FICHA TÉCNICA



Notas Notas sobre el programa de Teatros para la Comunidad Teatral

Referencia Noé Morales, “El teatro mexicano ante la estulticia (I)”, en La Jornada Semanal, 4 agosto 2002.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

La Jornada Semanal   |   4 de agosto de 2002

Columna El mono de alambre

El teatro mexicano ante la estulticia (I)

Noé Morales

A Carlos Paul y Jaime Chabaud, con agradecimiento

Las medidas contra la cultura que el poder ha impulsado en los meses recientes no son sino muestras de la profunda repulsión hacia todo ejercicio de la inteligencia que experimentan los cabecillas del gobierno del cambio. El teatro no podía escapar a esta maquiavélica directriz. La nebulosa situación de la red de foros del Instituto Mexicano del Seguro Social es ejemplo de las consecuencias que para las artes escénicas ha traído esta política de exterminio intelectual.

Bien vale hacer una somera recapitulación de los hechos que han desembocado en la crisis presente. En 1996 se lanza la convocatoria Teatros para la Comunidad Teatral, con el objeto de someter a concurso el comodato de algunos de los más importantes recintos propiedad del Seguro Social, subutilizados durante décadas. Además de la concesión artística de dichos foros, el proyecto contempló la adjudicación del fideicomiso Teatro de la Nación para la producción de los espectáculos a programarse durante el periodo de duración de los comodatos. A cambio, los comodatarios se obligaban a dar una cantidad determinada de funciones por año, a mantener cierto promedio de asistentes con boleto pagado y a entregar al fideicomiso el cuatro por ciento más IVA de los ingresos en taquilla. La propuesta sonaba en sumo atractiva, aunque las primeras desavenencias no tardaron en aflorar. Los "ajustes" en las condiciones de los contratos efectuados por los convocantes derivaron en rescisiones, mientras que los usufructuarios se quejaban, con razón, de los ajustados presupuestos y de lo arcaico de las instalaciones, casi todas jamás remozadas en casi cuarenta años de existencia. Lo peor estaba por venir, y se dio en el marco del cambio de régimen presidencial. La convocatoria prevista para lanzarse en 2000 se canceló sin notificación alguna. A ello, y en medio de las primeras noticias sobre el colapso financiero del Seguro Social, siguió un injustificable mutis del IMSS (salvo cuando Santiago Levy declaró que los teatros podrían transformarse en estacionamientos) que duró hasta el año pasado, cuando finalmente la convocatoria se lanzó. Los "ajustes" eran ya descarados eufemismos: el monto de devolución de los ingresos en taquilla pasó del cuatro al veinte por ciento; y, peor aún, se anulaba la posibilidad, otrora permitida, de que los comodatarios subarrendaran los espacios a terceros, volviendo todavía más precaria su economía. La tercera variante, significativa porque ejemplifica hasta qué punto llegaron las concesiones del CONACULTA para salvar el proyecto, era que el respaldo económico no provendría ya del Fideicomiso Teatro de la Nación, sino del FONCA. Así las cosas, los gritos de protesta de los teatreros no son reacciones propias de la paranoia, sino actos de legítima defensa. Las mesas redondas organizadas por la Academia Mexicana de Arte Teatral sirvieron de paso para desmentir algunos de los sambenitos vertidos por dirigentes como Antonio Scheleske, quien afirmó que el dinero de Teatro de la Nación se destinaría a la modernización del equipamiento técnico de los foros, cuando el decreto presidencial que lo originó estipula que el fideicomiso se destinará sólo a la producción de obras teatrales. Las cifras allí proporcionadas por la maestra Giovanna Recchia son, sin embargo, lo realmente trascendente: el CITRU contó 104 espacios potencialmente teatrales, muchos más de los que el IMSS reconoce poseer oficialmente. He aquí uno de los puntos clave por los que la entrega a la sociedad de dicha red debe defenderse sin miramientos. Al tiempo que resarciría, al menos en parte, los conceptos éticos de salud integral para sus beneficiarios alguna vez básicos dentro de las premisas institucionales del IMSS, la reactivación de esos foros puede representar soluciones parciales para un par de problemas capitales del teatro mexicano: por un lado, ampliar el panorama laboral y el ciclo de vida de producciones teatrales valiosas, cuya muerte prematura se debe en gran medida a la saturación en los foros del INBA, UNAM, Centro Cultural Helénico, etcétera; y por el otro, sería un paso decisivo hacia la descentralización cultural y un apoyo concreto para las muchas compañías teatrales de provincia.

Por todo ello, la propuesta de desincorporar estos espacios del IMSS y reasignarlos a una instancia especializada (CNCA, UNAM, INBA), suscrita entre otros por Germán Castillo y Jaime Chabaud, no puede ser calificada de quijotesca.