FICHA TÉCNICA



Título obra Heredarás el viento

Autoría Jerome Lawrence y Robert Edwin Lee

Dirección Dimitrios Sarras

Elenco Luis Gimeno, Augusto Benedico, Germán Robles, Miguel Córcega, Otto Sirgo, Luz Adriana

Escenografía Antonio López Mancera

Música Juan José Calatayud / piano

Grupos y compañías Compañía Nacional de Teatro

Espacios teatrales Teatro del Bosque

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Heredarás el viento que no hace reír”, en El Día, 6 junio 1979, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Heredarás el viento

Malkah Rabell

Durante muchos meses me resistí a ver la obra de Lawrence y Lee, Heredarás el viento, que presenta la Compañía Nacional en el teatro del Bosque. Tenía la terca idea de que nada nuevo podía ofrecer a estas alturas del siglo XX la defensa del darwinismo, y un drama basado en semejante tema debía ser bastante aburrido. ¡Cuál no fue mi sorpresa, y por cierto muy agradable, de encontrarme con un espectáculo admirable en todos sus niveles: obra, montaje, interpretaciones, producción y escenografía! Uno de los mejores espectáculos que he visto en los últimos años.

Un drama inteligente, hábilmente construido, con diálogos y situaciones de efectos seguros, que nunca decae en su intensidad y conserva el permanente interés del público. El director, Dimitrios Sarras ha sabido manejar con destreza y conocimientos dramáticos sus escenas colectivas; la vida en las calles de un pueblo de Tennesse, Dayton, se desenvuelve con disciplina y dinamismo, y no menor interés presentan los episodios que se desarrollan en el tribunal, con sus jurados, su público asistente, sus jueces y sobre todo las dos partes en pugna: la acusación que se alza contra el "crimen" cometido por un joven. profesor de biología, Gates, quien faltó a la ley del Estado que prohibía enseñar en las aulas "cualquier teoría que negase el origen divino del hombre tal como consta en la biblia" y afirmase "que el hombre deriva de cualquier forma inferior de animales". Y en esas dos partes en pugna intervienen dos monstruos sagrados. Por un lado, como el acusador, Luis Gimeno, un personaje no sólo fanático, sino ególatra, egocéntrico, necesitado de los constantes aplausos y de la admiración de su contorno, y a quien la desaparición de éstos logra matar. Papel antipático, pero al cual Luis Gimeno, supo imprimir tan sonriente y hasta inocente cinismo que el carácter se hacía comprensivo. ¡Una gran interpretación! Y del otro lado la defensa, el defensor, el abogado Drummond, uno de esos papeles nobles que sólo esperan que en su envoltorio brillante se introduzca el alma de un gran actor, para dejar una creación inolvidable. Tal fue el caso de Augusto Benedico en el personaje de Drummond. A una edad cuando muchos actores empiezan a decaer, Augusto Benedico encontró una nueva ruta, una segunda carrera de intérprete: la del actor de carácter. Y en ese papel de hombre inteligente, cansado, escéptico y a la vez lleno de fe en las posibilidades de la mente humana, se mostró espléndido, natural, espontáneo, humano e histriónico a la vez como lo es todo gran abogado ante el tribunal, el hombre que vive su personaje y el actor que crea su papel. Benedico que ha sido un abogado en su juventud, volvió a revivir el papel de sus años mozos. Y quizá su creación de Drummond ha sido su mejor interpretación en su larga y rutilante carrera.

Mas, esas dos figuras centrales no están solas en el escenario como sucede a menudo en puestas menos cuidadosas. En Heredarás el viento, están rodeados de un magnífico con junto Grandes actores, primeras figuras se presentan en papeles episódicos y se entregan a sus personajes con todo amor interpretativo. En cada uno de esos papeles crean un carácter: el sacerdote fanático, seco, duro, que da preferencia al infierno y no al paraíso, al castigo y no al consuelo, Germán Robles; el periodista un dinamismo algo cínico y algo hollywoodense. Jorge del Campo; Miguel Córcega en una figura apenas visible, un empleado de la cárcel, y que sólo se destaca por la personalidad del intérprete; el mismo Otto Sirgo, como el joven acusado, tiene más bien pocos parlamentos; y Luz Adriana, una joven actriz, es conmovedora en el único papel femenino importante, el de Raquel, la novia de Gates, el acusado. Y en torno de ellos, los 31 personajes de la obra, cada uno en breves apariciones, pero realizadas con respeto y limpidez por actores que conocen su oficio. Para cada uno Dimitrios Sarras desplegó su temperamento de maestro de intérpretes.Mas, en esta puesta en escena de Heredarás el viento, fue sobre todo y ante todo un gran director de escena, que supo crear la atmósfera de un pueblo fanático, en medio de una escenografía funcional de Antonio López Mancera, una dirección que abarcaba con maestría todos los elementos escénicos y les daba perfección.