FICHA TÉCNICA



Título obra Copa Improvisadores

Dirección Ricardo Esquerra, Alejandro Calva, Carlos Corona, Juan Carlos Vives

Elenco Leonardo Ortizgris, Dione Rubio, Ix-Chel Muñoz, Claudia Trejo, Omar Medina y Luz Elena Aranda, Mariana Gajá, Amanda Farah, Maricarmen Núñez, Esther Chaparro, Fabián Garza, Ricardo Zárraga, Salvador Jiménez, Karla Constantini, Georgina Escobedo, José Luis Saldaña, Lourdes Meraz, Juan Carlos Medellín, Marisa Saavedra, Luis Lesher, Anis Rangel, Grisel Hernández, Circe Rangel

Grupos y compañías Grupo Bochinche

Espacios teatrales Centro Cultural Helénico

Referencia Noé Morales, “Copa improvisadores”, en La Jornada Semanal, 23 diciembre 2001.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

La Jornada Semanal   |   23 de diciembre de 2001

Columna El mono de alambre

Copa improvisadores

Noé Morales

De la serie de artificios que conforman el método de trabajo de un director de escena, la improvisación ocupa un lugar preponderante, sobre todo como herramienta de aproximación al personaje para los actores. Generalmente, dicha técnica es utilizada dentro del proceso previo a la puesta en escena, pretendiéndose con su uso que la espontaneidad de los actores no se diluya al momento de zambullirse en el universo dramático propuesto por el autor.

Sin embargo, no son pocos los directores cuyo aprovechamiento de la improvisación no se limita al del mero ejercicio lúdico durante los ensayos. Inspirados tal vez por la espontaneidad de la Commedia dell arte (en donde puede situarse el origen de la improvisación como generador per se de objetos teatrales), muchos de ellos deciden operar a la inversa: dan sentido estructural a sus montajes a partir de lo hallado en el transcurso de dichas sesiones de trabajo en equipo. Los resultados, aunque irregulares en su concreción, permiten suponer que el futuro de la improvisación como detonante de montajes será bastante luminoso.

Una prueba de lo anterior es la reactivación de un proyecto largamente archivado, el de la Liga Mexicana de Improvisación, originalmente promovido por Héctor Bonilla, José Escandón y otros teatreros. Ahora lo retoman algunos de los miembros del Grupo Bochinche, agrupación de comediantes que se inscribe dentro de lo más sobresaliente que ha dado nuestro teatro en cuestiones de chunga. Acaso contagiados por la fiebre futbolera que despertaron los avatares del Cruz Azul por tierras sudamericanas, han bautizado su espectáculo Copa Improvisadores, presentado durante los fines de semana del último trimestre del año en el Centro Cultural Helénico.

El formato de dicho torneo se apega al de una competencia deportiva: cuatro equipos de noveles improvisadores se enfrentan en un round robin, después del cual los dos con mayor puntaje acceden a disputar el "Pollo de Oro", el máximo galardón de la competición. La naturaleza de los matches busca la interacción directa con el espectador, quien con su voto decide el otorgamiento de puntos y, en una dinámica que debiera ser más socorrida, puede anular la improvisación de su desagrado mediante el lanzamiento de colchones sobre la humanidad de los participantes. La repartición de justicia recae en el lóbrego (cual debe ser) cuerpo arbitral, facultado para penalizar cualquier lance que contravenga el reglamento preestablecido.

Dada la naturaleza del evento, que hace que cada función sea irrepetible, se impone sobre una reseña de lo presenciado un análisis del rendimiento de los cuatro equipos, con lo que el columnista, ya instalado en Ignacio Matus, cumple aproximadamente sus fantasías juveniles de periodista deportivo.

a) Tlacuaches. El más sólido de los cuatro contendientes. Contando entre sus filas con algunas de las individualidades más destacadas (Leonardo Ortizgris, Dione Rubio), su mérito principal, debido en gran parte al entrenador Ricardo Esquerra, es el de funcionar como un bloque compacto y de rendimiento uniforme, que logra auxiliar al compañero que traba el desarrollo de un ejercicio. Con la salvedad del discreto desempeño de Ix-Chel Muñoz, el cuadro completado por Claudia Trejo, Omar Medina y Luz Elena Aranda, se perfila como el candidato más viable para obtener el título.

b) Los Hermosos Flamencos. Demasiado apegados al perfil ególatra que pretenden manejar (sus porras y cánticos enfatizan su belleza física y espiritual), este equipo dilapida varias de sus cualidades merced a su evidente indisciplina. A pesar de alinear a quien tal vez sea el único crack verdadero del certamen (Mariana Gajá), el conjunto se pierde debido a la falta de cohesión de sus integrantes (Amanda Farah, Maricarmen Núñez, Esther Chaparro; pero sobre todo afectan la labor total Fabián Garza y Ricardo Zárraga), quienes a pesar de poseer un potencial innegable, se notan desaprovechados. Un símil ilustrativo podría ser el de los equipos de Carlos Reinoso: incisivos pero rebeldes y de frágil concentración. La tarea del director técnico Alejandro Calva se presume complicada.

c) Gorilas Ocultos. El caballo negro de la Copa. Sin demasiada alharaca (y con el dudoso honor de tener la porra menos entusiasta del torneo), Salvador Jiménez, Karla Constantini, Georgina Escobedo, pero sobre todo José Luis Saldaña y Lourdes Meraz, se erigen como el equipo que mejor cumple dos de las máximas esenciales de cualquier improvisación: escuchan al otro y hacen avanzar la acción. La mano del coach Carlos Corona se hace notar en la actuación de sus pupilos.

d) La Polilla Mecánica. No podía faltar el campeón sin corona. Con el destino en su contra desde el origen (su nombre y uniforme están inspirados en los del triunfador honorario por excelencia: la selección holandesa), la mala suerte de los entrenados por Juan Carlos Vives se resume en uno de sus cánticos: "No ganamos, pero les damos juego." Juan Carlos Medellín, Marisa Saavedra, Luis Lesher, Anis Rangel, Grisel Hernández y Circe Rangel requieren, además de los servicios de algún brujo, de un ajuste de tuercas que les impida flaquear en los momentos clave, lo que ayudaría a explotar su indudable capacidad individual.

En resumen, un espectáculo refrescante y original, que si soluciona ciertos excesos en verdad mamucos (los infumables himnos y el excesivo protagonismo de los árbitros) puede constituirse eventualmente como un rico vivero que nutra de actores inteligentes y creativos al medio teatral nacional.