FICHA TÉCNICA



Título obra Amores en la montaña

Notas de Título Altitud 3,200 (título original)

Autoría Julien Luchaire

Dirección Julián Duprez

Grupos y compañías Grupo Teatro Libre

Espacios teatrales Palacio de Bellas Artes

Referencia Armando de Maria y Campos, “Elementos de cine hacen teatro en el Palacio de Bellas Artes”, en Novedades, 16 abril 1946.




Notas Comentarios del autor sobre el anuncio de la Secretaría de Educación Publica de formar una Escuela de Arte Teatral

Referencia Armando de Maria y Campos, “Elementos de cine hacen teatro en el Palacio de Bellas Artes”, en Novedades, 16 abril 1946.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Elementos del cine hacen teatro en el Palacio de Bellas Artes

Armando de Maria y Campos

Muchachas y muchachos que han figurado en algunas películas de la cinematografía nacional se han agrupado para hacer teatro y acaban de presentarse en el primer coliseo de la república, en escenario del Palacio de Bellas Artes, se dice que bajo los auspicios económicos del gobierno de la ciudad, representando con el título de Amores en la montaña la pieza del autor francés Julien Luchaire, estrenada en París pocos meses antes de que se iniciara la ocupación alemana con su verdadero nombre de Altitud 3,200, sin que el estreno de este "juego escénico" y no tragicomedia como se le anuncia ahora, constituyera el éxito que justificara su adaptación al cine extranjero primero, y su estreno en México después, por el grupo Teatro Libre que ha conjuntado, con el propósito de dirigirlo, un antiguo componente de la compañía que Luis Jouvet trajo a América, el señor Julián Duprez.

La presentación de este grupo de actores jóvenes del cine que aspiran a lograr un ascenso en su carrera haciendo teatro, coincide con el anuncio hecho por la Secretaría de Educación Pública de formar una Escuela de Arte Teatral, proyecto antiguo de hace más de quince años, que encauce las aficiones a representar de la nueva generación, que no sabe cómo llegar al cine o al teatro, si haciendo películas primero, para interpretar teatro después, o si presentándose en un teatro antes y lograr en seguida la atención de los productores y directores cinematográficos y con ello la oportunidad de hacer cine, máxima aspiración, por ahora, de todos cuantos se sienten capaces de representar a lo vivo o en la cinta de celuloide. El Proa Grupo, el TEA Grupo, el Grupo Proscenio, el de Luz Alba, el Nuevo Teatro y éste de Teatro Libre, todos, directores y actores, serán beneficiados con la creación de la Escuela Teatral en proyecto, que ojalá y tenga más suerte en los presupuestos oficiales que la que en los beneméritos tiempos de la revolución todavía constitucionalista fundó el primer jefe Carranza, que dirigió Julio Jiménez Rueda, y de la que –modestísimo acólito– fui profesor de lectura escénica, cátedra que se limitaba a pretender que los actores –alumnos– no hablaran todos igual, como les pasa a los alumnos de Aceves, de Luz Alba, de "Duprez", de Rojas, de Alonso, con lo que dicho está que los primeros que deberán inscribirse en la futura Escuela de Arte Teatral, sin que el sano y necesario consejo signifique falta de comprensión para su esfuerzo y buena voluntad, son los directores de estos grupos experimentales que tanto han animado la vida teatral mexicana estos últimos años, sin excluir a los de origen extranjero, porque si de algo fundamental adolecen nuestros aficionados teatrales, y ello es culpa de sus directores, es de dicción clara y castiza. Excelente animador Seki Sano, experimentado director Fernando Wagner, japonés aquél, de origen alemán éste, tropiezan ambos con la dificultad de acento y del ritmo propio de la lengua castellana, lo mismo que ahora "Duprez", cuya dirección en Amores en la montaña tiene el grave defecto de que todos sus discípulos hablan tan igual entre sí, que si actuaran ante el micrófono no habría manera de distinguir con los ojos del oído un personaje de otro.

Mediocre la alegre pieza de Luchaire, es, sin embargo, ideal para presentar a un grupo de actores jóvenes, de escasa responsabilidad. La obra, como pieza de teatro serio, no tiene por dónde se le defienda; como "juego escénico", pasa. Como juego escénico de un grupo de muchachos todo buena voluntad, bajo la dirección de un director que se está haciendo al par que sus actores, debe estimarse en todo lo que vale y promete esta representación de Amores en la montaña, que merece estímulo, y se le estimula en este comentario semanal, siguiendo el ejemplo marcado por los "columnistas" y revisteros del cine nacional, quienes con motivo de las representaciones que estoy comentando, han tenido tema de sobra para mencionar los nombres de unos y de otras, creando una creciente curiosidad en torno de este espectáculo subvencionado oficialmente, no sólo entre los "mandamás" del cine en casa, sino entre el público, la masa en general, que es, también, otra de las cosas que con estas temporadas de teatro experimental se trata de demostrar, temporadas en las que si interviene el gran escenógrafo Julio Castellanos, adquieren categoría y hasta justifican los tropiezos que directores y actores no logran sortear, y que admite y disculpa un público que ya va ganado de antemano por la buena voluntad de todos.

En plena fiebre de teatro experimental, apenas salimos de una representación del Teatro Libre en la sala de espectáculos del teatro de Bellas Artes, ya tenemos que entrar a ver al Grupo TEA en la sala de conferencias, o aplazar una visita a los ensayos del de Luz Alba en alguno de los salones del mismo hospitalario local.

¡Que "tantas ideas y venidas, tantas vueltas y revueltas" de directores y de aficionados sean de "alguna utilidad" –como diría el clásico– para el futuro del teatro en México! ¡Y del cine, también!