FICHA TÉCNICA



Título obra Fiebre de fin de semana

Autoría Noel Coward

Dirección Hugo Macías

Elenco Evita Muñoz (Chachita). Eduardo Alcaraz, Carlos Monden

Espacios teatrales Teatro Arlequín

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Fiebre de fin de semana”, en El Día, 16 julio, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Fiebre de fin de semana

Malkah Rabell

Esta comedia, basada en un original del autor inglés Noel Coward, tiene el gran mérito, y la no menor ventaja, de ser blanca, sin llegar a ñoña; de carecer por completo de chistas de doble significado, siendo no obstante rica en sentido del humor: con una ausencia triunfal de situaciones burdas o morbosas, sin por ello faltarle situaciones cómicas, y hasta puede decirse que son esas situaciones el meollo de su diseño escénico. Hasta el título es inocente: Fiebre de fin de semana, que en su adaptación a México se nos antoja muy parecido a Sábado DF. Lo que nos hace lanzar un hondo suspiro de alivio: por fin un título limpio en una cartelera donde compite el mal gusto y la grosería.

Sin basarse en ninguna trama específica, con un apenas insinuado hilo argumental, las situaciones chuscas abundan. Situaciones de una familia excéntrica donde cada miembro se dedica a vivir como más le plazca sin tomar en consideración al otro, y todos juntos, padre, madre dos hijos de sendos sexos, no hace mucho salidos de la adolescencia, se desentienden del resto de la humanidad, que en esta oportunidad son sus propios invitados para el fin de semana. Situaciones de una familia de gente de teatro, de televisión, de gente histriónica por oficio y por temperamento y hasta por educación, que llevan su histrionismo a tales extremos que hacen la vida en su derredor imposible a los extraños, pero muy risueña al público que no deja de divertirse. Son esas situaciones que fundamentan la obra y el espectáculo de tema inexistente.

Bueno, pues Evita Muñoz "Chachita" —que ya se ganó el derecho de llamarse simplemente "Eva" Muñoz, suprimiendo de ridiculez "Chachita"—, demuestra que el don de la comicidad le es propio como una segunda naturaleza. Y aunque el papel de Julia, una actriz de prestigio dramático —o melodramático—, aún capaz de seducir a un joven inocente, y que piensa volver al escenario que abandonó hace tiempo, no es precisamente apropiado a su físico, logra no obstante llevarlo adelante con bríos y temperamentalidad. A veces con bríos excesivos y excesiva comicidad más cercana a la payasada que a la comedia fina, pero que convence y conquista a su público. El público que amó —y ama— a "Chachita", fuera como fuera la obra en que interviene, y fuera como fuera su papel en la misma.

Del grupo de actores que la acompaña, sólo vale la pena mencionar a dos: Eduardo Alcaraz, que hace de marido sufrido, escritor de telenovelas que no sabe muy bien cuándo se halla en la realidad de la vida cotidiana, y cuando se pierde en las intrínsecas callejas de su fantasía telenovelera. El otro es, Carlos Monden, de cuyo papel, pálido y desabrido, nada se puede decir. Ambos son excelentes, intérpretes que merecen mejores oportunidades en obras y representaciones de mayor categoría. Pero el actor es un actor, y esté donde esté, comedia, drama, tragedia o melodrama, de mejor o peor calidad, su destino y su deber es hacer todo lo que esté a su alcance para destacar en su personaje y dar así mayor brillo, mayor realce al conjunto. Lo que ambos lograron.

De la dirección de Hugo Macías, nada se puede decir de especial. Puede ser que ayudó a los intérpretes en su tarea de conservar el orden en las más desordenadas situaciones.

En cuanto a la adaptación, que coloca la obra en un ambiente mexicano, caso extraño, pese a que lo nuestro es tan distinto de lo inglés, en esta oportunidad la adaptación no molestaba. Puede ser que debido a la insignificancia psicológica de los personajes, a su inverosimilitud. Eran gente de ninguna parte, en un ambiente que tampoco tenía límites geográficos.

Para quien trata divertirse y pasar el rato, puede hacerlo en el teatro Arlequín, sin remordimientos. Y la risa es saludable.