FICHA TÉCNICA



Título obra Emilia Galotti

Autoría Gotthold Ephraim Lessing

Notas de autoría Hans Nadolny / dramaturgista

Dirección Michael Thalheimer

Elenco Regine Zimmerman

Música Shigeru Umebayashi

Notas de Música Bert Wrede / variaciones

Grupos y compañías Deutsches Theater

Eventos XXXI Festival Internacional Cervantino

Referencia Noé Morales, “Teatro Cervantino (II y última)”, en La Jornada Semanal, 30 noviembre 2003.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

La Jornada Semanal   |   30 de noviembre de 2003

Columna El mono de alambre

Teatro Cervantino (II y última)

Noé Morales

El Deutsches Theater de Berlín ofreció un notable trabajo dramaturgístico con su versión de Emilia Galotti, la heroína trágica del polígrafo hamburgués del siglo dieciocho Gotthold Ephraim Lessing. El director Michael Thalheimer y el dramaturgista Hans Nadolny han logrado salir airosos de lo que a priori se presentaba como un reto riesgoso: extrapolar un elemento temático del discurso textual y, partir de ello, elaborar el suyo propio sin contradecir el espíritu del original sino que, por el contrario, potencie ciertas implicaciones que lo conviertan en contemporáneo a los ojos del espectador. Alejada de todo efectismo, la adaptación de Thalheimer y Nadolny prescinde de personajes, actos y hasta de escenografía, y se desmarca de la grandilocuencia tramática y las muchas peripecias del autor de La dramaturgia de Hamburgo para enfocarse en la tragedia de la joven que, tras el asesinato de su prometido y ante la posibilidad de ser acorralada por el poderoso Gonzaga, a quien ella no ama, prefiere la muerte, incluso a manos de su propio padre.

Thalheimer prefiere, como ya se ha dicho, la estilización sobre lo anecdótico. El espacio, casi vacío, se vuelve significativo del conflicto interior de Emilia (Regine Zimmerman): se trata de una pasarela concepto que el trazo escénico refuerza y evidencia por la que desfilan personajes, acciones, pero sobre todo determinaciones que la afectan y de las que sin embargo no se le hace partícipe. Incapaz de trascender su condición para decidir sobre su propio destino, Emilia es apenas una marioneta impotente que deberá aguardar serenamente lo que otros le deparen. Esta sensación combinada de muerte, inminencia e impotencia es reforzada por el diseño musical, variaciones repetitivas de Bert Wrede al tema In the mood for love, de Shigeru Umebayashi, leitmotiv de la película homónima del cineasta oriental Wong Kar-Wai.

No es en síntesis una tentativa abiertamente innovadora. El proyecto cifra su efectividad en un sólido desempeño de los intérpretes, cobijados por un obcecado aparato gestual y vocal; manierismos y arrebatos cercanos al gag que no evaden su filiación irónica. Y, en buena medida, fueron esta sencillez escénica y el poderío actoral del elenco alemán los que hicieron de esta escenificación un punto alto de la programación extranjera del FIC.

En las antípodas en cuanto a ortodoxia se ubica el experimento El diván, coproducción franco-mexicana promovida por la Asociación Francesa de Acción Artística, que a través de su programa Tintas Frescas busca el intercambio artístico entre Francia y Latinoamérica. El concepto del espectáculo, a cargo de Michel Didym, no podría ser más radical: veinte dramaturgos, veinte actores, veinte espectadores, veinte monólogos de cinco minutos de duración que giran alrededor de la relación entre pacientes (los actores) y psicoanalistas (los espectadores). La condición del espectador queda, así, trastocada, y debe ajustarse a una convención escénica que dada su brevedad busca la contundencia.

Los monólogos que el suscrito pudo presenciar (pues cada espectador sólo puede acceder a la mitad) estuvieron marcados por la irregularidad. Del lado brillante se sitúa el del chileno Marco Antonio de la Parra. Como apunta Giuseppe Amara en el prólogo del libro que próximamente presentará Ediciones El Milagro, los secretos del personaje de De la Parra "desdeñan ser sucios, masoquistas, sádicos, homosexuales o simplemente diarreicos". Podría decirse, intentando definir, que se trata de un discurso analmente ontólogico: un hombre comparte la clave privada de su felicidad, que no es nada más que la concepción del culo, más que como fuente de satisfacción, como origen y fin de la vida y explicación del universo. La actuación de Roberto Soto, sobrio y medido, apuntaló perfectamente esta premisa culocentrista.

Mientras Odile Massé propone una escalofriante fábula sobre una mujer que goza cazando y tragando moscas (Mónica Huarte) para hablar sesgadamente sobre el abuso, Enzo Cormann explora las posibilidades de la esquizofrenia en un hombre maduro (Miguel Solórzano) como denuncia social. Ximena Escalante nos pone frente a una adolescente abusada que vomita su rencor (Mariannela Cataño). En fin, que el espacio se agota y resta apuntar que fueron los autores que supieron trascender la ocurrencia situacional y la referencia obvia a la figura del analista quienes proveyeron los momentos más afortunados.