FICHA TÉCNICA



Título obra Claudine en la escuela

Notas de autoría Colette / autora de la novela homónima; Nancy Cárdenas / adaptación teatral

Dirección Nancy Cárdenas

Elenco Graciela Nájera, Laura Zapata, Lupita Sandoval, Patricia Reyes Espíndola

Escenografía Jesusa Rodríguez

Música Denis de Kalafe

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Claudine en la escuela”, en El Día, 5 diciembre 1979, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Claudine en la escuela

Malkah Rabell

La novela de Colette: Claudine en la escuela llevada al escenario en forma de comedia musical para la UNAM, se me antoja la versión femenina de Los chicos de la banda. Pero en tanto esta última obra no me molestó en absoluto, la comedia que Nancy Cárdenas ha realizado con el relato de la escritora francesa me molesta sobremanera. ¿Por qué? Ni yo misma me lo explico. Quizá porque la comedia norteamericana presenta el drama del homosexualismo, en tanto el texto de Gabrielle Sidonie ofrece una imagen hedonista de esas jovencitas lesbianas fin de siecle. Tal vez, también, porque Los chicos de la banda fue montada en un foro particular: en cambio Claudine en la escuela se representa en un escenario universitario. ¿Y qué hace este canto al lesbianismo adolescente en nuestra máxima Casa de Estudios? O acaso me molesta tanto el hecho de que no se trata de mujeres adultas conscientes de sus actos, sino de chicas quinceañeras, de las cuales la autora parece asegurar que conocen mejor el alcance de sus actividades que sus hermanas mayores.

Quizá el desagrado también residía en lo antipático de la protagonista, esta Claudine quinceañera, a todas luces autorretrato de la autora, que se muestra tan complaciente con su personaje autobiográfico como un Sacha Guitry femenino. Esta adolescente malcriada, malvada, egoísta, egocéntrica y tiránica, pero eso sí: ¡provista de todos los dones y virtudes artísticas que Dios puede otorgar a un ser humano! es la única de su clase que sabe bailar, cantar, pintar, conoce solfeo, puede ayudar a su maestro de literatura, y es bella, graciosa y encantadora. Esta insistencia en los dones objetivos y en los defectos subjetivos, aplaudiendo estos últimos, la hacen aún más antipática.

Hay tal vez otra razón por la cual soporté con más paciencia y buena voluntad a Los chicos de la banda que a esta Claudine en la escuela. En el reparto de la obra anterior figuraron actores de primera línea. En el presente caso los actores dejan bastante qué desear. Nada más difícil que la especialidad cómica, y sobre todo cuando de una comedia musical se trata. El actor del drama se hace, el actor de la comedia nace. Y cuando es al género musical que el actor ha de enfrentarse, ha de agregar a sus dones de comediante a sus virtudes de ligereza, de gracia natural, de esa efervescencia interior, en fin a ese algo especial que hace al actor de comedia, la capacidad de canto y de baile, y a veces hasta el don del llanto. La única que en este grupo de actores jóvenes poseía la estabilidad de una intérprete formada, es Graciela Nájera, y fue la única que dio a su papel de la directora del internado, madame Sergent, todas las características exigidas por su personaje. Con ella en el escenario se sentía una presencia de peso artístico. De nadie más se puede repetir lo mismo, ni de los hombres, ni de las mujeres. Laura Zapata, que fue excelente en su papel trágico de revelación en Ifigenia en Áulide, no pudo crear el mismo milagro en Claudine. Una especie de pesadez la atraía hacia la tierra, en lugar de alzarla en alas de la comedia musical. En el papel de Anaís, Lupita Sandoval tiene buena voz, canta y promete en el terreno interpretativo, pero aún no cumple. Las demás chicas de la escuela, cantan, pero ninguna es actriz. Patricia Reyes Espíndola no es físicamente apropiada para el personaje de la bella maestra, perseguida por el amor de hombres y mujeres. Tampoco los personajes masculinos ofrecieron nada de especial.

Una comedia musical atrae al público cuando es inocente, tiene música agradable al oído y "pegajosa", y se halla en manos de un excelente reparto. En este caso ninguna de estas tres exigencias se cumplió. Ni siquiera la música de Denise de Kalafe lograba captar el oído aunque a veces resultaba atrayente. Tampoco la dirección de Nancy Cárdenas tenía la calidad de algunas de sus otras puestas en escena. La comedia musical aún no se asentó en el marco de su experiencia. En cuanto a la escenografía de Jesusa, de plano era muy fea; no creaba ambiente ni atmósfera.