de curvas emergentes que sueña con encontrar el amor y el éxito apostándolo todo a una banda de rock familiar (Nubia Alonso). Corrosivo y despiadado, con pasajes de muy buena factura humorística, el texto atrapa y convence con su delineamiento compacto de los personajes, con su acumulación excesiva de situaciones, con su manera refrescante de incentivar la reflexión sobre los motivos que han llevado a la amoralidad predominante en los tiempos que corren.

Un asesinato visceral y los esfuerzos torpes por eliminar las evidencias. Una banda de garage con un talento lírico cuestionable e incapaz de encontrar quién ocupe la segunda guitarra. Un amasiato entre la jefa de la casa y un policía de intenciones nebulosas (Javier Mondragón). Más asesinatos, muchos riffs con reminiscencias de Charly García, algunas milanesas, disquisiciones sobre el origen del kiwi y todo cuanto contribuya a exacerbar los vicios de carácter y a evidenciar cuánto anhelan los personajes escapar de ese microinfierno de arrabal, y cuánto se alejan ellos mismos de ese sueño.

Reestrenada en días recientes en el Foro La Gruta, la puesta en escena de Ricardo García Arteaga intenta ver en la escasez de recursos de producción una ventaja antes que una limitación, como persiguiendo crear una antipoética de tres pesos que transmita lo jodido de la atmósfera de ficción sin caer en los lugares comunes del melodrama pueril o del mal teatro de aficionados. Con todo y las lagunas que pudieran percibirse, García Arteaga consigue lo que se propone transmitir. La escenografía de Jarmila Dostalova –a quien también se deben la iluminación y el vestuario–, con sus mamparas de aglomerado como muros y su escasa utilería, evita cualquier estilización o tentativa alegórica, y logra recrear la marginalidad y lo asfixiante del ambiente. No obstante, pareciera que la disposición del espacio, especialmente la ubicación de las dos salidas, favorece un trazo por momentos sucio y titubeante, demasiado dependiente de la delimitación rígida por áreas con la que el director resuelve los requerimientos del texto.

Constituido casi todo por actores recién egresados del Colegio de Teatro de la UNAM, el elenco se sumerge en la ficción sin rehuir un compromiso considerable, entendiendo que el éxito histriónico del montaje depende en gran medida de su capacidad para mantener el ritmo y la tensión. Recargado el estilo de actuación hacia la farsa expresionista, Ortizgris, Mondragón y Alonso dosifican bien su energía, mantienen la construcción corporal de sus personajes y entregan un trabajo consistente y con momentos destacados. Norma Gris, la más experimentada, resuelve su protagónico con suficiencia y gracia, quedando la labor de Viqueyra como la más deslucida. Si bien con mucho que pulir aún, La escala humana es una opción interesante de nuestra cartelera, en una época en la que es tan frecuente la búsqueda de la risa fácil, aquella que termina cayendo casi siempre en los dominios de la condescendencia.