FICHA TÉCNICA



Título obra Los bajos fondos

Autoría Máximo Gorki

Dirección Julio Castillo

Elenco Macrofilio Almicar, Angelina Peláez, Ibet Rey, Angelina Cruz

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Los bajos fondos, un magnífico mano a mano: Gorki-Castillo”, en El Día, 18 agosto 1979, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Los bajos fondos, un magnífico mano a mano: Gorki-Castillo

Malkah Rabell

Por lo general soy enemiga de las adaptaciones. Éstas, aunque respeten el texto, no logran siempre hacer lo mismo con el espíritu del autor, con la atmósfera nacional de una obra, y ni siquiera con la idiosincrasia de un lugar determinado. A menudo he visto piezas españolas o latinoamericanas, que adaptadas a México, falsean por completo la idea dramática, sicológica y social del dramaturgo. Y he aquí que, con un escritor de: otro idioma, de un país tan lejano como Rusia, y de una época tan ajena como el principio del siglo, Julio Castillo nuestro más aplaudido y más destacado director de escena, logró una magnífica representación "mexicana". Lo que desde hace años sueña en producir: un espectáculo nacional desde todos los puntos de vista, y que hasta ahora no pudo conseguir con textos de autores locales, ha logrado con una obra rusa: Los bajos fondos de Máximo Gorki. Este drama tan exótico para nosotros que en 1902 fue llevado a escena por Stanislavsky con un inmenso éxito, con su columna vertebral asentada en una historia de amor y venganza pero cuyo centro de gravedad reside en el retrato de los personajes y del ambiente de un albergue de ex-hombres, adquiere en la nueva versión de Julio Castillo unas características más allá del pintoresquismo, con una hondura, un lenguaje, un dolor y un alma mexicanos. La famosa "alma rusa", se transforma sin esfuerzo, o como sin esfuerzo, en un alma mexicana.

Otro de los hallazgos de Julio Castillo fue transportar el ambiente del albergue a un tren, un viejo vagón abandonado, una antigua primera clase o vagón especial de gobernante, en ruinas. Y rasgo heredado de la reciente visita de Kantor con su Clase muerta, el director mexicano le dio una importancia dramática al "excusado" donde se lleva a cabo la escena más romántica de esos Bajos fondos: el diálogo entre Lukas, el "santón", y Ana, la campesina moribunda, al oído de la cual el viejo peregrino vierte las palabras de consuelo más apropiadas para dulcificar los últimos momentos de la enferma. Y al elegir semejante lugar tan poco tradicional para una escena dramática, el director arranca y anula el halo romántico del drama. Pero Julio Castillo no se apropia rasgos ajenos gratuitamente. Lo dice, lo grita, lo declara y en varias escenas apoteósicas irrumpe en el escenario de la música de aquel vals polaco que tanto sugestionaba en el espectáculo de Kantor. Pero hasta lo pedido en préstamo al director polaco, se vuelve bajo la óptica de Julio tan especifico. tan suyo, tan mexicano, que a Kantor sólo podría merecerle el orgullo de haberlo inspirado.

Otro caso raro. Esta compañía de la Universidad Veracruzana nacida en Jalapa con actores locales, parecía bajo la dirección de Julio Castillo formada por intérpretes de primera línea. Todos, o casi, estaban excelentes en sus diversos caracteres. Y hasta el actor huésped, Luis Miranda, no contrastaba excesivamente con el resto del reparto. En el papel de Pepe, el ladrón, creaba un personaje quizá algo distinto de lo que imaginó Gorki, pero tan autentico y real en su versión mexicana que desde su primera aparición en escena se imponía al espectador. Y aunque lo preferí en su interpretación del actor que realizó en la televisión, me encantó el cambio al cual lo obligaba su nueve papel. Pero, de todo el conjunto quien más me llamó la atención fue Marcofilio Amilcar, en el papel de Lucas, el viejo peregrino, un personaje que en todas las representaciones fieles a lo "ruso" se antoja falso, en su adaptación mexicana adquirió una vida y una realidad especial, ajena a todo esfuerzo, como si Amilcar hubiese nacido en la piel misma del personaje. Un personaje de quien Gorki trató de renegar después de la Revolución y a quien muchos actores han representado negativamente, pero a quien Gorki nunca dejó de amar, ya que Lukas es una de las figuras más bellas en la galería de héroes gorkianos. En el campo femenino, Angelina Peláez como la prostituta romanticona y soñadora, que vive en el falso mundo de sus lecturas novelescas, era espléndida. Ibet Rey, como Bárbara, la dueña de ese antro de ex hombres se mostró temperamental y auténtica, con una dicción clara y una presencia apropiada. Y no quiero olvidar la tierna aparición de Angelina Cruz en su corto papel de Ana, la tuberculosa moribunda.

Podría aún hablar y hablar de este espectáculo que en su versión tan mexicana no dejaba de ser atravesado como un soplo gorkiano, por un soplo ruso, pese a las imágenes que Julio Castillo le agregó de personajes típico de nuestro propio mundo en la escala de su mayor pobreza. Podría hablar y citar un sinfín de detalles acerca de la interpretación, de la escenografía, de la música y del montaje. Pero falta tiempo y falta espacio. Basta decir ¡un espectáculo espléndido y sobre todo original, que tal vez sea lo mejor que podemos presenciar actualmente en la capital.