FICHA TÉCNICA



Notas Entrevista a Tomás Ceballos, director de teatro y maestro de materias escénicas en el Centro de Educación Artística (CEDART)

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Tomás Ceballos y el teatro en Mérida”, en El Día, 17 septiembre, p. 21.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Tomás Ceballos y el teatro en Mérida

Malkah Rabell

Se trata de un director muy joven, que no pertenece a la provincia sino a a la capital, producto del Centro Universitario de Teatro. Tomás Ceballos —quien para su primera puesta en escena, hace tres años, se enfrentó con métodos audaces, al dramaturgo isabelino más difícil, Shakespeare, y a su obra más completa: Hamlet— fue invitado a Mérida para dar clases de materias escénicas en el CEDART, sigla de Centro de Educación Artística en el Bachillerato del INBA. Mas dejemos que él mismo nos cuente sus vivencias en la hermosa ciudad yucateca.

—Yo, en Mérida, estoy encargado durante la mitad de mi tiempo de maestro, de todo lo que el teatro dramático atañe. Pero la otra parte de mi tiempo la dedico a preparar con los muchachos un espectáculo. Ya hice con ellos Gatomaquia, y voy a preparar con ellos un melodrama de Usigli: Agua estancada. Creo que un melodrama puede ser muy bonito, haciéndolo conscientemente.

¿Los alumnos del CEDART se preparan para alguna especialidad?

—Sí; si estudian un año opcional, es decir cuatro años, se pueden dedicar a instructores de arte integral a nivel de primaria. Si sólo estudian los tres años de preparatoria pueden continuar sus estudios en la "Escuela de Actividades del INBA" en el Distrito Federal. Los Centros de Educación Artística existen también en otras ciudades. De un total de doce, nueve se encuentran en las ciudades de provincia como Monterrey, Guadalajara, Mérida, Morelia, Chihuahua, Hermosillo, Querétaro, Oaxaca y Colima. Los tres centros restantes se encuentran en la capital.

¿Y no sería posible que los estudiantes del CEDART continuaran sus estudios de actuación en la misma ciudad donde se iniciaron? Serviría de descentralización.

—No se puede hacer una escuela de actuación en cada provincia porque resultaría demasiado caro, y no hay gente preparada para dar clases. Yo estoy en Mérida desde el presente año. Antes estuve en el DF como director de una de estas escuelas del CEDART, el CEDART Campestre, que se encuentra en Churubusco. La dejé y preferí Mérida porque allá además de dar clases puedo hacer teatro, con muy buen elemento humano. Los alumnos son muy serios y trabajadores. He encontrado allá gente muy capaz que llegará a desarrollarse maravillosamente. La mayoría de mis muchachos tienen de 15 a 17 años. También tengo mayores con los cuales puedo trabajar. Lo que pensamos hacer es unir los más valiosos de mis discípulos con las personas que trabajan en el Teatro del Estado, que existe en Mérida, formado por un grupo de actores profesionales o semiprofesionales, porque no pueden vivir de su profesión teatral y han de buscar otra cosa. Por ejemplo, La Gatomaquia la hice con mis alumnos del CEDART, pero el melodrama de Usigli pienso montarla con ambos grupos.

¿Y hay público para el teatro en Mérida?

—Realmente, hay público para las cosas que vienen de México, como Papacito piernas largas. Yo pienso que una de nuestras facultades para atraer público, es la falta de salas convenientes. Hay en Mérida un teatro de principios de siglo, precioso, pero se halla en ruinas. Este teatro era de la iniciativa privada. Hace poco lo cedieron a Bellas Artes, tal vez debido a lo caro que saldría la reconstrucción. La compañía estatal tiene un edificio que le ofrece al FONAPAS. En cuanto al grupo de CEDART, actúa en un teatrito de la Universidad que es de risa, porque no tiene acústica, y como en Mérida hace tanto calor es menester poner la ventilación, lo que hace que se oiga aún menos. Probablemente al unirnos, podremos actuar en la Sala de FONAPAS. La Compañía del Estado ya tiene cierto público, en tanto que a nosotros nos van a ver los universitarios y "los tíos de los muchachos" como suele llamarse a los familiares de los improvisados actores. Nuestra labor debe tener como una de sus finalidades atraer a un público que prefiere los Papacito piernas largas. Por ello pensé en la conveniencia de montar un melodrama de Usigli.

¿Y cómo se inició usted en la disciplina teatral?

—Bueno, yo empecé cuando estaba en la preparatoria de Coapa, bajo la dirección de Héctor Azar. Y después de los dos años de bachillerato me quedó el gusanillo del teatro. Y decidí que era lo que realmente deseaba hacer. Y me metí a estudiar en el CUT, que por aquella época no contaba aún con la carrera de dirección, aunque era muy buena escuela. Así que yo estudié para actor. Mas, lo que pasó es que también estudiaba en la UNAM la carrera de economista, pero como en cada Facultad debía haber un grupo teatral, y no teníamos director, mis compañeros del grupo decidieron que esta tarea me correspondía. Y como eran tantas las ganas de hacer teatro, bueno, pues acepté la responsabilidad, y desde entonces me dedico a la dirección. La primera obra que puse fue Volpone, por lo cual la Asociación de críticos me postuló para el premio del mejor grupo experimental del año. Pero se quedó en la buena voluntad. Lo mismo pasó con Hamlet. Hablaron de darme un premio pero nunca me le dieron.

¿Ya vendrá…?

—Lo malo es que desde Hamlet no hice nada, per la simple razón de que no me dieron teatro... en tanto que en Mérida sí lo puedo hacer.

¿Y qué trata usted de expresar en sus puestas en escena, que finalidad persigue?

—Bueno, en cada obra trato de expresar otra cosa. Por ejemplo, en Hamlet me ha interesado la vigencia de Shakespeare, y traté de hacerlo atemporal. También traté de expresar la lucha de dos generaciones, y sobre todo traté de quitarle la solemnidad que tantos directores imponen al dramaturgo isabelino. A mí el Shakespeare que más me impresionó fue el de Peter Brook. Vi su Sueño de una noche de verano cuando estuve estudiando en París...

Un momento, un momento, eso no me lo dijo usted antes. ¿Cuándo y qué estudió usted en París?

—Pues yo hice en París una especialización de técnica corporal en la escuela de Jacques Lecoq, es un señor considerado muy importante, porque es el único que hace pantomima modernista. Es un trabajo que se hace con máscaras, empezando con la máscara neutra hasta la utilización de la máscara y del movimiento del coro griego. Me quedé dos años en París, tiempo que duró el curso, al cual me mandaron con una beca del Ministerio de Asuntos Extranjeros, de 1971 a 1973. Es muy probable que me den otra beca para el Centro Georges Pompidou, para hacer una investigación sobre el desarrollo de la enseñanza de arte entre niños. La verdad es que ya me la dieron. .. y me va a ser muy útil para mi labor pedagógica.

Uff, a usted hay que sacarle las cosas con sacacorchos. ¿No tendrá usted otra sorpresa en el bolsillo?

—Pues también estudié en los Estados Unidos, donde tomé un curso de teatro de un año... ¡ah! y ahora que recuerdo también tuve un premio internacional de danza folklórica mexicana que me dieron en Italia... Estando en París organicé un grupo de danza nuestra con los estudiantes mexicanos y nos fuimos a Italia, donde nos premiaron.

Decididamente, nadie es profeta en su tierra.