FICHA TÉCNICA



Título obra Los ilegales

Autoría Víctor Hugo Rascón Banda

Dirección Marta Luna

Elenco Néstor Galván

Grupos y compañías Escena Libre de Arte Teatral, egresados de la Escuela de Actuación del INBA

Eventos Segunda temporada de Nueva Dramaturgia Mexicana organizada por la UAM (Universidad Autónoma Metropolitana)

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Con Los ilegales nace un dramaturgo nacional”, en El Día, 11 julio 1979, p. 17.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Con Los ilegales nace un dramaturgo nacional

Malkah Rabell

Drama, y hasta tragedia de los hombres que han de abandonar su tierra en busca de pan y mejoría económica en otras latitudes. Y detrás de este drama se vislumbra el otro. aún más cruel v extenso.el de las crisis económicas, del desempleo, de los cuales las primeras víctimas —en todas partes del mundo— son los extranjeros. los inmigrantes, los que llegaron en busca de trabajo: víctimas del rencor de la población original que ve en el extraño al enemigo dispuesto a quitarle su empleo, y víctimas de las leyes que de inmediato aparecen en semejantes momentos de crisis. Hasta cuando el inmigrante tiene documento se halla en peligro de ser expulsado en tiempos difíciles. E infinitamente más peligrosa se torna su situación si no ha logrado conseguir la visa migratoria, o trabajar sin tener derecho a ello.

En su obra Los ilegales, el joven dramaturgo Rascón Banda, pinta los problemas, la angustia y los peligros a los que se ven enfrentados los indocumentados en el vecino país del norte. El autor pone en boca del "informante'", narrador al estilo brechtiano, las explicaciones de los sucesos, con su panorama didáctico desde el punto de vista político, legal y social. Es el narrador quien explica con datos y cifras, las consecuencias que engendra el "irse de mojado", que "viola una ley que es legal y socialmente sancionada en los Estados Unidos, pero que en México... es simplemente un modo socialmente aceptado de obtener un ingreso que se considera legítimo". Es también el "narrador" que nos proporciona la cifra de 12 millones de indocumentados que se considera se encuentran en el vecino país, explotados por granjeros que consiguen esa mano de obra a precios ínfimos, y muchos de esos patrones. después de usar la mano de obra extranjera entregan a sus trabajadores a la migración para ahorrarse la paga de salarios. Otra de las sanguijuelas de los indocumentados es el "enganchador", el "pollero", que hace pasar la frontera a los "ilegales" por 500 dólares por cabeza, y quien a menudo cuenta con complicidad oficial, como la del jefe de Población de San Luis Río Colorado, Sonora que cobraba a cada jefe de banda de "polleros" 30 mil dólares mensuales, por un tráfico que duró cuatro años.

La obra se divide en dos partes. La primera describe a los futuros ilegales mientras aún se encuentran de este lado de la frontera, en el lado mexicano. En tanto la segunda ya se desarrolla allende el Bravo. Al drama de esos inmigrantes sin documentos el autor le da vivencia a través de tres parejas llegadas de distintas regiones del país, de distinta moralidad y de distintas razones para emprender el exilio. Tanto en la primera parte como en la segunda, los "ilegales" son víctimas de adversas condiciones ambientales. y el autor no deja de criticar las condiciones económicas y políticas en su propio país. Pero en la segunda parte, el ambiente en su derredor se torna no sólo duro sino hostil, peligroso, con un odio que a mentido puede llegar a extremos criminales. Como en el caso de los granjeros que han torturado a unos "espaldas mojadas", o como lo tratan de hacer, y a veces lo logran, algunas sectas fanáticas y sádicas, como el Ku-Klux-Klan.

Desde el punto de vista escénico, la obra es un documental que tal vez trata de abarcar demasiado. Y también a veces recurre a ciertos efectismos melodramáticos, como las escenas de torturas. Pero nada produce tanto impacto en el público como las escobas de violencia. Y casi no se puede reprochar a un joven dramaturgo que haya buscado los aplausos en efectos seguros. Víctor Hugo Rascón Banda como abogado, como hombre de leves, comprende la situación de los indocumentados desde el punto de vista legal, y como norteño conoce los pormenores de la vida de esa multitud humana que "crea un sandwich de desocupados entre la frontera y el resto del país. Y la obra ofrece esa doble situación: el drama de hombres arrancados de su tierra y de sus hogares porque "el hambre no espera"; y el drama de la ilegalidad. Víctor Hugo Rascón Banda tiene otras obras, de mayor hondura dramática y de mayor perfección artística, pero ninguna presenta la documental actualidad de Los ilegales.

Dirigida por la joven y multipremiada directora Marta Luna, la obra adquiere ritmo y dinamismo constante, en medio de una escenografía muy sencilla pero sugestiva, cuyos elementos compuestos en especial por un puente se pueden fácilmente desplazar creando diversos ambientes. Los intérpretes, jóvenes actores del Grupo Escena Libre de Arte Teatral, daban a los episodios del conjunto la necesaria atmósfera dramática. En cuanto a la actuación individual se hace difícil mencionar nombres, ya que casi todos los actores hacían múltiples papeles, y el trabajo colectivo absorbía lo individual. La figura que más se me quedó grabada fue la del "informante" el narrador, con su extraña figura de trabajador norteño: Nestor Galván.

En general. una representación muy interesante y emotiva, tanto como documental, escrito por un autor que ya se impone que como espectáculo realizado con arte y profesionalismo.