FICHA TÉCNICA



Título obra Dirección Gritadero

Autoría Guy Foissy

Dirección Lorena Maza

Elenco Montserrat Ontiveros, Verónica Langer, Emma Dib

Referencia Noé Morales, “Destino Gritadero”, en La Jornada Semanal, 8 junio 2003.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

La Jornada Semanal   |   8 de junio de 2003

Columna El mono de alambre

Destino Gritadero

Noé Morales

A raíz de su inclusión en la antología Teatro Francés Contemporáneo, publicada por Ediciones El Milagro, Dirección Gritadero, de Guy Foissy, ha causado un considerable furor entre las huestes teatrales mexicanas. Siendo un poco más precisos, desde la publicación de dicho volumen, hace alrededor de un año y medio, se han llevado a cabo cinco o seis escenificaciones de todos los calibres existentes (subvencionadas e independientes, en foro y en espacios abiertos, e incluso lecturas escenificadas) del texto del oriundo de Dakar, Senegal. Con ello, quizás, el autor francés pronto podrá añadir otra peculiar estadística a su hoja de vida, en la que sobresale por mucho la que señala que en Tokyo existe un teatro que, no conforme con llevar su nombre, presenta única y exclusivamente montajes de textos de su inspiración.

El que Dirección Gritadero se haya convertido en la opción más socorrida de nuestra escena se vuelve índice de no pocas cosas. Es indiscutible que en su favor obra, más allá de su evidente austeridad de recursos (con apenas una parada de autobuses por toda escenografía), la acidez y precisión con la que dibuja una inquietante fábula de la incomunicación y la monotonía de la sociedad contemporánea, desde una perspectiva femenina a la vez lúcida y emotiva. Pero, por otro lado, el hecho de que en apenas unos meses haya sido llevada a escena en tantas ocasiones también habla, al mismo tiempo, tanto de la miopía de un alarmante porcentaje de nuestros directores de escena, de tan estrecho panorama a la hora de escoger textos para su escenificación, como de la incapacidad del grueso de los dramaturgos mexicanos, que envidiarían no sólo la jovialidad, frescura y universalidad del discurso de Foissy, sino la solidez en el trazo de sus personajes y la multiplicidad de tonos con los que ameniza una obra de limpio y ágil transcurso.

Lorena Maza dirige al que es por mucho el elenco más experimentado de todos cuantos se han aventurado en montar la obra de Foissy, aquí renombrada como Destino Gritadero. Montserrat Ontiveros, Verónica Langer y Emma Dib son las encargadas de encarnar a las tres Señoras protagónicas, bautizadas con los insondables nombres de 1, 2 y 3. A caballo entre el absurdo ontológico y la comedia de caracteres, Foissy presenta un mundo no del todo futurista ni del todo contemporáneo, en el que la represión gubernamental ha llegado al límite de proscribir varias de las libertades individuales, entre ellas la de elevar la voz más allá de cierto nivel de decibeles. Así, se han implementado lugares específicos para el desahogo vocal, los gritaderos, páramo redentor al que los personajes han de llegar previa espera de un autobús que acaba por jamás hacerse presente. Calcado pues el modelo anecdótico clásico del teatro del absurdo que inaugurara Beckett con Esperando a Godot aunque alejado de la genialidad de quien exilió al logocentrismo de la escritura dramática contemporánea, Foissy contrasta deliciosamente a sus tres mujeres (frívola y exteriorizada una, prematuramente avejentada y reprimida otra, a quienes acompaña la hippie de muy cuestionable rebeldía intelectual), pero las unifica en lo timorato y conformista de su postura ante el asfixiante status quo en el que habitan. El transcurso de la obra, desde luego, desnuda sus miserias y revela su verdadera personalidad, en un continuo y edificante intercambio de vejaciones, alianzas que se quiebran y rehacen una y mil veces, para aterrizar en una ineludible conclusión: las tres damas, pese a sus diferencias, son iguales en tanto desoladas e impotentes.

Maza se ajusta a la sencillez de la obra dramática y se sirve del realismo y la contención como claves actorales. Quizás por esto mismo sea que no se perciba un total aprovechamiento de las herramientas que, en la estructura dramática y en el aspecto dialogal, ofrece Foissy. Esto es: se alcanzan mucho mejor los pasajes de registro dramático más intenso que los que se aproximan más claramente a la comedia, lo que accidenta un tanto el tempo general de la puesta. Pero, más allá de esto, se siente una notoria desigualdad en el rendimiento actoral, hecho significativo dado que la efectividad de la obra radica en buena medida en ese rubro. En Montserrat Ontiveros y Verónica Langer se hace más evidente una sobreilustración de parlamentos y una muy endeble transmisión de emociones, lo que recuerda más un trabajo de interpretación televisiva. Emma Dib es más genuina en el abordamiento de su personaje, lo que no alcanza, por desgracia, a rescatar un montaje del que se esperaría menos frialdad en su ejecución.