FICHA TÉCNICA



Notas Balance del teatro en la ciudad en México, en 1979, en lo relativo a la dramaturgia nacional.

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Un año heterogéneo de teatro: 1979 la dramaturgia nacional (I)”, en El Día, 17 diciembre, p. 17.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Un año heterogéneo de teatro:
1979 la dramaturgia nacional (I)

Malkah Rabell

Fue un año extraño de teatro. Mucha cantidad. A veces hasta excesiva cantidad. En cuanto a la calidad, sinceramente no se la puede llamar mala. Simplemente no fue un año brillante y la medianía era el común denominador. Pero ¿es acaso posible llegar a la brillantez en el terreno artístico en medio de tanta angustia nacional e internacional? Cuando en el corazón reina el miedo ante una próxima guerra, ante el desempleo y el hambre, no es sensato encontrar la alegría necesaria para crear. De tanto en tanto, entre la multitud de producciones, surgía alguna que otra realización que sobrepasaba la medianía. Y más aún, en este año de muchas tristezas, el teatro en México logró ciertas victorias. Una de ellas, la más importante, es el resurgimiento del interés por una dramaturgia mexicana, que se dejó notar en los más distintos niveles: particulares, estatales y sobre todo universitarios.

Donde más interés se demostró por la dramaturgia nacional y donde más obras de autores mexicanos se ofrecieron, fue en el dominio de la Universidad. Una especial alabanza merece la Universidad Autónoma Metropolitana por todas las actividades que dedicó a este. No siempre pudo presentar realizaciones maduras, y a menudo hasta les faltaba mucho para la madurez. Pero ya es suficiente si podemos subrayar algunas piezas que señalan la aparición de un nuevo autor. Entre las representaciones que tuve la oportunidad de ver, dos me llamaron la atención en especial. El lazarillo adaptación muy personal del clásico español del mismo nombre, debido así como la dirección, a Óscar Liera, transidas de hallazgos y temperamento dramático; y Los ilegales, de Hugo Rascón Banda, drama de los braceros que atraviesan la frontera en busca de pan y a menudo encuentran la muerte o la cárcel. El autor, norteño y abogado, enfrentó ese complejo problema tanto desde el punto de vista humano como jurídico. Fue excelente la puesta en escena de Marta Luna.

La misma Universidad Metropolitana hasta organizó una temporada de teatro "chicano" con grupos invitados que llegaron de allende el Bravo.

En cuanto a la UNAM, en sus numerosos escenarios, pudo ofrecer espectáculos de autores mexicanos ya bien conocidos, como fue el caso de Vicente Leñero, con su Mudanza, que se mantuvo en escena casi un año bajo la dirección de Adam Guevara. Y si tuvo la necesidad de interrumpir su triunfal temporada, no fue de ninguna manera por disminución de interés del público, sino por razones de problemas internos. Autora no menos conocida es Elena Garro, cuyo bellísimo drama: Felipe Ángeles se presentó en diversos foros universitarios durante largos meses bajo la dirección de Hugo Galarza. La Universidad Autónoma contó también con varias realizaciones de Héctor Mendoza, autor y director a la vez de Y con Nausistrata, ¿qué? —cuyo estreno ya tuvo lugar el año pasado— como de Historia de la aviación. Juan José Gurrola estrenó una extraña adaptación de una obra de Juan Ruiz de Alarcón en el Foro Experimental del mismo nombre, y actualmente en el mismo Foro se presenta: Los empeños de un engaño también del mismo clásico mexicano, bajo la dirección de Germán Castillo. Autor nuevo, fue en cambio el actor y poeta Alejandro Aura, quien por primera vez estrenaba una obra dramática: Las visitas, con mucho más sentido de la poesía que del escenario.

Debidas a una empresa privada, pero formada por un grupo del SAI, continuó sus espectáculos a lo largo de todo el 1979, tanto en la capital —en el teatro CREA— como durante una prolongada gira por la provincia, el drama del autor mexicano Felipe Santander: El extensionista, que despertó el interés de un amplio público por los problemas de nuestros campesinos que enfoca con un gran realismo.

Otro grupo del SAI que puso una obra nacional: La llorona, fue el dirigido por Enrique Alonso, autor y director a la vez del espectáculo. Lamentablemente no pudo tener una existencia prolongada en el improvisado teatro en el Palacio de la Artesanía.

En los teatros estatales, el de la Nación y el de la Compañía Nacional, varias fueron las representaciones debidas a plumas nacionales, aunque ninguna de éstas era de reciente promoción. La CNT continuó al principio del año con el montaje de la comedia de Emilio Carballido: El día que se soltaron los leones, que bajo la dirección de Abraham Oceransky, adquirió un delicioso tono infantil, y a mediados del año, bajo la directiva de Rafael López Miarnau, subía a escena el drama de enjuiciamiento político de la Revolución y de sus hombres: El gesticulador de Rodolfo Usigli, que en la sala Jiménez Rueda sigue siendo un gran éxito.

Menos exitosa fue la adaptación al escenario de la corta novela de Juan Rulfo: Pedro Páramo, que realizó Nancy Cárdenas para el Teatro de la Nación. Por fortuna esta compañía estatal volvió por sus fueros con el éxito de la comedia de enredos de Sor Juana Inés de la Cruz: Los empeños de una casa que montó en el teatro Julio Prieto Luis G. Basurto.

Y he aquí el resultado de este resurgimiento de un teatro nacional, que sin dramaturgia nacional no puede existir. De más de una docena de obras mexicanas, tres han sido grandes éxitos: La mudanza, en la Universidad, El extensionista, con un grupo del SAI, y El gesticulador por la Compañía Nacional. Casi podemos asegurar que esas 3 obras y sus representaciones, fueron las que mayor éxito lograron en el transcurso del año. Lo que prueba que cuando una obra nacional gusta, puede muy bien rivalizar con las extranjeras, y triunfar en más de una oportunidad.