FICHA TÉCNICA



Título obra El juglarón

Autoría León Felipe

Dirección Fernando Rubio

Elenco Ignacio Illescas

Espacios teatrales Auditorio 1ero. de Mayo de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El juglarón en la Secretaría de Trabajo”, en El Día, 14 febrero 1979, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El juglarón en la Secretaría del Trabajo

Malkah Rabell

Quién imagina un espectáculo organizado por el CONACURT para trabajadores y empleados de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, sin valores artísticos algunos, ingenuo y fácil, se equivoca, y gravemente. La representación que vimos el 12 del presente de la obra del genial poeta español, León Felipe: El juglarón, dirigida por Fernando Rubio, fue preciosa, alegre, agradable y bien montada, con actores jóvenes, aún desconocidos, pero profesionales, de una gran frescura y espontaneidad todos, pero entre quienes se destacaba sobre todo Ignacio Illescas en la interpretación del protagonista: el juglar. El juglarón, breve obrita donde León Felipe dramatiza, y hasta "poetiza" tres relatos de la literatura universal, tal como fue presentada en el escenario del auditorio Primero de Mayo, puede satisfacer al público más exigente. Y los espectadores de la noche de estreno, que llenaban la sala y hasta los pasillos ya de pie ya sentados en el suelo, recibieron la representación con un entusiasmo y con tan sinceros aplausos que emocionaban.

Un juglarón, o simplemente un juglar, es el que "por dinero recitaba, cantaba, bailaba o hacía juegos y truhanerías; él que recreaba a los reyes y cortesanos recitando o cantando poesías de los trovadores", tal nos lo explica cualquier diccionario. Pero León Felipe a su juglar moderno le da un sentido más de prestidigitador, que en nuestras imaginaciones y ante nuestros ojos hace nacer un mundo de fantasía, ya divertido, ya grave; ya satírico, ya romántico; el que dramatiza en el escenario de nuestros sentimientos las obras de los "trovadores" modernos. Y así su Barca de Oro da vida escénica a un cuento de cuatro cuartillas, El stradivarius, de Vicente Riva Palacios, y su Tristán e Isolda deriva de un muy hermoso cuerpo (cuyo título no recuerdo), de O' Henry, de su colección Cuentos de Nueva York. Humorístico el de Vicente Riva Palacios, y muy romántico y lacrimógeno el de O' Henry. Pero la obrita más divertida fue: La mordida de un sabor netamente voltairiano, que presentaba a un joven muy simple, muy Cándido; y algo homólogo de éste se llamaba Simplicio. Pues, Simplicio, detenido ante la puerta del rey primero por el Portero número uno y luego por el portero número dos, se ve obligado a prometer a cada uno de ellos la mitad de la recompensa que con toda seguridad le ofrecerá el monarca por el ganso que le trae de regalo. Y nuestro Simplicio, opuesto a Cándido, pide como recompensa 100 latigazos, pero no los sufre; los reciben el primero y el segundo portero.Y nuestro héroe es nombrado consejero del rey... Y nos explica el autor, que la "mordida" aunque conocida en México como producto nacional no deja de ser tan vieja, tan antigua como la historia humana.

Sin pretensiones, sin exigencias y sin publicidad, he aquí como el personal de una Secretaría a través de su "Programa Interno de Bienestar Familiar" puede de esta manera asistir gratuitamente a un teatro de excelente calidad, que a menudo ignoran los espectáculos llamados profesionales o mejor dicho "comerciales" preocupados por la taquilla. Precisamente por su calidad, nos da pena que este arte escénico no llegue a más amplio auditorio._