FICHA TÉCNICA



Notas El crítico informa y comenta algunos nombramientos de funcionarios en el Instituto Nacional de Bellas Artes

Referencia Noé Morales, “Perspectivas teatrales”, en La Jornada Semanal, 22 diciembre 2002.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

La Jornada Semanal   |   22 de diciembre de 2002

Columna El mono de alambre

Perspectivas teatrales

Noé Morales

A la memoria de Rigoberto Campos García

No cabe duda que uno de los acontecimientos políticos más significativos del año a punto de acabar dentro del ámbito teatral acaeció en septiembre: corroborando lo que para muchos era ya un secreto a voces, y sorprendiendo a otros muchos para quienes la medida fue abrupta, el titular del Instituto Nacional de Bellas Artes, Saúl Juárez, tuvo a bien remover del cargo de Coordinador Nacional de Teatro a Otto Minera, al parecer bajo el único y muy críptico argumento de: "Tengo otros planes y necesito la oficina" versión extraoficial que la tradición oral se ha encargado de propagar. Precisa o no esta hipótesis, lo cierto y verdaderamente importante es que la comunidad teatral nunca fue informada de los verdaderos motivos de la destitución, como si se tratara de un asunto de familia o de negocios personales y no del servicio público cultural. La falta de claridad detonó conjeturas de todo tipo: desde las que insertaban el episodio dentro de una serie destinada a eliminar cualquier reminiscencia de Ignacio Toscano, antecesor de Juárez en la titularidad de Bellas Artes, hasta otras un tanto más sólidas, que atribuían el cese de Minera a su intención de dar la estocada final a la Compañía Nacional de Teatro, convirtiéndola definitivamente en un organismo productor. Como quiera que sea, y mientras los involucrados, principalmente Juárez, no se sientan impelidos a esclarecer la situación, todas estas ideas no sobrepasarán el terreno de la especulación. Y a juzgar por el tiempo que ha pasado desde entonces, lo más probable es que allí se queden.

La transición sirvió de paso para incorporar a tres respetables teatreros a las huestes de la burocracia cultural: Enrique Singer sustituyó a Minera en la Coordinación Nacional de Teatro; Carlos Corona hizo lo propio con Marisa Giménez Cacho en la Subdirección de Enlace con los Estados; y se restituyó la figura de Coordinador de la Compañía Nacional de Teatro en la persona del joven y talentoso Mauricio García Lozano. Entendiendo estos primeros meses de gestión como un periodo de reajuste y estructuración de las que eventualmente se constituirán como las directrices principales de esta nueva administración, no se han tenido demasiadas noticias con respecto a las nuevas políticas a ejecutar. Sin embargo, las que se han filtrado hasta el momento de redactar estas líneas no por cautivadoras dejan de ser promesas cuya realización implica mucho más que buenas intenciones.

La más estupefaciente de estas nuevas la dio nada menos que Sari Bermúdez durante el homenaje nacional a Olga Harmony. Con el Palacio de Bellas Artes como marco y más de una centena de testigos, la comunicadora declaró que para el próximo año habrían "muchos millones de pesos en recursos para las artes escénicas" palabras textuales que nos constan a varios. La señora Bermúdez, pues, se comprometió ostensiblemente con esta declaración, y ya circula una considerable cantidad de voluntarios dispuestos a recordársela (la declaración, desde luego) cuantas veces sean necesarias con tal de que esa promesa se cumpla efectivamente. Sobra decir que la asignación de un mayor presupuesto para las artes escénicas es un hecho formidable desde cualquier arista. El punto neurálgico sigue siendo su canalización. Al parecer, ya se han dado algunos pasos en este sentido: la convocatoria del proyecto Puerta de las Américas, nueva versión del malogrado Mercartes, que intentará que las producciones mexicanas se inserten más organizadamente dentro del circuito internacional de festivales artísticos. La tarea de García Lozano, por su parte, supone la reactivación de la Compañía Nacional de Teatro como verdadera compañía con carácter verdaderamente nacional, y no como el membrete apolillado al que se le redujo en los últimos años. Lo que implica la conformación de un elenco estable de actores, una meticulosa selección de proyectos de montaje que cumplan con el espíritu de divulgación que originalmente inspiró a la Compañía, la programación de giras por el interior de la república, etcétera. Se ha sabido, finalmente, que uno de los propósitos de Singer es dar asesoría y seguimiento a compañías y grupos independientes de toda la república, con el objeto de allanarles, aunque sea pírricamente, el camino hacia la profesionalización y autogestión. Políticas que seguramente serán anunciadas en su oportunidad.

Quizás la fábula de esta intrincada historia pueda resumirse así: lo que haría falta es una verdadera democratización en el otorgamiento de becas, apoyos y estímulos a la creación escénica. De nada serviría el cañonazo anunciado por Bermúdez si no se le distribuye con un criterio atinado. Esto conlleva responsabilidades insoslayables: la de los funcionarios como interlocutores transparentes y asequibles, y la del gremio como observadores atentos y críticos. El año que se avecina promete, por lo visto, intensidad.