FICHA TÉCNICA



Título obra Cuando el diablo sopla

Notas de Título El diablo andaba en los choclos (título original)

Autoría Carlos Arniches

Elenco Luis Sandrini, Andrés Soler, Carlos López Moctezuma, Tita Merello

Espacios teatrales Teatro Arbeu

Notas Semblanza de Luis Sandrini, actor argentino

Referencia Armando de Maria y Campos, “La presentación en México del primer actor cómico argentino Luis Sandrini”, en Novedades, 21 junio 1946.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

La presentación en México del primer actor cómico argentino Luis Sandrini

Armando de Maria y Campos

Luis Sandrini vio la luz segunda –porque la luz primera para un comediante lo es siempre la de la batería– el mismo año que apareció en escena. "Nací en Buenos Aires –dice– y debuté el mismo año". Fue el de 1905. ¿Cómo se hizo el milagro? "Mi padre tenía una compañía pobre. Cuando había que sacar a escena un niño de pecho, resultaba más barato sacarme a mí que alquilar una muñeca". En los primeros cinco años de su vida fue el niño que sale en todas las obras en cuyos repartos figura un niño. A los seis años fue internado en un colegio, y allí siguió haciendo teatro actuando como protagonista de comedias infantiles. A su tiempo formó un cuadro dramático del cual formaban parte estudiantes y maestros de su escuela y que actuó en teatros locales. La compañía, que trabajó durante diez o doce años –hasta que Sandrini terminó sus estudios normalistas– tenía al propio Sandrini como actor y director, y representó de preferencia el teatro clásico de todos los países. Largo, útil aprendizaje durante el que los muchachos aprendieron a moverse en la escena, discutiendo con los profesores la importancia de las obras, sus autores, psicología de los personajes, maquillaje, adaptaron los clásicos al ambiente actual, y hasta pintaron los decorados. También escribieron piezas originales, y estudiaron a los historiadores del teatro. Toda la gama del arte dramático, todos los secretos del oficio de hacer teatro.

Al llegar a los escenarios porteños profesionales Luis Sandrini tenía una larga preparación, una sólida experiencia. Eligió el género cómico por lo que en él hay de vis cómica, pero durante muchos años –dice él– hizo su género burdo que no le agradaba, vistiendo ropa que no había sido cortada a su medida. Tenía delante el ejemplo vivo de Roberto Casaux, de Florencio Parravicini, grandes actores que habían llegado a encontrar su personalidad haciéndose su propio repertorio. Durante mucho tiempo había representado papeles de vasco o de turco. Buscando un ambiente en que pudiera desenvolverse mejor durante cierta época de su vida actuó de payaso en los circos. Con el secreto de hacer reír al público con "toninadas" volvió al teatro –qué útil le fue al actor la experiencia del circo– para ir formando su repertorio. En esto estaba cuando llegó en el año 1943 una obra a su medida, aunque no para su edad: El diablo andaba en los choclos –es decir, en las milpas– del escritor uruguayo Orlando Aldama. Sandrini encontró su gran papel en el muchacho del campo que de pronto se ve convertido en barman de un balneario de lujo y que es víctima de una joven millonaria caprichosa de la que al final de la obra resultara su prometido. Un gran papel para el temperamento flexible de Sandrini en una pieza de teatro insignificante. Se dice que Sandrini llevó esta pieza a las quinientas representaciones, y que con ella obtuvo el premio del municipio de Buenos Aires a la mejor interpretación del año, causa principal por la que el propio Ayuntamiento premió la obra en vez de castigar a su autor.

Exitos permanentes.– A partir del éxito personal logrado con El diablo andaba en los choclos –que en México se presenta con el título Cuando el diablo sopla–, Sandrini salió a récord de representaciones por año; en 1944 representó 480 noches La mujer del otro de Sydney Howard. En 1945 consiguió un éxito semejante: 506 representaciones consecutivas de Juan Globo, nueva comedia de Aldama.

"Esas brillantes temporadas –dice Sandrini– me hicieron aprender mucho de teatro, pero también de público. En mi opinión, el actor debe estar con el público y con su época. Tal vez por eso no creo en el teatro de vanguardia". 20 años de experiencia de representar a toda clase de autores lo hacen exclamar: "No hay mejor intérprete que el que habla humana y naturalmente". ¿Cómo el Tortuosa de la pieza de Aldama? El Filoteo de El diablo en los choclos, personaje de sainete, que vive un episodio de tragedia grotesca, se pasa los tres actos diciendo chistes de almanaque, haciendo tonidadas "humana y naturalmente". El público ríe y se divierte, porque está viendo a un actor que conoce su oficio, aprendido, según la tradición teatral argentina, desde el picadero, cuna y fuente del teatro porteño. Si Sandrini no surgió de la pista desde la que Juan Moreina saltó al escenario, pasó con provecho por ella. "Me sirvió de gran escuela –reconoce–. Tanto que ahora, cuando estreno una comedia que aburre al público, ya esté yo vestido de romano, de frac o de atorrante, recurro con la mente a los éxitos de Tony, el payaso, y suelo salvar la obra". 600 representaciones en 1943, 480 en 1944, 506 en 1945.

Luis Sandrini es un gran actor cómico que ha sabido hacerse su repertorio, lo que no es poco. En el filo de la insignificante obra de Aldama, no tiene un segundo en que no esté apoderado de la atención del público, sin más ambición que la de hacerlo reír, hasta cuando por la misma fuerza cómica de la escena se siente un nudo en la garganta y humedad en los ojos, pronto desvanecida por la carcajada que también provocan los personajes de las llamadas "tragedias grotescas" de Arniches, aunque la obra nada tenga que ver con el teatro del gran saintero alicantino. Cuando el diablo sopla, pertenece a un género literario que carecía de nombre y de acotamiento hasta que Valle Inclán, genialmente, se lo proporcionó, llamándole "esperpento". La invención de este nombre y de la idea que expresa puede servir como ejemplo excepcional de lo que es entender verdaderamente de "literatura".

Para representar Cuando el diablo sopla, Sandrini no necesitó rodearse de una buena compañía. Le bastó con dos o tres elementos –Andrés Soler, López Moctezuma–. Debutó también la tiple cantante argentina Tita Merello, que luego se advierte no está en papel ni en su sitio. Ella misma lo reconoció al pronunciar una breve alocución al final de la obra. A confesión de parte... Esperamos verla en otra obra, o en su género.

La obra fue presentada en plan de gran espectáculo; el set cinematográfico del segundo acto, muy bien resuelto. También las luces, Sandrini pidió un aplauso para el escenógrafo Magín Banda y para los trabajadores de la Teus; muy justo. El teatro se vio lleno. Antes de la función alguien descubrió entre el público a Cantinflas, y el gran actor tuvo que subir al escenario a "presentar" a Sandrini. Lo hizo como él puede hacerlo, y Sandrini se puso a tono, diciendo que él definía el arte de Cantinflas, como "todo lo contrario a Diderot"... La colonia cinematográfica que llenaba la sala se desconcertó un poco con definición tan ajena a su medio, hecha, sin embargo, por Sandrini con perfecto conocimiento de causa, humana y naturalmente.

Luis Sandrini es un actor que conoce su oficio. Por eso es un gran actor.